Se cumplen 29 años del asesinato de José Luis Cabezas

El crimen del fotógrafo, ocurrido el 25 de enero de 1997 en Pinamar, sacudió a la Argentina y se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad de expresión.

domingo 25/01/2026 - 12:30
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En la mañana del 25 de enero de 1997, el cuerpo de un hombre fue encontrado dentro de un Ford Fiesta incendiado en una cava de la ciudad balnearia de Pinamar. Tenía las manos esposadas a la espalda y dos disparos en la cabeza.

Durante algunas horas, la identidad de la víctima fue un misterio. Pero cuando se confirmó que era José Luis Cabezas, fotógrafo de la revista Noticias, el crimen dejó de ser un hecho policial más para convertirse en un punto de quiebre para la historia del fotoperiodismo en la Argentina.

Cabezas no era un desconocido dentro del periodismo gráfico. Tenía 35 años, una extensa trayectoria como fotógrafo y una obsesión clara: retratar el poder. A casi tres décadas del crimen, el caso es un símbolo de la lucha por la libertad de prensa y de una deuda persistente de la Justicia.

La foto que lo cambió todo
José Luis Cabezas estaba en Pinamar cubriendo la temporada de verano para Noticias. Como cada enero, la ciudad balnearia se convertía en un escenario clave para el poder político y económico: funcionarios, empresarios y figuras influyentes coincidían en fiestas privadas y encuentros informales lejos de Buenos Aires.

Días antes de su muerte, Cabezas había logrado retratar una imagen que muchos consideraban imposible: una fotografía del empresario Alfredo Yabrán, uno de los hombres más poderosos y herméticos del país.

Yabrán llevaba años sin ser fotografiado y mantenía un perfil bajo pese a su enorme influencia en áreas estratégicas del Estado, como el correo y el rubro aeronáutico. La publicación de esa imagen, en la tapa de Noticias, fue interpretada como una ofensa directa.

La noche del 24 de enero de 1997, Cabezas asistió a una fiesta en la casa del empresario Oscar Andreani. Cerca de la madrugada, se retiró del lugar, pero nunca llegó a destino. Horas después, su cuerpo fue hallado en una cava cercana a General Madariaga, dentro de su propio auto, un Ford Fiesta que había sido quemado para borrar pruebas.

La escena del crimen era brutal y el mensaje, claro. No era un robo ni de un homicidio al azar. Fue planificado, ejecutado con precisión y destinado para generar miedo.

“No se olviden de Cabezas”
Desde el inicio, la investigación estuvo rodeada de irregularidades, presiones y encubrimientos. Pero el impacto social del crimen obligó a la Justicia a avanzar.

Las primeras detenciones apuntaron a un grupo de policías bonaerenses, conocidos como “Los Horneros” -liderado por Gregorio Ríos, bajo las órdenes de Yabrán-, quienes terminaron siendo identificados como los autores materiales del crimen. La Justicia determinó que ellos secuestraron a Cabezas, lo asesinaron y luego incendiaron el auto.

A partir de esas detenciones, la investigación comenzó a reconstruir el entramado detrás del crimen. Todo eso llevó a identificar a Gustavo Prellezo, Aníbal Luna, Sergio Gómez, Horacio Braga y José Luis Auge como los integrantes del grupo que ejecutó el secuestro y el asesinato. Gregorio Ríos, jefe de seguridad de Yabrán, fue señalado como el nexo entre los autores materiales y el poder del empresario.

Según la hipótesis judicial, desde ese entorno se dieron las órdenes que derivaron en el crimen, lo que permitió avanzar sobre una estructura organizada y no sobre un hecho aislado.

Yabrán fue citado a declarar como principal sospechoso, pero nunca llegó a hacerlo. El 20 de mayo de 1998, cuando la investigación avanzaba sobre su entorno y pesaba sobre él una orden de detención, se quitó la vida de un disparo en la cabeza en una estancia de Entre Ríos. Su muerte selló una parte clave del caso y dejó sin respuesta a muchas preguntas sobre el alcance real de las responsabilidades.

En 2002, la Justicia condenó a prisión perpetua a los policías responsables del asesinato y a Ríos como instigador. Sin embargo, con el paso de los años, la mayoría de los condenados accedió a beneficios, reducciones de pena y libertades condicionales, un proceso que generó fuertes críticas por parte de la familia de Cabezas y de organizaciones periodísticas.

El caso marcó un antes y un después en la historia del periodismo argentino. No solo por la crudeza del crimen, sino porque dejó al descubierto las tensiones entre el poder y la prensa. A 29 años del asesinato, la historia de José Luis Cabezas se sigue enseñando en las aulas, se recuerda en actos y se reactualiza cada vez que un periodista es amenazado por su trabajo.

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