Delcy Rodríguez y su hermano Jorge serán las caras de un nuevo chavismo, debilitado y fuertemente condicionado por el garrote de Donald Trump, que nacerá este lunes en Venezuela.
La actual vicepresidenta se hará mañana formalmente del poder por orden del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Será la primera mujer que asumirá la presidencia del país. Más allá de la ilegitimidad que le endilgan tanto la oposición como Washington, el gobierno republicano se mostró dispuesto a dialogar con ella si toma las “decisiones adecuadas”, dijo este domingo el secretario de Estado, Marco Rubio.
“Vamos a juzgar todo por lo que hagan, y vamos a ver qué hacen. Si no toman las decisiones adecuadas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de presión para garantizar la protección de nuestros intereses”, dijo Rubio en entrevista con CBS News. Después del ataque y captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, esas “palancas” son solo un eufemismo. Una segunda ola de ataques está lista para lanzarse en cualquier momento, según amenazó el sábado el propio Trump.
En concreto, Estados Unidos monitoreará “a la distancia” en qué dirección va el nuevo chavismo. La supervivencia de la llamada revolución bolivariana estará atada, de ahora en más, a los intereses que brotan de Washington. Al juzgar por las últimas declaraciones del presidente republicano, los negocios petroleros estarán muy por encima de cualquier alusión a la palabra “democracia”.
Cómo será el nuevo chavismo
Más allá de los festejos del exilio venezolano en Buenos Aires y a lo largo de todo el mundo, el chavismo sigue en el poder. Solo cambiará, al menos por ahora, la cara visible. Ya no estará Maduro, acompañado siempre por su esposa, ambos detenidos en Nueva York. Se acabaron los bailes ridículos, los canciones folclóricas, las bravuconadas y los chistes festejados por los aplaudidores de ocasión.
El chavismo ya no será el mismo. Ahora le toca mudar de piel. Delcy Rodríguez tiene un perfil más técnico y sobrio. Con la captura de Maduro y de su esposa quedó enterrado el “madurismo”, esa mezcla de represión, populismo y folclore que dejó una estela de casi nueve millones de emigrados. Ahora, llega el difícil camino de sobrevivir.
“El chavismo ha dado bastantes muestras, después de la muerte de Hugo Chávez, de mantener un discurso ideológico, pero en la práctica ser un grupo aferrado al poder con bastante resiliencia y adaptación. Vamos a un escenario en el que se recompone el poder del chavismo o madurismo», dijo el analista venezolano Andrés Cañizalez, académico de la Universidad Andrés Bello de Caracas.
En ese escenario, el lunes será un día clave. No solo jurará como presidenta Delcy Rodríguez. También se elegirán a las nuevas autoridades de la Asamblea Nacional (Parlamento), de dominio absoluto del chavismo y agrupaciones menores afines. El actual titular, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, debería ser reelecto como su titular.
Las autoridades legislativas se renuevan cada año. Si Jorge Rodríguez es reelecto, como todo hace prever, el mensaje puertas adentros será contundente: los hermanos Rodríguez serán la nueva cara del gobierno y los que deberán “negociar” con Rubio, a quien The Washington Post llama “el nuevo virrey” de Venezuela.
Ambos representan al ala civil del chavismo. “Dentro del espectro actual del gobierno podría ser la gente más potable porque sencillamente no tienen señalamientos por violaciones a los derechos humanos. No figuran en ningún informe de la ONU ni de la Corte Penal. Tampoco estuvieron involucrados en el tema represivo. Eso los hace potables para cualquier transición”, dijo el analista.
Los grandes perdedores de la nueva interna chavista
La interna se saldó rápido. No solo Delcy Rodríguez era la primera en la línea sucesoria según la Constitución bolivariana. Además, Trump no hubiera aceptado otra opción.
El presidente republicano apuntó hacia ella. La cree más moldeable a sus intereses. Lo dejó en claro cuando “ninguneó” de una manera descarnada a la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado y ni siquiera mencionó en su discurso del sábado a Edmundo González Urrutia, a quien la oposición considera el legítimo presidente.
El gran perdedor entre los “sobrevivientes” del chavismo es el legislador Nicolás Maduro hijo, más conocido como Nicolasito. Sin el respaldo de sus padres, su figura simplemente se desvanece por el peso de su apellido.
El círculo de poder del chavismo se completa hoy con el superpoderoso ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino. El primero controla el sistema represivo; el segundo, las Fuerzas Armadas. Pero sobre ambos pesa una recompensa millonaria ofrecida por el Departamento de Estado: 25 y 15 millones de dólares, respectivamente. No son una opción de diálogo.
“Diosdado ha ido paulatinamente perdiendo influencia política, pero controla al aparato represivo y los cuerpos de seguridad y policiales. Eso le da un enorme poder. Padrino, sin dudas, sigue siendo el punto de equilibrio en las Fuerzas Armadas”, afirmó Cañizalez.
“El chavismo parece mantener el control del país y, hasta ahora, no hay indicios significativos dentro de las Fuerzas Armadas que puedan provocar un colapso del régimen”, dijo Phil Gunson, analista senior del área de Los Andes del Crisis Group, una ONG dedicada a la resolución de conflictos internacionales. Incluso, Padrino reafirmó su respaldo a Delcy Rodríguez.
Cañizalez no duda: “Estamos en presencia de un chavismo-madurismo que ya ha ademostrado una capacidad de adaptarse y recomponerse. Ahora la apuesta será por permanecer en el poder o por postergar la mayor cantidad de tiempo posible una transición, pero sin alterar ni provocar a los Estados Unidos”.
Ahora nace un nuevo chavismo sin Maduro, como hace 12 años nació un chavismo sin Chávez. Desde este lunes, cualquier atisbo de apertura estará escondido detrás de los hermanos Rodríguez, que deberán negociar qué entregarle a EE.UU. a cambio de su continuidad en el poder.
