El Gobierno Nacional apuesta a estas alturas a que la Ley Antidespidos se demore en los laberintos reglamentarios del Congreso. El Frente para la Victoria amenaza con una sesión especial para este jueves pero le faltarían más de media docena de diputados para abrir la sesión. Necesita que algunos diputados de Sergio Massa (los de extracción sindical) tengan libertad de acción para facilitar el quórum.
Luego, Cambiemos plantearía que se necesitan los votos de los dos tercios del cuerpo para habilitar el tratamiento del proyecto con media sanción del Senado ya sea con o sin dictamen de comisión, un requisito que no se observó durante años. Sergio Massa sigue siendo el árbitro en esta cuestión. Pero ya no puede mantener su neutralidad, o “tercera posición”, como le gusta decir. Si el kirchnerismo hace los cambios que Massa pide, el tigrense será funcional a los K y a su éxito parlamentario, que es a su vez un revés para Macri. Y si no aporta al quórum, será funcional al Gobierno nacional.
En verdad, los senadores peronistas le asestaron al Gobierno su primera derrota parlamentaria por cosas que no tienen que ver con los trabajadores, aunque éste haya sido el pretexto. La primera información a tener en cuenta es que los gobernadores peronistas dejaron hacer a los senadores. Nunca fueron tan indiferentes frente a Macri desde el 10 de diciembre pasado. ¿Qué les pasó? ¿Acaso ya no tienen urgencias económicas? Las tienen, tantas como los reproches que le hacen al Gobierno federal. La administración nacional no les giró nada de lo acordado sobre el aumento de la coparticipación, un pacto que sellaron para devolverles en cinco años a las provincias el 15 por ciento que les descuentan para financiar a la Anses. Este año debían recibir un 3 por ciento más en efectivo y otro 3 por ciento en bonos. No llegó nada al interior. «Había que mostrar los dientes», concluyó un gobernador.
La segunda razón es más política. Muchos peronistas que militan en el bando racional le atribuyen al macrismo la resucitación de Cristina Kirchner. Y fijan el momento del supuesto renacimiento en la citación a indagatoria por parte del juez Claudio Bonadio, que la ex Presidenta convirtió en una multitudinaria fiesta cristinista. Se equivocan. A Bonadio no lo maneja Macri, como no lo pudo manejar Cristina en su momento. Es un juez que ni siquiera tiene mucha relación con los otros jueces federales. Bonadio es Bonadio.
Es cierto, sin embargo, que la reaparición de Cristina Kirchner fue bien recibida por el macrismo. En el fondo, Macri quiere que el peronismo pague por los casi 25 años de gobiernos peronistas que dejaron el país con más pobres, con menos riqueza y con niveles nunca vistos de corrupción. El problema que tiene es que los sindicatos y el Senado son peronistas. Y también lo es la Cámara de Diputados si se suman todas las expresiones sueltas del peronismo. En esa contradicción entre estrategia y realidad, Macri corre a los peronistas moderadores avisándoles que la línea del medio no existe. O se está con Cristina Kirchner o se está con un proyecto moderno y democrático. En otras palabras: o el peronismo se redefine de manera clara e inconfundible o deberá compartir la carga del pasado.
Sergio Massa es la primera víctima de la estrategia que borra la línea del medio. El ex alcalde de Tigre pensó siempre en una posición neutral entre Cristina y Macri y se imaginó haciendo equilibrios entre el peronismo pankirchnerista y Cambiemos. Hay más definiciones en el bloque escindido del Frente para la Victoria que lidera Diego Bossio; éste está más cerca de acompañar al kirchnerismo con el voto al proyecto de ley antidespidos tal como llegó del Senado. No obstante, seguirán faltando unos diez diputados que debería aportar Massa, pero éste adelanta que no votará ese proyecto si no se le agrega un capítulo especial sobre las pymes. En el bloque de Massa hay dirigentes de extracción sindical que podrían desertar hacia la aprobación de la ley. La moneda está en el aire en la Cámara de Diputados. (…)».
Por el momento se dan por caídas las negociaciones entre el massismo y Cambiemos. “No hay ningún acuerdo con Massa, y no sabemos qué va a votar”, aseguraban desde el interbloque oficialista. En el FR indicaron lo mismo, pese a las conversaciones del fin de semana entre el renovador Marco Lavagna y el macrista Luciano Laspina.
De haber sesión especial y por no haber transcurrido 7 días desde el dictamen, la oposición necesitaría tras lograr quórum, mayoría especial de dos tercios para abrir el debate. Un aspecto reglamentario que no se observó en los años del kirchnerismo pero que ahora Cambiemos se mostraba dispuesto a imponer.
Mientras tanto, altas fuentes de Cambiemos aseguran que, teniendo como horizonte el veto casi seguro de Mauricio Macri, no buscarán dilatar la discusión, y adelantaron que bajarán al recinto una vez que la oposición consiga reunir los 129 diputados necesarios para abrir la sesión.
El Frente para la Victoria y el bloque Justicialista suman juntos 98 diputados, y también bajarían al recinto los seis diputados del Frente Cívico por Santiago, los tres de Compromiso Federal de Adolfo Rodríguez Saá y otros tres de Libres del Sur.

