Ya no sorprende: la turba de argentinos invadió esa ciudad para seguir bien de cerca el sueño de Messi y la Selección. Sean 50, 30 ó 10 mil en el estadio, calor no faltará…
Una publicidad invitaba a los hinchas a dejar todo por la Selección. ¿Pero más que esto? ¿Acaso es posible hacer más que recorrer esos 2.913 kilómetros que separan a Buenos Aires de Brasilia en la camionetita del viejo, en un colectivo destartalado o en lo que pinte? ¿Qué otra demostración de fanatismo es superior a bancarse 38 horas de ruta para intentar ver a Messi en una pantalla gigante, a 50 cuadras del estadio Mané Garrincha, porque no alcanza la guita para una entrada y menos para dos? Estos locos que llegaron a Brasilia, la ciudad que planificó el famoso urbanista brasileño Lucio Costa y que diseñó arquitectónicamente el aún más famoso Oscar Niemeyer, deberían inspirar al creativo publicitario de aquella campaña a hacer la segunda parte. Acá, como antes en Río, Belo Horizonte, Porto Alegre o San Pablo, están los que verdaderamente por Argentina hacen más.
¿Qué es hacer más? Dormir los días que haga falta en esas carpitas diseminadas por la Granja do Torto, comer lo que alcance en los alrededores de la Catedral de Nuestra Señora Aparecida, tomarse todo el fernet, toda la cerveza, todo lo que se te ocurra cerca del Centro de Convenciones. Y esperar si se produce el milagro de que esas entradas que anoche se revendían a un precio de oferta de 1.100 dólares, hoy bajen abruptamente su cotización.
Y si a medida que pasan los partidos ya no sorprende tanto esta caravana de la esperanza que se está dando por todo Brasil, no deja de asombrar la fidelidad, la pasión y la ilusión con que la gente agotó la capacidad hotelera también en la capital, una urbe de apenas 54 años de historia y una prolijidad que hace destacar más todavía a esas pequeñas turbas celestes y blancas que se trasladan con camisetas, banderas, bufandas, pelucas y hasta calzoncillos con los colores de la bandera.
No importa si van a ser 50 mil como estima la Embajada argentina, 30 mil o apenas 10 mil los que acaso sufran con Hazard y compañía. No interesa si van a ocupar tres cuartos, la mitad o un 20% de las 70 mil localidades del flamante estadio que de vez en cuando usan Flamengo, Corinthians o la selección brasileña los que empujen a Higuaín y corran al lado de Messi. Lo que cuenta es que los hinchas están aquí. Y por Argentina hacen más que más.
