El consumo no repunta en Argentina y el vino atraviesa una caída escalonada que parece no tener retorno. Más allá de la situación restrictiva de los ingresos de los argentinos y de la mayor penalidad al consumo de alcohol al volante, el motivo principal está vinculado a los cambios de hábitos, una filosofía de vida estoica y una alimentación saludable.
Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el consumo per cápita de vino en Argentina cayó a 15,77 litros anuales, el registro más bajo en varias décadas de medición (alcanzaba los 90 litros por persona anuales en 1970). La crisis golpea a bodegas, productores, comercializadores, a la enogastronomía y al turismo ligado al vino, publicó Clarín.
La crisis del vino se da en un contexto donde el principal enemigo no es ni el tipo de cambio, la inflación, el costo argentino y mucho menos la calidad. El principal enemigo es la corriente de vida saludable que rechaza el alcohol, coinciden bodegueros y especialistas en consumo masivo.
La industria vitivinícola atraviesa un momento crítico tanto en Argentina como a nivel mundial, marcado por una fuerte caída del consumo, exceso de stock, precios deprimidos y serias dificultades financieras en bodegas y productores. En ese contexto, el sector impulsa acciones de difusión para posicionar al vino como un alimento saludable si se consume con moderación, en contraste con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que desalientan su consumo incluso en pequeñas cantidades para prevenir enfermedades.
En los últimos cinco años, el consumo de vino en Argentina cayó un 22,6%. El único año positivo fue 2020, durante el aislamiento por la pandemia, pero desde entonces la tendencia negativa se profundizó. Solo en 2025, la comercialización se retrajo un 2,7%, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura. La caída también es global: el consumo mundial alcanzó en 2025 su nivel más bajo desde 1961, con 214 millones de hectolitros, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino.
El informe del IERAL de la Fundación Mediterránea advierte que el sector vive uno de sus momentos más difíciles, con acumulación de stocks, pérdida de rentabilidad, abandono de viñedos y exportaciones en su nivel más bajo en dos décadas. Los precios de los vinos varietales exportados bajaron un 30% en dólares constantes desde 2013 y las exportaciones cayeron un 7,2% interanual.
Entre las causas de la crisis se destacan cambios culturales y de hábitos, especialmente un mayor cuidado de la salud, la reducción del consumo de alcohol y la búsqueda de moderación, tendencia que se acentuó tras la pandemia. A esto se suma la implementación de la Ley de Alcohol Cero en la mayoría de las provincias y el fuerte aumento de las multas por alcoholemia positiva, que desincentivan el consumo.
La situación se agrava por la restricción del gasto de los hogares, afectado por el aumento de tarifas y otros costos, lo que relegó a las bebidas alcohólicas dentro de las prioridades de consumo. El resultado es un escenario complejo, con bodegas en convocatoria, cheques rechazados, ventas de empresas y desaparición de pequeños productores, que pone en jaque a uno de los sectores emblemáticos de la economía regional.
