La ropa y las redes de pesca son las principales fuentes de microplásticos en el Golfo Nuevo

Un equipo de especialistas logró mapear la ruta de los microplásticos en el Golfo Nuevo. El hallazgo de tintes y polímeros textiles en el agua establece una línea de base clave para monitorear la salud ambiental y mitigar la contaminación en la región.

viernes 27/02/2026 - 11:51
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A nivel mundial, se estima que hasta el 95% de los objetos hallados en las costas y el fondo marino son de plástico, y que cerca del 80% de estos desechos proviene de actividades terrestres. En este contexto, un equipo de investigadores del Centro Nacional Patagónico (CENPAT) llevó a cabo el primer estudio integral sobre la abundancia, dinámica y destino de los microplásticos y partículas antropogénicas a lo largo de toda la costa del Golfo Nuevo.

La investigación, que incluyó la recolección de muestras de agua y sedimentos intermareales en 12 estaciones diferentes durante tres campañas terrestres, reveló que la mayor concentración de estos contaminantes en el agua se ubica en las cercanías de Puerto Madryn. Esta acumulación se encuentra directamente relacionada con la elevada presión humana, producto de descargas accidentales, el escurrimiento del agua de lluvia hacia el mar, las actividades marítimas y el transporte aéreo.

El trabajo fue liderado por Ayelén Costa, becaria del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), junto a los científicos Juan Pablo Pisoni, Camila Tavano, Rodrigo Hernández Moresino y Juan Pablo Tomba. Los especialistas decidieron abordar el problema desde una perspectiva amplia para obtener un panorama completo de este cuerpo de agua semicerrado, el cual posee un intercambio limitado con la plataforma continental y contaba con un único antecedente de estudio en una zona restringida.

Entre los principales hallazgos, los investigadores determinaron que una parte sustancial de la contaminación proviene de productos textiles. Esto quedó en evidencia al detectar celulosa antropogénica y tintes predominantemente de color azul. Además, se registró una importante cantidad de tereftalato de polietileno (PET), un material que deriva tanto del consumo en tierra como de fuentes marítimas, tales como redes de pesca y cuerdas.

La dinámica de estos residuos presenta comportamientos distintos según el entorno analizado. Costa explicó que las muestras de agua funcionan como una «foto» del momento, reflejando altas concentraciones cerca de la ciudad. En contraste, los sedimentos de las playas actúan como un registrador a largo plazo. Allí, las partículas se redistribuyen y alcanzan concentraciones más homogéneas en toda la costa, empujadas por factores ambientales como los vientos intensos, las corrientes propias del golfo y la hidrodinámica de las playas.

A pesar de estos datos, los niveles de contaminación registrados en el Golfo Nuevo se mantienen en un rango de bajo a moderado si se los compara con otras costas nacionales, como Claromecó, Pehuen-Có y Monte Hermoso, o con playas internacionales del mar Mediterráneo, el mar Báltico o el Golfo de California.

«Contar con una línea de base nos permite saber qué es lo que se está encontrando y en qué concentraciones», aseguró Costa. La especialista concluyó que esta información resulta fundamental para realizar un seguimiento local a lo largo de los años, evaluar si aparecen nuevas partículas en el ecosistema y desarrollar acciones concretas orientadas a la concientización y mitigación ambiental.

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