Loma Campana: El centro de ajuste de YPF

Loma Campana va en camino a convertirse en un proyecto maldito. Desde su puesta en marcha, estuvo asediado por conflictos políticos, sociales y económicos. Hoy se ve jaqueado por dos frentes igualmente complejos: el derrumbe…

miércoles 16/03/2016 - 10:42
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Loma Campana va en camino a convertirse en un proyecto maldito. Desde su puesta en marcha, estuvo asediado por conflictos políticos, sociales y económicos. Hoy se ve jaqueado por dos frentes igualmente complejos: el derrumbe del precio del petróleo y un implacable fallo judicial.

loma campana

 

En apenas un año de actividad intensiva, Loma Campana logró convertirse en el segundo yacimiento productor de crudo de la Argentina. En 2014 llegó a tener 19 equipos de perforación, mientras que 2015 lo terminó con 10 y hoy apenas registra 6. La mayoría de las plataformas se mudaron a proyectos con mejor futuro en el corto plazo, como el shale gas de El Orejano y el tight gas.

El bloque más famoso de Vaca Muerta será este año el eje del ajuste de YPF, que anunció una rebaja del 25 por ciento de las inversiones. Según indicaron fuentes de la compañía, los proyectos gasíferos no se afectarán. En abril, una vez que el Congreso apruebe el pago a los fondos buitre, el Ministerio de Energía, conducido por Juan José Aranguren, lanzará los nuevos valores para el gas en boca de pozo, que rondará los 5 dólares para la producción base, casi el doble del promedio que se paga hoy por el gas neuquino.

La medida se trasladará a las boletas de todos los usuarios, que sufrirán otro tarifazo. También se estudia reemplazar el Plan Gas, que paga 7,50 dólares el millón de BTU a la producción incremental de gas, es decir el «gas nuevo» que logra inyectar cada compañía al mercado. Se estudia volver a un esquema similar al del Gas Plus que se aplicaba a determinados yacimientos en particular. Según indicó El Inversor online, si una petrolera quiere acceder a los beneficios, deberá presentar los detalles de un proyecto en lugar de negociar con el Gobierno una curva de declinación proyectada. En ese contexto, las inversiones gasíferas tendrán terreno fértil durante 2016, en contraposición al shale oil de Vaca Muerta, hoy inviable con un precio de ronda los 67 dólares.

En el aspecto del negocio, el proyecto sufrió el golpe inesperado de la precipitada caída del crudo a nivel internacional. Hasta el mediodía del 16 de julio de 2013, cuando YPF y Chevron firmaron el acuerdo, no había un solo analista que advirtiera el descalabro que hoy tiene en crisis a la industria petrolera global.

En ese entonces, el barril oscilaba entre los 90 y los 100 dólares. El acuerdo calculó un barril a u$s 79 el primer año de producción (2013) y u$s 84 el segundo. Durante el tercero (2015) ascendería a u$s 91,10, para llegar a 2016 con 97,5 dólares y superar la barrera de los 100 de allí en adelante.

Todas las previsiones fallaron. Hoy el crudo a nivel internacional está por debajo de los 40 dólares y en Argentina es sostenido y subsidiado por los consumidores para que alcance los 67,5 dólares. Hacer rentable los pozos en Vaca Muerta a ese precio es el gran desafío de YPF. Este año la compañía abandonó definitivamente la realización de perforaciones verticales, de menor costo pero con una productividad discreta, para concentrarse sólo en la realización de pozos horizontales. Hasta ahora la mayor parte del desarrollo se había realizado con verticales, a contramano de la experiencia de Estados Unidos, la meca del shale, según informó La Mañana de Neuquén.

Otro de los principales obstáculos de la sociedad YPF-Chevron fue la mala comunicación del proyecto. Si bien las negociaciones entre las empresas se conocían un año antes, se desató un escándalo político de gran magnitud cuando la presidenta Cristina Fernández recibió al CEO de la empresa norteamericana, John Watson, y se anunció la firma del acuerdo mediante un comunicado. La concreción de una inversión por 15 mil millones de dólares quedó en segundo plano en un año electoral. Desde la extrema izquierda a la derecha, todo el arco político se embanderó en contra de un proyecto que -en la mayoría de los casos- ni siquiera conocían. El gobernador Jorge Sapag fue el que pagó el mayor costo político. El respaldo al acuerdo le significó la derrota en la interna del MPN con Guillermo Pereyra. Pero quizás lo que más le dolió fue que Nación y la compañía lo abandonaran a su suerte.

El proyecto también tuvo un esquema normativo a medida. Poco antes de la firma del acuerdo, el Ejecutivo nacional sancionó el decreto 929, que establecía una serie de beneficios para las inversiones petroleras de más de mil millones de dólares y que creaba las concesiones no convencionales, figura que no existía hasta ese momento. Serían las bases de la reforma de la Ley de Hidrocarburos del año siguiente.

La mayor inversión de la historia de la provincia (de más de 15 mil millones de dólares), en una superficie que abarcaba apenas el 1,3% de Vaca Muerta, quedó enmarañada en el barro de la disputa electoral y política.

 

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