Cambia el oleaje en Latinoamérica. Estamos al borde de una nueva era en materia de política petrolera. “Durante el siglo pasado, la nacionalización de recursos –cuando los Gobiernos ejercen el control sobre los recursos naturales de la Nación- ha menguado y fluido, a menudo en concordancia con los cambios en los precios globales del petróleo», explica la revista Foreign Affairs.
En la década del ’90, los precios bajos del barril de petróleo generaron las condiciones para la privatización de muchas de las empresas de hidrocarburos latinoamericanas. Luego, cuando los precios volvieron a subir, el péndulo osciló de vuelta hacia el control estatal. El precio del petróleo pasó de US$ 10 por barril a fines de los ’90, a más de US$ 100 por barril en 2008. Así, los países latinoamericanos recibieron un enorme flujo de ingresos en exportación de petróleo e inversión. Los Gobiernos, inicialmente en Bolivia, Ecuador y Venezuela, y luego en Argentina y Brasil, han procurado explotar el boom
-incrementando los impuestos,
-ajustando los términos de los contratos para otorgarle mayor control a las compañías petroleras estatales, y
-expropiando activos de manera unilateral.
Pero nada dura para siempre y en 2014, los vientos empezaron a cambiar para el precio del petróleo y, por consecuencia, para las políticas petroleras de los populismos latinoamericanos.
Distinto es hacerse cargo del negocio cuando el crudo superaba los US$ 100 el barril, que cuando llega a estar por debajo de los US$ 30, tal como ha sucedido este verano en el Hemisferio Norte.
Si bien el Bank of America prevé el barril de petróleo por encima de los US$ 50 para este año, la fuerte caída durante los últimos 2 años ha resultado extremadamente perjudicial para las economías latinoamericanas.
Esto, sumado a la enorme corrupción que se comió en buena parte los ingresos derivados del petróleo y otras commodities en las últimas décadas -lo que hace que los votantes también deseen un cambio-, está dando lugar a una nueva era para los países latinoamericanos, en la que el péndulo vuelve a oscilar hacia las privatizaciones.
“Las estrellas están alineándose para la reapertura de la industria petrolera y el florecimiento de políticas económicas orientadas al mercado”, afirma Foreign Affairs. Diversos signos muestran que es tiempo de cambio.
Argentina es uno de esos signos y está a la vanguardia de esta tendencia, según la revista. “En noviembre, Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano grande en una década en elegir a un Presidente de la oposición con orientación hacia el mercado, Mauricio Macri, en lo que podría ser una señal del comienzo del giro regional hacia la derecha”, asegura Foreign Affairs.
Bajo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, las compañías petroleras podían invertir en nuestro país bajo términos competitivos (a diferencia de otros países de la región), pero sin embargo, estaban desalentados de hacerlo por políticas macroeconómicas del kirchnerismo tales como los controles sobre el tipo de cambio.
A 1 mes de haber sido elegido Presidente, Mauricio Macri comenzó a cambiar las condiciones para alentar las inversiones en, por ejemplo, petróleo y gas. De todos modos, Macri ha asegurado cuando era candidato que no reprivatizará YPF. “Pero dados los bajos precios del petróleo y su efecto en las economías crudo-dependientes de Latinoamérica, es justo especular que, por el futuro próximo, la reforma estará a la orden del día”, advierte Foreign Affairs.
Venezuela: De “exprópiese” a “privatícese”
Si la “Revolución Bolivariana” de Hugo Chávez logró financiarse mediante los ingresos por el crudo, con el colapso de los precios, los vientos han comenzado a cambiar.
El petróleo representa el 95% de los ingresos por las exportaciones de ese país y con la caída de los precios, el Gobierno venezolano, así como otros de la región, está perdiendo interés en controlar la industria energética.
A falta de divisas, lo que ha dejado al país con escasez hasta de pan, la inversión extranjera comienza a ser una cuestión de supervivencia. Y para obtenerla, deben ofrecer términos cada vez más favorables, lo que significa de hecho ceder parte de su control sobre el negocio.
“Los Gobiernos que han contado con utilizar las ganancias del alto precio del crudo y otras commodities para redistribuir riquezas y ganar popularidad, están desconcertados. Sin estos ingresos, estos Gobiernos han brindado menos mejoras en la calidad de vida y menor seguridad financiera”, explica Foreign Affairs.
El triunfo reciente de la oposición venezolana en las legislativas, mientras tanto, es signo de la frustración de los votantes. Parecería que el precio del petróleo se está llevando consigo, en su caída, a varios políticos latinoamericanos: el venezolano, Nicolás Maduro, y la mandataria brasilera, Dilma Rousseff, podrían quedarse ambos sin terminar sus mandatos en curso.
Según Foreign Affairs, el presidente de la petrolera estatal venezolana PDVSA, Eulogio del Pino, está armando planes para ofrecer incentivos a compañías privadas que incrementen la inversión en el sector petrolero venezolano. Las medidas podrían incluir
-reducción de impuestos y regalías,
-un ajuste en la tasa de cambio, y
-permiso a los socios minoritarios de PDVSA para ejercer mayor control sobre operaciones conjuntas.

