La política del caos: cuando el doble discurso aparece en medio de la tragedia

Las catástrofes no sólo desnudan fallas estructurales. También exponen conductas políticas. Y en Comodoro Rivadavia, mientras cientos de familias atraviesan la angustia por el avance del Cerro Hermitte, empieza a quedar en evidencia un juego peligroso: el de quienes intentan convertir la emergencia en una oportunidad de desgaste interno.

domingo 08/02/2026 - 10:08
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En ese marco, la actitud del Viceintendente Maximiliano Sampaoli merece una lectura más profunda que la simple diferencia de criterios. En los últimos días, ha buscado instalar la idea de una supuesta falta de diálogo con el Ejecutivo municipal. El planteo, además de inconsistente, roza lo contradictorio: fue el propio Intendente Othar Macharashvili quien lo designó coordinador del Comité de Crisis, el espacio central desde donde se toman decisiones críticas frente a la emergencia.

No es un detalle menor. Coordinar un comité de crisis no es una función decorativa. Implica acceso directo al Ejecutivo, participación activa en la gestión y responsabilidad política concreta. Pretender mostrarse, al mismo tiempo, como ajeno o desplazado de ese proceso no sólo distorsiona la realidad, sino que introduce una narrativa artificial de conflicto donde no la hay.

Y ahí aparece el verdadero problema.

Porque no se trata de una diferencia puntual ni de un desacuerdo técnico. Se trata de una estrategia. La de construir un discurso ambiguo, adaptable, que permite hablar como parte del gobierno cuando conviene y como opositor cuando el clima lo favorece. Un doble juego que, en tiempos normales, ya sería cuestionable. En medio de una catástrofe, es directamente irresponsable.

A este cuadro se le suma un dato que en el ambiente político ya nadie desconoce: la ambición explícita de Maximiliano Sampaoli por ocupar la intendencia. Una ambición legítima en términos personales, pero peligrosa cuando se vuelve apresurada y mal asesorada. La ansiedad por adelantarse a los tiempos, combinada con un entorno claramente nocivo, lo empuja a ensayar guiños simultáneos hacia el PJ y hacia el espacio del gobernador, en una suerte de chichoneo permanente que refuerza su perfil errático. Jugar a dos puntas puede parecer astuto en el corto plazo, pero en medio de una catástrofe expone una conducta más preocupada por el posicionamiento propio que por la estabilidad institucional que hoy la ciudad necesita.

La política de la inestabilidad —esa que simula desorden, tensiones internas o falta de conducción— puede servir para acumular protagonismo personal. Pero tiene un costo alto: genera incertidumbre social, debilita la respuesta del Estado y erosiona la confianza pública en las instituciones. Exactamente lo contrario de lo que se necesita cuando la prioridad debería ser una sola: proteger a la población.

Resulta difícil no preguntarse si este comportamiento responde a una torpeza política o a una jugada calculada. ¿Es improvisación o es un intento deliberado de posicionarse como “tercera vía” en medio del caos? ¿Es ingenuidad o es la lógica del doble agente, ese que opera en varios bandos a la vez sin hacerse cargo del daño que provoca?

Mientras tanto, el Intendente asumió la conducción política de la crisis, tomó decisiones incómodas y puso en marcha un esquema de trabajo que exige coordinación y responsabilidad. Frente a eso, alimentar relatos de enfrentamiento interno no sólo es falso: es funcional a la desestabilización.

La ciudad no necesita dirigentes que especulen. Necesita conducción, claridad y compromiso real. En contextos críticos, no hay lugar para ambigüedades calculadas ni para juegos de poder encubiertos. La historia política es clara en algo: quienes usan las tragedias como plataforma terminan siendo recordados, no por su astucia, sino por su falta de ética.

En momentos así, no alcanza con ocupar un cargo. Hay que estar a la altura del rol. Y eso implica elegir, sin dobles discursos, de qué lado se está.

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