La controversia por el precio de la ropa volvió al centro de la escena pública y reactivó un viejo debate con la industria. La comparación con valores internacionales, amplificada en redes sociales, dejó a la vista una brecha que no se explica solo por el margen comercial.
Detrás del precio final de una prenda conviven impuestos nacionales, provinciales y municipales; costos financieros; alquileres; logística y una estructura productiva con baja escala relativa.
Los datos sectoriales coinciden en un punto: el peso impositivo y financiero es determinante. Según ProTejer, el 50% del precio final de una prenda corresponde a impuestos. A eso se suma un 30% asociado a alquileres y costo financiero. La logística, el marketing y la rentabilidad explican otro 12%, mientras que apenas el 8% queda en la industria como tal.
En ese marco se inscribe la polémica que enfrentó al ministro de Economía, Luis Caputo, con las cámaras del sector. Desde el Gobierno, el foco se puso en las tasas locales, especialmente municipales; desde la industria, en la persistencia de una carga impositiva que no se redujo pese al cambio de rumbo macroeconómico, publicó TN.
Qué pesa más en el precio de una prenda
El desglose que elaboró ProTejer muestra que el problema central no está en la fabricación. De cada $100 que paga un consumidor por una prenda, $50 se explican por impuestos. Otros $30 se destinan a cubrir alquileres comerciales y costos financieros, en un contexto de tasas elevadas y fuerte dependencia de las cuotas para sostener el consumo. La suma de logística, marketing y margen comercial representa $12, mientras que solo $8 corresponden a la etapa industrial.
La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) presentó una estructura similar. Según sus datos, el sector afronta un 21% de IVA; 1,2% del Impuesto al Cheque; 1,8% por arancel de tarjeta; 14,85% de costo por financiar en seis cuotas, y 15% de alquiler. En total, esos conceptos alcanzan cerca del 54% del precio final. El 46% restante se reparte entre diseño, logística, marketing y el resto de los gastos operativos, además de incluir ahí el margen de rentabilidad empresaria.
ProTejer advirtió que en ese contexto, la competencia actual con las importaciones es “desleal”, porque en Asia “prácticamente no pagan ningún impuesto, tienen subsidios por parte de sus países, no pagan logística, no venden cuotas (por lo que no afrontan costos financieros), ni alquileres”. “Además, en algunos casos fabrican en países con normas laborales y ambientales mucho más laxas y que no están, en muchos casos, alineadas con los estándares internacionales”, agregó.
Las importaciones de productos textiles e indumentaria crecieron 71% interanual en 2025 en cantidades y 52% en valores. “En todos los rubros, las cantidades crecieron más que los valores, evidenciando el ingreso de mercadería a valores cada vez más bajos”, precisó ProTejer y denunció que “está ingresando ropa a valores promedio mínimos históricos”.
La brecha con los precios internacionales
La comparación con otros mercados ayuda a dimensionar el impacto de esa estructura de costos. En la Argentina, un jean cuesta 50% más que en Estados Unidos y 34,6% por encima de lo que se vende en España, según un sondeo que realizó TN.
En el caso de una remera, la brecha es de 28,6% respecto del mercado norteamericano y de 20% frente al español.
La diferencia se amplía en una camisa. En la Argentina el precio es 85,4% más caro que en Estados Unidos y 68,9% más alto que en España.
Para la industria, esa distancia no se explica por los salarios ni por la rentabilidad. “El tema es la competitividad y tener reglas para que podamos competir de igual a igual”, dijo el empresario y diseñador Gustavo Samuelian, dueño de Flecha y Artisan y fundador de la marca Bolivia, en El Destape Radio.
En la misma línea, el presidente de la CIAI, Claudio Drescher, cuestionó las comparaciones internacionales. “Quiere comparar a Bangladesh con la Argentina y olvidarse que en dos años no han logrado desarmar ni un solo impuesto”, afirmó en Radio Rivadavia.
