El deslizamiento del Cerro Hermitte expuso con crudeza una problemática que en Comodoro Rivadavia lleva décadas sin resolverse: la ocupación urbana en zonas geológicamente inestables pese a advertencias técnicas reiteradas. El colapso ocurrido durante la madrugada obligó a evacuar de urgencia a más de 90 familias de los barrios Sismográfica y El Marquesado, que en cuestión de minutos perdieron sus hogares y quedaron sumidas en la incertidumbre total publicó El Tordillo Informa.
El fenómeno no fue imprevisible. Informes del SEGEMAR de hace más de 20 años advertían sobre el riesgo de movimientos de ladera y desaconsejaban la expansión urbana en el sector. Sin embargo, la urbanización avanzó sin un control efectivo, dejando a cientos de personas expuestas a un desastre anunciado. Hoy, las consecuencias son visibles: casas inhabitables, calles destruidas, servicios cortados y un barrio prácticamente condenado a no volver a ser habitable.
Los testimonios de los evacuados son contundentes. “Ya no hay vuelta atrás”, repiten quienes entienden que no se trata de una emergencia pasajera, sino de una pérdida definitiva. A diferencia de otros eventos climáticos, el cerro no volverá a su lugar y el riesgo persiste. La respuesta estatal, aunque activa tras el colapso con operativos de Defensa Civil, estudios técnicos y la declaración de emergencia geológica llega tarde, cuando el daño ya es irreversible.
En este contexto de desamparo, la solidaridad ocupó un lugar central. El Sindicato del Petróleo puso desinteresadamente a disposición sus camionetas para colaborar con la evacuación y permitir que los vecinos pudieran retirar sus pertenencias de las zonas más comprometidas, una acción clave ante la imposibilidad de volver a ingresar con vehículos particulares. Este gesto alivió, al menos en parte, la angustia de quienes debieron abandonar todo de un día para otro.
