En Cholila, las historias de solidaridad emergen entre las cenizas de un incendio que ya lleva más de un mes castigando a la región. Mientras el fuego avanzaba, hubo quienes decidieron dejar todo para ayudar a sus pares. Tal es el caso de un vecino de la localidad, dedicado al rubro de la construcción, quien junto a su familia cargó un tanque en su camioneta y salió a dar pelea donde la situación lo requería.
«No sé si soy el que más trabajó, pero desde lo que teníamos y con lo que podíamos, dijimos ‘tenemos que hacer algo, porque veíamos que se nos quemaba todo'», relató el hombre sobre la decisión de intervenir activamente.
La iniciativa no fue un hecho aislado ni improvisado. Este vecino ya contaba con experiencia colaborando en siniestros anteriores, como el ocurrido en Golondrina, poniendo sus conocimientos de oficio —carpintería, electricidad y plomería— al servicio de la comunidad. Sin embargo, la magnitud de la emergencia actual y los pedidos desesperados en redes sociales cuando el fuego amenazaba la zona de Epuyén, impulsaron a la familia a movilizarse nuevamente.
El escenario más dramático se vivió en Villa Lago Rivadavia. «Era la primera vez que teníamos las llamas a dos metros. Había fuego de 20 metros de altura y por momentos estábamos solos. Sentimos mucho miedo», confesó el vecino. A pesar de no contar con entrenamiento profesional y haber adquirido una motobomba recientemente, se pusieron a disposición del cuartel local. Su rol fundamental fue el de abastecer de agua a los camiones de bomberos y a los brigadistas, quienes lideraban el combate directo contra el fuego.
En medio del caos, la familia fue testigo del agotamiento y la entrega de los equipos de emergencia. «Había noches en que los brigadistas se replegaban y los que quedaban poniendo el pecho eran los voluntarios y los bomberos. Los vimos llorar de impotencia cuando el viento les pasaba el fuego por arriba de la faja que habían trabajado todo el día», describió. En los momentos más críticos, las llamas superaban los 50 metros de altura, sobrepasando incluso la línea de los bomberos.
El pilar fundamental de esta labor fue la unidad familiar. Su esposa fue la encargada de operar la motobomba, aprendiendo sobre la marcha en una situación límite. «Ninguno sabía prenderla. El primer día paramos a escondidas en un callejón para probar si servía. Estuvimos todos como familia a dos metros del fuego», recordó el hombre, destacando también el acompañamiento de sus hijos.
A pesar del esfuerzo propio, el vecino insistió en destacar la labor de los profesionales: «El reconocimiento es para nuestros bomberos. Nos dejaron trabajar a la par de ellos, se quedaron hasta la madrugada, poniendo el cuerpo. Sin ellos, esto hubiese sido imposible».
La repercusión de su accionar no tardó en llegar a las redes sociales, donde la comunidad agradeció el gesto. Ante las muestras de afecto, la esposa del vecino expresó su gratitud y reafirmó el compromiso asumido: «Fuimos sin pensar a dar lo que teníamos y seguimos a disposición; nuestro único enemigo es el fuego. Aunque a veces aprieta el pecho cuando pasa y quema todo, muchas veces lo aplacamos y aprieta el pecho de la emoción por haberlo detenido».
Con información de Fm Paraiso 42.
