La tonina overa, uno de los delfines más pequeños del mundo, habita el litoral chubutense

Especialistas destacan las características, el comportamiento social y la importancia de conservar a esta especie emblemática del Atlántico Sur.

sábado 03/01/2026 - 18:30
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Rápidos, blanquinegros y de comportamiento gregario, estos pequeños cetáceos son un ícono de la biodiversidad del Atlántico Sur. Una especialista analiza las características, el comportamiento social y la importancia de conservar a esta especie, declarada Monumento Natural Provincial, que frecuenta el litoral chubutense.

Quienes recorren el litoral de la provincia de Chubut suelen encontrarse con un espectáculo singular: un destello blanco y negro que rompe la superficie del agua a gran velocidad. Se trata de la Tonina Overa, una de las especies más representativas de la fauna marina austral y uno de los delfines más pequeños del mundo.

Rocío Loizaga, investigadora independiente del CESIMAR CONICET, especialista en mamíferos marinos, explica que este animal es una especie endémica de Sudamérica. Su distribución abarca las costas de Argentina y Chile, tanto en el Atlántico como en el Pacífico. Sin embargo, la biología siempre reserva sorpresas: existe una población aislada en las Islas Kerguelen, en el Océano Índico. Según detalla la experta, los estudios indican que la población original proviene de Sudamérica y que, hace miles de años, un grupo se desprendió colonizando aquel archipiélago lejano, donde hoy permanece como una población relicta.

Identidad visual y biología

A menudo asociadas visualmente con la orca por su distintivo patrón de coloración, las toninas overas poseen características únicas. En su adultez, apenas alcanzan el metro y medio de longitud total. Un dato llamativo que destaca Rocío es la evolución de su color: “las crías no nacen con el diseño blanco y negro definido, sino que presentan un tono gris oscuro uniforme que se aclara progresivamente hasta adquirir la apariencia del adulto”, explica.

En cuanto a su hábitat, muestran una clara preferencia por las aguas frías y productivas, asociadas a la Corriente de Malvinas. En Chubut, su distribución comienza en la zona de Bahía Engaño, a la altura de Playa Unión, y se extiende hacia el sur hasta Tierra del Fuego. La especialista señala que estos animales eligen particularmente las zonas estuarinas y las desembocaduras de ríos, como la salida del Río Chubut, la Ría Deseado o la Bahía de San Julián, donde aprovechan las diferencias de marea. La densidad poblacional aumenta a medida que se desciende en latitud; hacia Ushuaia, su presencia se vuelve aún más frecuente.

Estrategias de supervivencia en grupo

La estructura social de la Tonina Overa es dinámica. Viven en lo que se denomina grupos de “fisión-fusión”, formaciones que se arman y desarman constantemente, generalmente integradas por entre dos y cinco individuos, aunque en ocasiones pueden congregarse por cientos.

Este comportamiento gregario es clave para su alimentación. Rocío describe que “estos cetáceos se alimentan cooperativamente, desplegando diversas estrategias de caza. En las costas chubutenses, donde su dieta se basa principalmente en la anchoíta y el calamar patagónico, suelen trabajar en equipo para rodear los cardúmenes en círculo o encerrar a las presas contra la costa”, demostrando una notable coordinación grupal.

Conservación y valor turístico

Actualmente, las poblaciones de Tonina overa en la región se encuentran saludables y están categorizadas como de “preocupación menor” por la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM). Si bien les afectan algunas actividades humanas —como la pesca incidental, el tráfico naviero y la contaminación—, la especialista indica que estas amenazas no representan hoy un riesgo inminente de extinción.

La especie ha sido declarada Monumento Natural Provincial, una distinción que busca reforzar su protección y el sentido de pertenencia en la comunidad local. Además de su valor biológico, la Tonina overa representa un recurso fundamental para las economías regionales a través del turismo de naturaleza. En localidades como Playa Unión y Camarones, los avistajes comerciales permiten poner en valor la biodiversidad local, promoviendo la educación ambiental y el respeto por una fauna que es sello distintivo de la Patagonia.

“Significa que tenemos que cuidarla y protegerla para que perdure y para que las economías regionales locales que dependen de ese recurso (como los avistajes comerciales) puedan seguir existiendo”, concluyó la especialista.

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