Por qué los loros eligen los cables: una respuesta de supervivencia ante la crisis

La desaparición de sus refugios en el monte debido al avance agropecuario y los incendios fuerza a la especie a utilizar la infraestructura eléctrica como sustituto de altura ante la falta de su entorno natural.

viernes 02/01/2026 - 19:30
Compartí esta noticia

El loro barranquero (Cyanoliseus patagonus), especie nativa de la ecorregión del monte, se ha convertido en un habitante habitual de la Patagonia, donde su presencia en postes y cables ha ocasionado recientes cortes de luz. Sin embargo, este comportamiento no responde a una preferencia por la ciudad, sino a una necesidad ecológica derivada de la alteración de su entorno.

Alejandro Gatto, investigador del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), detalla que la presencia de estas aves en centros urbanos tiene su origen en la pérdida de su hábitat natural. “Los loros no prefieren estar en las ciudades y en los pueblos, prefieren utilizar sus ambientes naturales nativos. El problema es que están sufriendo una pérdida de su hábitat muy fuerte”, explica Gatto

Basado en investigaciones de Juan Masello, el especialista indica que la ampliación de la frontera agropecuaria y los grandes incendios en el sur de Buenos Aires y Río Negro han suplantado la vegetación nativa por cultivos, dejando a la especie sin alimento ni refugio.

Dormideros artificiales

En condiciones normales, los loros utilizan matas grandes de arbustos espinosos como dormideros para protegerse de depredadores terrestres como zorros y gatos monteses. Al desaparecer el monte, las aves buscan en la ciudad estructuras que repliquen esa altura y seguridad, encontrando en los postes de alumbrado, cables y árboles altos un sustituto funcional para pasar la noche.

Esta degradación ambiental también afecta su nutrición. Los loros prefieren hojas, brotes y frutos del monte, que les proveen fitocompuestos esenciales para mantenerse saludables y sin parásitos; de hecho, pueden volar más de 60 kilómetros para conseguir este alimento. Ante la escasez, recurren a los cultivos, una opción que funciona como comida “chatarra” y que les resulta dañina a largo plazo.

Una recuperación lenta

A pesar de que se observan grandes bandadas en la ciudad, las investigaciones indican que la especie ha perdido cerca del 40 por ciento de su población histórica. La percepción de abundancia se debe a que «están agrupándose donde los vemos más», concentrándose en pueblos al perder la dispersión que ofrecía el monte.

Desde el CENPAT advierten que la convivencia con estos animales se extenderá en el tiempo. Aunque la cantidad de ejemplares en la zona urbana podría disminuir conforme se recupere la vegetación afectada por los incendios, la regeneración de matas que ofrezcan buenos refugios y alimento tardará años en concretarse.

Compartí esta noticia