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	<title>Maestra de vocación &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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	<title>Maestra de vocación &#8211; El Comodorense</title>
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		<title>Viaja 10 horas a caballo para llegar a la escuela por falta de un camino</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2021 00:11:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Maestra de vocación]]></category>
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<h5> <br><strong>Su experiencia como maestra comenzó hace 18 años. “Trabajaba de empleada doméstica, tenía dos hijos y decidí estudiar, tratar de superarme» contó Amalia. </strong></h5>



<p><strong>Amalia Agüero</strong>&nbsp;comenzó a estudiar para ser maestra de grado cuando ya tenía más de 30 años. Desde que se recibió, no paró. Ejerció en más de 24 establecimientos escolares de Catamarca, hasta que hace 6 años llegó a la&nbsp;<strong>Escuela 476</strong>&nbsp;ubicada en la comunidad indígena de&nbsp;<strong>El Tolar</strong>, donde es directora, madre, intendenta, enfermera, cocinera, ordenanza y gestora de la campaña&nbsp;<strong>“Un Camino para El Tolar</strong>”.</p>



<p>A sus 56 años, contó que éste será el último que ejercerá la docencia porque está pronta a jubilarse y por lo tanto <strong>el último Día del Maestro que festejará.</strong> «Decidí ser maestra porque era una carrera en la que los niños eran la materia prima, gracias a Dios que no me equivoqué, es la mejor decisión que tomé en mi vida, junto a la de ser mamá”, cuenta a <strong>Catamarca/12.</strong></p>



<p>Su experiencia como maestra comenzó hace 18 años. “Trabajaba de empleada doméstica, tenía dos hijos y decidí estudiar, tratar de superarme porque ya tenía alguien que venía detrás de mí.&nbsp;<strong>Para ese entonces mí esposo se había ido a Buenos Aires y nunca más volvió”.</strong></p>



<p>Cuenta que trabajó en 24 escuelas, casi todas en zona inhóspita. “En Catamarca tenemos escuelas de periodo común, donde se trabaja de marzo a diciembre y las escuelas de periodo especial de agosto a junio, así que cuando me quedaba sin trabajo pasaba al otro periodo. De los 18 años que hace que trabajo, hace cuatro años que estoy efectiva en esta escuela y&nbsp;<strong>recién entonces supe lo que eran las vacaciones</strong>”.</p>



<p>Amalia explica que cuando tomó el cargo en&nbsp;<strong>El Tolar</strong>, lo hizo porque hacía 7 días que había quedado sin trabajo. “<strong>No tenía idea adónde era, sólo sabía que nadie quería ir por lo difícil del viaje”,&nbsp;</strong>explica y agrega: “A mis 53 años primera vez me subía a un burro. Recuerdo que viajamos como una hora y el animal me tiró. Estuve unos veinte minutos para recuperarme del golpe y del susto. Gracias a Dios, tomé la decisión de levantarme subir y seguir, porque era eso o quedarme sin trabajo”.</p>



<p><strong>El Tolar está ubicado a 3.200 metros sobre el nivel del mar y a casi 450 kilómetros de la capital catamarqueña.</strong>&nbsp;Pertenece a la comuna belicha de&nbsp;<strong>Puerta de Corral Quemado</strong>. Ahí vive una comunidad indígena de aproximadamente 90 personas de las cuales 27 son niños que asisten a la&nbsp;<strong>Escuela 476</strong>, fundada hace 87 años.</p>



<p>El paraje más cercano se denomina&nbsp;<strong>El Trapiche&nbsp;</strong>y está ubicado a 20 kilómetros, pero para poder acceder desde un pueblo al otro, es necesario hacerlo a pie o a lomo de burro o de caballo, porque no hay caminos.</p>



<p>Aunque explica que por el miedo que sintió rezó todo el camino (entre 9 y 10 horas), asegura que “arriba (en el pueblo)&nbsp;<strong>conocí unos niños maravillosos, una comunidad carente de todo lo básico, y me puse al servicio de ellos</strong>”.</p>



<p>En el pueblo, además de no tener un camino de ingreso, «falta de todo». El agua deben descongelarla del río para poder beberla, no llega el gas y por eso se cocina a leña, y la energía es por paneles, que hace poco sirvieron para que les habilitaran un calefón y que los chicos pudieran bañarse con agua caliente en el invierno.<strong>&nbsp;“Tomamos agua directamente del río y pasan varios días que no tenemos porque se congela, como podemos la juntamos en un tanque para que no nos falte”,&nbsp;</strong>cuenta.</p>



<p>La gestión más importante que hizo Amalia por los 27 alumnos y toda la comunidad es la campaña a la que denominó&nbsp;<strong>“Un camino para El Tolar”.</strong>&nbsp;Su pedido inició en el año 2017, y la respuesta les llegó finalmente este año, con la visita del gobernador Raúl Jalil en marzo, quien decidió abrir el inicio de clases en esa Escuela y darles la noticia de que pronto no habría que viajar más a lomo de burro para poder llegar.</p>



<p>“Empecé a pedir el camino en 2017 con una carta que escribí para el presidente Mauricio Macri. Sé que se hizo un expediente y continué pidiendo por la página que sirvió para que ayude mucha gente, como cuando desde&nbsp;<strong>Rosario de Santa Fe</strong>&nbsp;se comunicaron y nos dieron los paneles solares”, relata Amalia.</p>



<p>“<strong>Veo a la docencia como una necesidad de servir</strong>. Estar atenta a las necesidades de los niños, querer que se superen, que se profesionalicen y vuelvan a su lugar, porque estoy segura que no habría mejores maestros que ellos para su comunidad”, explica la directora.</p>



<p>En la escuela además de Amalia trabajan dos maestros de grado, tres maestras especiales y una docente de nivel inicial:<strong>&nbsp;Cristina Cardozo, Cecilia Rodríguez, Gustavo Ibáñez, Irana Requelme y Desiderio Ríos&nbsp;</strong>quien realiza servicios generales.</p>



<p>“Trabajamos tres semanas incluido sábados y feriados, y bajamos una que coincide con la semana de cobro. Para llegar, <strong>ella debe hacer 24 horas de viaje</strong>, ya que su casa está en la capital provincial. Entre la ida y la vuelta hasta su lugar de trabajo, gasta <strong>14 mil pesos</strong>, que corresponden a los pasajes de colectivos y al alquiler de los burros y caballos que deben ser más de uno porque en sus lomos cargan los alimentos para el comedor.</p>



<p>Amalia relata que para poder ser maestra en ese lugar, debió dejar a sus hijos solos durante mucho tiempo. “<strong>El desarraigo no es sólo para la mamá que es maestra y se va, también sufren mucho los hijos</strong>, en 18 años mi hijo nunca dejó de ir a despedirme y a esperarme cuando regreso”.</p>



<p>La docente cuenta que tiene 2 hijos varones. “El mayor está a punto de recibirse de ingeniero, trabaja y estudia en&nbsp;<strong>Buenos Aires&nbsp;</strong>y el otro está terminando la secundaria. El más grande tiene 28 y el más chico 24,&nbsp;<strong>los dejé para salir a trabajar cuando tenían 12 y 8 años,&nbsp;</strong>quedaron casi viviendo solos porque yo los dejaba los domingos y volvía los viernes a la noche”.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="957" height="613" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/09/192800-amalia2_0.jpg" alt="" class="wp-image-379061" srcset="https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/09/192800-amalia2_0.jpg 957w, https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/09/192800-amalia2_0-768x492.jpg 768w" sizes="(max-width: 957px) 100vw, 957px" /></figure>



<p>Recuerda que en una de esas veces que se ausentaba para poder trabajar,&nbsp;<strong>“un día me quedé aislada por la crecida de un río y no pude volver por veinte días</strong>&nbsp;y ellos pasaron hambre. Pero eso fue lo que los marcó, salieron a pedir mercadería fiada en el negocio del barrio y aprendieron ellos a cocinar y salir adelante, porque antes yo les cocinaba para toda la semana y les dejaba frizado”.</p>



<p>A meses de jubilarse, Amalia reconoce que “A caballo antes hacía en nueve horas para llegar a la escuela, pero ahora me demoro mucho más. Mi mente quiere muchas cosas pero ya el cuerpo marca los límites, me canso mucho más”, dice y lamenta que el camino vaya a llegar cuando ella ya no pueda usarlo. Sin embargo, resalta: “<strong>Si tuviera que elegir una y mil veces volvería a elegir mi profesión y mi bella Escuela N° 474 de El Tolar”.&nbsp;</strong></p>
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		<title>Camina 16 horas para ir a dar clases en los cerros: “Acá no existe el Zoom»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 May 2021 19:48:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Maestra de vocación]]></category>
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					<description><![CDATA[En este paraje la educación virtual no es una opción porque los chicos no tienen luz ni Internet en sus casas. La vocación no sabe de sacrificio. El ayudar no entiende de excusas. Y el enseñar sabe por sobre todas las cosas de entrega. Con estas premisas vive&#160;María Eugenia, una maestra que da clases en la...]]></description>
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<h5> <strong>En este paraje la educación virtual no es una opción porque los chicos no tienen luz ni Internet en sus casas. </strong></h5>



<p>La vocación no sabe de sacrificio. El ayudar no entiende de excusas. Y el enseñar sabe por sobre todas las cosas de entrega. Con estas premisas vive<strong>&nbsp;María Eugenia</strong>, una maestra que da clases en la escuela Fray Bartolomé de las Casas en el paraje “Sala Esculla” de&nbsp;<strong>Salta</strong>.</p>



<p>Hace más de 20 años que es docente. Y este es el primer colegio “rancho” en el que trabajó apenas se recibió. Cuando llegó no había agua ni luz, y los alumnos eran pocos. A pesar de las contingencias, supo darle a esos chicos educación y, por sobre todo, amor. Hasta que un día, como ella era suplente, fue reemplazada por otra maestra y la enviaron a Salta capital.</p>



<p> Trabajó en escuelas privadas y públicas, pero su <strong>corazón quedó eclipsado por el paisaje y pidió volver</strong>. Así, entre cerros, montañas y precipicios le da clase a 11 alumnos de entre cuatro y 11 años. Ellos son sus “hijos del viento” que viven en la escuela a la que no es fácil llegar. </p>



<p>En 2019 llegó con el cargo de directora y se reparte entre la sede y el anexo de la institución. Para ir de un lugar a otro <strong>camina cinco horas</strong>, pero esto no es impedimento para esta mujer que se define como aventurera.</p>



<p>“Para llegar al paraje me tuve que tomar varios micros porque como el lugar no es muy conocido me equivoqué varias veces de parada. Venía recién recibida y como toda chica de capital iba con muchos bolsos y zapatos de taco alto, sin saber que todo eso que traía no iba a poder usarlo. Estuve un tiempo y me tuve que ir, pero&nbsp;<strong>siempre supe que volvería”</strong>, contó.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" loading="lazy" width="1024" height="712" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/B37SBB6DZ5GO5C7OESDYZL3AKI-1024x712.jpg" alt="" class="wp-image-359165" srcset="https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/B37SBB6DZ5GO5C7OESDYZL3AKI-1024x712.jpg 1024w, https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/B37SBB6DZ5GO5C7OESDYZL3AKI-768x534.jpg 768w, https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/B37SBB6DZ5GO5C7OESDYZL3AKI.jpg 1440w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>A lo largo de los años, la escuela cambió mucho. Tiene más alumnos, la luz es alimentada por paneles solares, cuenta con un teléfono satelital y hay una cocina en donde le preparan la comida a los chicos. El gran problema sigue siendo el <strong>agua</strong>. “Sale de una<strong> vertiente del cerro </strong>y llega a la escuela a través de una manguera de 2000 metros. Como tampoco tenemos gas, calentamos todo en fogones. Inclusive los chicos, como no hay duchas, se bañan con tachitos”.</p>



<p>A pesar de las necesidades, los cinco maestros se las ingenian para brindarles a los alumnos la mejor educación. Dan clases de inglés, educación física y artística. Cuando el clima lo permite, juegan al aire libre casi rozando las nubes de algodón. “Ellos son felices y nosotros también. Verlos reír es un regalo para nosotros”, afirmó a el<strong> Portal Periodismo Ciudadano. </strong></p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" loading="lazy" width="1024" height="570" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/K7J5BNJRO5AGXBJGPSYYEPHCTA-1024x570.jpg" alt="" class="wp-image-359166" srcset="https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/K7J5BNJRO5AGXBJGPSYYEPHCTA-1024x570.jpg 1024w, https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/K7J5BNJRO5AGXBJGPSYYEPHCTA-768x427.jpg 768w, https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2021/05/K7J5BNJRO5AGXBJGPSYYEPHCTA.jpg 1440w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<h4>“Las clases virtuales no existen”</h4>



<p>En este paraje<strong>&nbsp;la educación virtual no es una opción porque los chicos no tienen luz ni Internet en sus casas</strong>. “El año pasado que no hubo clases fue un año perdido. Por eso este<strong>&nbsp;2021 no podemos perder ni un día.</strong>&nbsp;Es más, el lunes que es feriado, los alumnos van a venir a la escuela como siempre, y el fin de semana volverán a sus hogares”, detalló.</p>



<p>Por eso, para ella el<strong> contacto con los maestros es fundamental</strong>. En sus<strong> casas no aprenden. Sus papás no les pueden dedicar tiempo y ayudarlos en la tareas, porque están todo el día trabajando en el cuidado de las ovejas y la siembra. </strong>“Nosotros no podemos darnos el lujo de no venir. Tenemos que estar porque los chicos nos necesitan”.</p>



<p>La escuela se rige por un calendario regional y dicta clases hasta fines de noviembre para recuperar los días que los chicos pierden por las inclemencias del clima. En los próximos meses el tiempo desmejora, hay muchas&nbsp;<strong>lluvias y aludes</strong>&nbsp;y por eso no pueden llegar a la escuela..</p>



<p>A pesar de que e<strong>l covid no llegó al paraje</strong>, hay maestros vacunados. Los demás están esperando que los convoquen para darse el suero.</p>



<p>María Eugenia tiene <strong>50 años</strong> y cuatro hijos varones a los que ve muy poco. Ir a visitarlos es toda una odisea, porque tiene que viajar unas 16 horas. Hasta llegar al micro que la lleve a la capital provincial tienen que caminar mucho y hasta<strong> dormir bajo las estrellas </strong>en distintos puestos. Por eso es fundamental la <strong>construcción de un camino carretero</strong>, pero hasta que su pedido sea escuchado, ella camina al borde del precipicio para ver a su familia.</p>



<p>Sufrió algunos accidentes y en uno de ellos se quebró la muñeca. En otro viaje que hacía a caballo, cayó un bloque de hielo, el animal se asustó y la tiró al piso. A pesar de poner en peligro su vida, esta mujer no baja los brazos.</p>



<p>En algunos años le llegará la jubilación y ella decidió seguir haciendo patria a casi<strong>&nbsp;3000 metros de altura</strong>&nbsp;hasta que llegue ese día. Porque para María Eugenia enseñar es un valor muy preciado, lo supo cuando decidió ser maestra.</p>



<p><br></p>
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