Paolo Rocca y la ingobernabilidad de la Argentina

«Sería una injusticia cargar sobre los empresarios y el gobierno de turno el origen de los males que nos aquejan, y endilgarles la propiedad del paradigma imperante. El gobierno de Cambiemos recibió este legado, no…

lunes 03/07/2017 - 23:23
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«Sería una injusticia cargar sobre los empresarios y el gobierno de turno el origen de los males que nos aquejan, y endilgarles la propiedad del paradigma imperante. El gobierno de Cambiemos recibió este legado, no lo generó. Los empresarios hace muchos años que trabajan en un contexto de alta inflación, sin crédito, con presión tributaria de las más altas del mundo, con costos internos exorbitantes y con hiper-regulaciones estatales», afirma el consultor Matteo Goretti, autor de estas líneas.

Me llamó la atención la afirmación del Dr. Paolo Rocca -a quien tengo el gusto de conocer y admiro por los logros de sus empresas durante su gestión-, que “una apertura indiscriminada pondría en riesgo la gobernabilidad” del país. Fueron declaraciones públicas en el encuentro anual de ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa) del pasado 30 de junio, que tuvieron amplia difusión en los medios de prensa. No hubo respuesta ni debate posterior. Me permito proponer estas reflexiones.

Rocca sintetizó un pensamiento general que impera hace muchos años en nuestra dirigencia empresarial y política cuando se hace referencia al comercio exterior. Pero la novedad es que haya asociado el calificativo “ingobernabilidad” al concepto “apertura indiscriminada”. ¿A qué o a quienes se habrá referido?

El concepto “apertura indiscriminada” está presente en nuestro ideario nacional y popular desde hace muchas décadas, y sigue prestando el mismo servicio que entonces: asegura que la Argentina se mantenga como uno de los países más cerrados del planeta y, a la vez, frena y posterga el debate acerca de nuestra necesaria inserción inteligente en el mundo.

Los argumentos que se utilizan son conocidos: que la protección a nuestra industria permitirá una acumulación de capital de tal manera de volverla competitiva. Sin embargo, a pesar de nuestra prolongada historia hiper-proteccionista, no hemos logrado desarrollar una industria competitiva y pujante; seguimos siendo básicamente exportadores de materias primas y de sus derivados. Nuestra participación en el comercio internacional ha venido reduciéndose en las últimas décadas, y hoy es casi insignificante.

También se ha sostenido que la protección permitirá generar fuentes de trabajo genuin as y reducir la pobreza. Todos sabemos que esto no ha sucedido. Por el contrario, nuestro país hace muchos años que dejó de incorporar inversiones genuinas generadoras de trabajo de calidad. Lamentablemente, las inversiones altamente rentables son y han sido las financieras.

El sector público -no el privado- ha sido y sigue siendo el principal empleador.

En cuanto a la pobreza, el paradigma imperante fabrica pobres: la pobreza estructural es del 30% y se mantiene así desde hace décadas, con leves variaciones hacia arriba y hacia abajo.

Es llamativo que estos resultados, que nos deberían avergonzar, no hayan generado un liderazgo en el país capaz de revertir la situación o, por lo menos, no motiven en nuestra dirigencia un debate serio. Pareciera que es más redituable apelar al fantasma de la apertura indiscriminada, en especial en víspera de elecciones.

También es llamativa la falta de memor ia de que los episodios de ingobernabilidad de las últimas décadas hayan surgido, precisamente, por situaciones como la mencionada más arriba.

A favor de Paolo Rocca, digamos que es cierto que la visión que expresa tiene amplio consenso en franjas mayoritarias de la población, que perciben que este paradigma los protege mientras que otros han sido los responsables de todos sus males.

La segunda reflexión que me merecen la declaraciones de Rocca tiene que ver con el término “indiscriminada”. Por oposición, su afirmación supone que puede haber una “apertura discriminada”. Esto nos lleva a interrogarnos acerca de quiénes deben ser “beneficiados” con la protección y quienes “castigados” con la apertura. Discriminar significa darles a unos lo que se le niega a otros.

Sería una injusticia cargar sobre los empresarios y el gobierno de turno el origen de los males que nos aquejan, y endilgarles la propiedad del paradigma imperante. El gobierno de Cambiemos recibió este legado, no lo generó. Los empresarios hace muchos años que trabajan en un contexto de alta inflación, sin crédito, con presión tributaria de las más altas del mundo, con costos internos exorbitantes y con hiper-regulaciones estatales.

En este contexto, es imposible integrarse al mundo, producir para exportar con éxito, generar bienes y servicios de calidad y competitivos para el mercado interno, generar valor e industria.

Por este motivo, y porque está demostrado que el viejo pensamiento insular está caduco y ha fracasado, los líderes empresarios deberían promover un debate sobre el futuro, que contribuya a que el país abandone la decadencia y la pobreza estructural, una propuesta que nos ayude a integrarnos al mundo, utilizando las herramientas de comercio exterior con inteligencia y audacia.

De esta manera, podremos iniciar un proceso virtuoso de integración al mundo, que nos llevará a ser competitivos y a generar mayor valor y riqueza, y más puestos de trabajo; más y mejor industria. Llevará mucho tiempo, pero en algún momento vamos a tener que arrancar.

Para hacerlo se necesita liderazgo y claridad de pensamiento. Otros países parecidos al nuestro lo han logrado.

Es el mismo liderazgo que expresó Paolo Rocca al conducir en el exterior con gran éxito al grupo Techint para competir y crecer, hasta convertirse en líder de su sector, en un jugador mundial altamente valorado por la calidad de sus productos y por el servicio que brinda a sus clientes.

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