Fue gracias a Vietto, pero se quedó con la sensación de poder llevarse algo más por un penal que Delfino no vio. Los de Mostaza tuvieron un partido correcto en Rafaela pero siguen hundidos en la tabla.
Luego de llenar los pulmones de aire en el Cilindro la semana pasada, Racing fue a Rafaela con la idea de sumar la primera victoria como visitante en el torneo. Junto con Atlético armaron un buen partido, parejo y con ocasiones, pero a pesar de que pareció rescatar un punto sobre el final con el gol de Vietto, se fue con gusto amargo, con la sensación de haber merecido mejor suerte.
Atlético arrancó muy metido y le robó la pelota a su rival. Saja tuvo que intervenir un par de veces para salvar su arco y se lució con una doble tapada sobre Fede González. Pero Racing reaccionó y, tras un tiro de Hauche que devolvió el palo (el rebote lo anularon por offside mal cobrado), emparejó la lucha en la mitad y empezó a mirar el arco de enfrente con mejores intenciones. La ilusión parecía cristalizarse en el arranque del complemento, cuando De Paul mandó adentro el 1-0, pero la alegría duró poco.
Un minuto más tarde, González se la bajaba a Albertengo para el empate y, al toque otro golpe, aún más doloroso. Saja dio rebote para donde estaba Bastía quien, aunque pareció patear casi con ganas de que no entre, metió el segundo. Por su pasado académico no lo gritó y sólo pateó uno de los carteles de atrás del arco. Pero el daño estaba hecho.
Sin embargo, Racing siguió creyendo y encontró el merecido empate con Vietto, que la acomodó contra un palo tras un largo rebote de Conde. Pudo incluso ser victoria, porque el arquero de la Crema bajó a Cerro dentro del área y era penal. Pero Delfino no lo consideró así… Y Dinenno no supo definir la que le quedó. Desde el juego, Mostaza tiene cosas para rescatar, pero su equipo sigue en el fondo de la tabla.
Newell’s no lo supo aguantar ante Quilmes
Ganaba bien en Rosario gracias al inoxidable David Trezeguet, pero cuando el partido se moría el Chaqueño Ríos metió un cabezazo letal y puso el empate definitivo. Quilmes se llevó un puntazo del Coloso. ¡Tomate un chopp, Richard!
Enfrentar a un rival como Quilmes implica un desgaste físico notable. El Cervecero se está jugando su plaza en Primera y, consecuentemente, deja hasta la última gota de sudor en cada pelota. Por eso, seguramente, Berti haya decidido priorizar lo físico por sobre lo futbolístico. Y estuvo a punto de quedarse con la gloria.
Hasta tres cuartos de cancha Newell’s hizo todo bien. De hecho el mediocampo fue simplemente una zona de paso. Tanto, que Orzán y Banega, en menor medida, terminaron varias veces wings. El problema fue que sin Trezeguet (estuvo en el banco) a Newell’s no sólo le faltó profundidad sino también un 9 que sepa pivotear.
Tanto Muñoz como Ponce buscaron el hueco para ganar en velocidad, a diferencia de lo que hace habitualmente el francés. Entonces Banega intentaba el pase profundo, Figueroa quería eludirse a todos y los ataques de Newell’s se morían antes de llegar al arco. Fueron pocas las veces que le llegó con peligrosidad a Dulcich: las mejores fueron una que le quedó a Ponce y que le pifió a la pelota y un remate de Castro, ya en el segundo tiempo, que se desvió y pegó en el palo.
Cierto es que Quilmes no le propuso un cambio de roles: fue a Rosario a buscar el empate, el puntito salvador, y se paró claramente de contra. Apenas le generó una situación de gol, muy peligrosa, que no terminó adentro porque Boghossian llegó comprometido y no pudo darle la dirección deseada al empujar la pelota. Ni siquiera el ingreso de Caneo (Caruso eligió tenerlo como alternativa pensando en el martes) pudo cambiar la historia.
Todo esto, claro, hasta que Berti decidió mandar a la cancha a Trezeguet. Ahí, a Quilmes se le fue todo al demonio. Porque un goleador de raza como David (lo ovacionaron cuando entró) siempre encuentra lugar, siempre tiene una, y pocas veces falla. Y este sábado no era una de esas pocas veces…
Daba la sensación de que la ventaja iba a ser irreversible. Pero el fútbol, se sabe, es caprichoso: cuando el partido se moría, el chaqueño Ríos metió un cabezazo letal y puso el sorpresivo 1-1 de Quilmes, que se terminó llevando lo que fue a buscar: el empate. Cerveza y media.
