Es el tema que preocupa a todos. O al menos debiera hacerlo. Se esperaba más de| Jaime Durán Barba pero el ecuatoriano resulta tan elemental que parece frívolo: Evidentemente, la situación supera sus habilidades.
«Cristina es una expresión de la ultraderecha. Es autoritaria, manipuladora de los pobres, despectiva con los pobres. No digo teorías. Cuando yo entré a la Casa Rosada, me sorprendí con todo lo que decían los empleados. ¿Vos sabés que no podían hablar con ella los empleados? No los trataba como a seres humanos. Y eso hace la derecha. Lo que ocurre aquí es que hay algunos que están muy confundidos por las antiguas religiones que creen todavía en algo que es cantinflesco: que el presidente de Estados Unidos se despierta todos los días para ver cómo persigue a la Argentina», señaló el asesor presidencial.
Jaime Durán Barba se preocupa por presentar a Mauricio Macri como líder de izquierda y Cristina Fernández de Kirchner una líder de derecha. Según él, porque ella es autoritaria y el Presidente no lo es. Intrascendente lo del principal asesor de imagen de Macri, y peligroso: eso sirve para el proselitismo electoral pero no para la gestión de gobierno, cuando los ciudadanos reclaman eficiencia antes que ideología cuestionable (y cuestionada). A quienes se preocupan con la inflación que parece incontenible y el impacto de las tarifas, no los consolará con semejantes divagues. Por ejemplo, sería mejor que él hubiese acondicionado en forma más interesante la presentación del ministro Juan José Aranguren para explicar el inicio del ajuste, en vez de dejarlo solo, quizá porque Durán Barba trabaja para Macri y no para la Administración Macri…
Así, su ejemplo permite exhibir la distancia entre el discurso y la realidad que recorre a alguna gente del entorno presidencial. Hay que ordenarse cuanto antes. De eso dependerá el éxito, no de los ‘clichés’ del marketing político en los que abundó Cristina para terminar hundiendo la economía argentina. Sólo los aciertos darán vuelo al gobierno de Cambiemos (y a Macri, que es lo único que le preocupa a Durán Barba… ).
En tanto, es interesante repasar algunos recortes periodísticos.
Mariano Spezzapria en el diario platense El Día:
«El Gobierno tiene un problema grave en términos políticos: si blanqueara el estado real de la economía argentina, muy probablemente el shock de inversiones extranjeras que prometió el presidente Macri nunca será tal. Por eso, se ve impedido de explicar debidamente el cuadro de situación que lo lleva a aplicar medidas duras, que no caen nada bien en el ánimo popular.
El ejemplo que salta a la vista es el del tarifazo de la luz, que en la Casa Rosada prefieren llamar “redistribución de subsidios”, en alusión al descontrol que en esa materia presupuestaria dejó el kirchnerismo.
De hecho, buena parte del déficit fiscal argentino se atribuye a la millonada que el Estado destina a la importación de energía y al costoso auxilio a empresas del sector.
Según razonan los funcionarios con mayor llegada al Presidente, se trata de una cuestión básica para un país que quiere atraer inversiones: asegurar la provisión de energía tanto a la población como a las empresas. El primer paso en ese sentido había sido la desactivación del cepo cambiario, que puso fin a un orden ficticio y amañado. Y transparentó las reglas de juego.
En la misma línea, el Gobierno anticipó que tiene en carpeta una modificación de las tarifas del transporte público, para instrumentar un sistema “multimodal plano” que implicará, con certeza, un aumento para el presupuesto de los usuarios.
La gran preocupación, en todos los sectores, es que las alzas se trasladen a la inflación, que ya se proyecta encima del 30% anual.
El propio Macri, que durante la semana intensificará sus salidas a la provincia de Buenos Aires y al interior del país, está preocupado por la notoria suba de precios. Por eso se presentó en una reunión que sus más importantes ministros mantenían con empresarios, para comprometerlos públicamente. “Gracias por venir a ayudarnos”, les dijo el mandatario a los más encumbrados hombres de negocios, entre ellos Paolo Rocca (Techint), Enrique Cristofani (Santander Río), Héctor Magnetto (Grupo Clarín), Luis Pagani (Arcor) y el sojero Grobocopatel. Ante ellos, el Gobierno comenzó a perfilar el acuerdo económico y social que viene proyectando desde que asumió. (…)».
Jaime Durán Barba (muy antiguo el ecuatoriano: todavía divide el mundo entre izquierda y derecha, tal como hacen los K) habló con Santiago Fioriti, del diario Clarín:
«(…) -¿Cómo evalúa hasta ahora la gestión de Macri?
-El cambio que se produce en la Argentina es un cambio enorme. Y eso no es fácil en ninguna sociedad. Estuve leyendo el libro de la biolorrusa que ganó el Nobel (Svetlana Aleksiévich), El fin del homo sovieticus, en la que describe qué es lo que pasa en Rusia. Y lo que pasa es que la mayoría de los rusos no quiere la libertad. Soñaron con eso, pero cuando llegó… La gente dice es mejor que haya un autoritario, que nos de nuestro pedacito de pan y nos dejamos de jorobar. Esa es la base política de Putin.
-Si me dice que los argentinos no queremos la libertad ya tenemos el primero título.
-Pasa mucho de eso. Hay una sociedad con una serie de costumbres… Yo no soy crítico total de nada pero hay gente que estaba habituada a un Estado paternalista, en el que no había división de poderes permanente ni respeto a los derechos humanos.
-¿En qué quedamos? ¿Los argentinos le temen a la libertad?
-Tienen recelo de lo que está pasando ahora. El progreso siempre implica problemas. Hay recelo al cambio. Es natural en la especie.
-¿Hay recelo o hay quejas por el ajuste?
-Este es el primer Gobierno que pretende ser realmente democrático y abierto y la transición supone que personas que vivieron en el anterior esquema y se sintieron confortables ahí ya no lo viven y dicen “se está acabando el mundo”. El cambio es esfuerzo.
(…) -¿Cómo cree que será recordada Cristina?
-Me hubiera gustado que tenga más elementos positivos. Yo soy un fanático de las mujeres en la política. Ese lado me gustaba y además fue una presidente con personalidad. Pero desgraciadamente ella se perdió. El gran problema de Cristina fue el autismo. Ella creía que sabía todo. Macri es todo lo contrario.
-¿A ver?
-Es un líder moderno. Un líder del siglo XXI. Respeta los derechos humanos, cree en la separación de poderes, en la igualdad, es sencillo, trabaja en equipo y no se cree Dios. Es buenísimo que Macri no se crea Dios y que no se quiera quedar para siempre en el poder. Es un líder moderno que sabe que no sabe cosas, que es lo más importante en el ser humano, más en un presidente. No se cree Dios, como se creía Perón o como se creía Yrigoyen.
-Falta que diga que Macri está a la izquierda de Cristina.
-Pero desde luego. Lejísimo. Cristina es una expresión de la ultraderecha. Es autoritaria, manipuladora de los pobres, despectiva con los pobres. No digo teorías. Cuando yo entré a la Casa Rosada, me sorprendí con todo lo que decían los empleados. ¿Vos sabés que no podían hablar con ella los empleados? No los trataba como a seres humanos. Y eso hace la derecha. Lo que ocurre aquí es que hay algunos que están muy confundidos por las antiguas religiones que creen todavía en algo que es cantinflesco: que el presidente de Estados Unidos se despierta todos los días para ver cómo persigue a la Argentina. Yo creía los mismo cuando era dirigente estudiantil: creía que el Presidente de los Estados Unidos nos vigilaba en la federación universitaria del Ecuador. Pero cuando llegué a Estados Unidos me di cuenta de que el Presidente ni siquiera sabía dónde quedaba el Ecuador.»
Gonzalo Neidal, de Diario Alfil, de la ciudad de Córdoba:
«Una de las grandes banderas de Mauricio Macri durante su campaña electoral ha sido la de instalar una suerte de cultura del diálogo. La conversación como sistema para dirimir los diferendos. El intercambio de ideas como método para suprimir la confrontación.
Claro que escuchar a todos, conversar sobre las diferencias con cada sector, partido, gremio o dirigente, no quiere decir necesariamente concederle la razón o dejar de hacer lo que el gobierno propone, o morigerar la medida que se piensa tomar y que pudiera ser objetada.
Es un dato nuevo en la política argentina escuchar a funcionarios del gobierno nacional decir “hemos cometido un error” o bien “nos hemos equivocado”. Al gobierno le gusta explorar esta veta. Quizá perciba que la gente (el pueblo, los votantes, los observadores de la política) valoran esta capacidad de rectificación, que excluye la soberbia y abdica de la pretensión de infalibilidad a que nos tenía acostumbrados la anterior presidenta, con sus devaneos regios.
Macri se muestra falible, incurso en errores y, sobre todo, se muestra dispuesto a aceptar esa aptitud para el tropiezo sin por ello sentir menoscabo a su investidura y a su condición de jefe político. Y parece hacer de esto –sus errores- una vía para convocar adhesiones o soldar las ya existentes. (…)
Ante los dirigentes de la oposición, la rectificación suma al haber del gobierno. “No olviden que volvimos para atrás la transferencia de recursos a la CABA”, puede esgrimir el gobierno en futuras negociaciones con los gobernadores, al momento de pedir algo a cambio.
Si es una táctica deliberada, es probable que se agote en corto tiempo. Veremos.»
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:
«(…) Un solo dato es suficiente para mostrar los efectos de ese desatino: la economía no creció en los últimos años, pero el consumo de energía creció un 6%. ¿Consecuencias? La Argentina vive, 15 años después, sólo de las inversiones que en energía se hicieron en la década del ’90. El servicio de energía es barato y pésimo para quienes viven en la zona subsidiada. La capacidad de generar electricidad es igual a la cantidad que se requiere en momentos de máxima demanda. ¿Qué proyecto de crecimiento de la economía podría haber en tales condiciones, cuando cualquier crecimiento requerirá más energía?
Sólo el aumento anunciado en las tarifas eléctricas significará la reducción de 1,5 punto del déficit. Servirá para compensar la quita de las retenciones al campo y el aumento del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. ¿Suficiente? No. Aquella compensación sólo restablece el volumen de déficit que dejó Cristina Kirchner, el mayor de los últimos 30 años. El aumento satelital del empleo público es un ingrediente importante del déficit. Desde 2000 hasta 2015, el gobierno aumentó un 42% su personal; las provincias, un 61%; las municipalidades, un 82%, y las empresas públicas y bancos oficiales, un 391%, según datos en poder del Gobierno. Por ahora, se está despidiendo sólo a los ñoquis explícitos.
La administración de Macri se propuso reducir el déficit en un punto durante este año. ¿Podría hacer algo más? La respuesta no es una sola. Los economistas ortodoxos señalan que se debería hacer mucho más y cuanto antes. Al revés de la crítica que le hace el progresismo, a Macri lo combaten los ortodoxos más que los heterodoxos. El Presidente, que abrevó en los manuales ortodoxos de la economía, cree, sin embargo, que los economistas de esa corriente no les agregan a sus análisis las expectativas sociales, fundamentales para el desarrollo de la economía. Lo supo con sólo ver la dinámica de los últimos doce años. Los ortodoxos se cansaron de anunciar la cercanía de un precipicio que nunca se abrió.
El otro argumento que sostiene el gradualismo presidencial es la crisis de la economía mundial. El conflicto, con epicentro en China, podría dispararse hacia una recesión mundial parecida a la de 2008. ¿Hasta qué grado complicaría la fortaleza política de Macri si los efectos de una situación internacional crítica se sumaran a un severo ajuste argentino? Macri está dispuesto a todo, menos a arriesgar su liderazgo político. Prefiere, por eso, confiar en Alfonso Prat-Gay, a quien ha vuelto a elogiar en los últimos días y a quien también le pidió que se integrara sin mayores pretensiones al equipo de seis ministros económicos. Eligió, en fin, que el crecimiento de la economía acompañe el ajuste del Estado. Poco a poco.
La acción conjunta del equipo económico es imprescindible, sobre todo luego de que el Presidente fuera notificado en Davos de una noticia: la Argentina es el país latinoamericano elegido por el interés de la comunidad económica y política internacional para los próximos 20 años, porque gran parte del mundo interpretó que la crisis política y económica de Brasil durará demasiado tiempo. El colapso brasileño coincidió con un brusco cambio político en la Argentina. Al mundo le gusta ese cambio. Sucede sólo eso. No hay que buscar más explicaciones.
El propio Presidente debió arbitrar en una diferencia entre Prat-Gay y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Prat-Gay consideraba necesario el préstamo de 5000 millones de dólares para fortalecer las reservas del Banco Central. Sturzenegger es un optimista incurable. Estaba seguro de que el país no requería ayudas especiales después de la exitosa salida del cepo. Prat-Gay tiene un optimismo más moderado: el Gobierno es muy nuevo, nadie conoce el decurso de la crisis internacional ni los caprichos del mercado financiero. Macri los reunió, los escuchó y dio la razón a Prat-Gay. Hasta Sturzenegger elogió luego a Prat-Gay por la actuación de éste en una reunión con la jefa del Fondo Monetario, Christine Lagarde. La paz se restableció. (…)».
Raúl Kollman habló con consultores de opinión pública que trabajaron/trabajan para los K. Es interesante advertir que están agazapados:
«(…) Ignacio Ramírez, director de Ibarómetro, señala que (…) el gobierno nacional enfrenta una serie de desafíos para estabilizar este nucleo de apoyos y convertir simpatías circunstanciales en adhesiones. La simpatía automática hacia algo nuevo tiene rendimiento decreciente con fecha de vencimiento. Asimismo el nuevo gobierno aún no ha construido un vínculo emocional con sus simpatizantes, de manera que resulta un interrogante saber si un vínculo más bien transaccional –“si vos me das, yo te quiero”– podrá sostenerse en la medida en que la economía no tenga un buen desempeño”.
(…) “Para expresarlo en términos sociológicos –dice Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública– (…) al día de hoy un 45,2 por ciento de la población argentina se define como oficialista; un 38,7 por ciento se considera abiertamente opositor y un 16,1 por ciento se autoproclama como ni oficialista, ni opositor. En este contexto es lógico que la gestión de Macri oscile alrededor del 59 por ciento de aprobación en el último trabajo de campo de CEOP, realizado cuando cumplía su primer mes al frente del Ejecutivo nacional. (…) El principal objetivo de Macri y su equipo de gestión es instalar en el imaginario colectivo la sensación de fin de ciclo”. (…)
Analía Del Franco, titular de Analogías, no se deslumbra ni tampoco subvalora la imagen positiva de Macri. “Hasta el 15 de enero su evaluación positiva llegaba a un 66 por ciento. A la par los otros candidatos, Daniel Scioli y Sergio Massa, presentaban la misma performance y hasta levemente mayor, que el propio Presidente. La ex presidenta Cristina Kirchner dejó el cargo con 58 por ciento de nivel de aprobación. Este mapa de posicionamientos demuestra la tensión en la opinión pública cristalizada en los apoyos a dirigentes oficialistas y opositores. Casi que puede hablarse de ausencia de favoritos y esto constituye un obstáculo para articular fidelidades, y un especial riesgo para el gobierno nacional –quien más las necesita– en este momento de despegue de su gestión. (…)
Para Ignacio Ramírez, “las percepciones económicas se han deteriorado sin, aún, lesionar significativamente la imagen del gobierno nacional, pero es probable que en un futuro cercano, un creciente malestar económico empiece a impactar sobre la evaluación del gobierno. En esta misma dirección, el argumento de la herencia (atribución discursiva de responsabilidades de cualquier aspecto negativo de la realidad a la administración anterior) irá perdiendo utilidad en la opinión pública. De aquí en adelante es probable que las críticas sobre eventuales deficientes institucionales tengan débil impacto, pero un deterioro en la evolución del empleo, el consumo y la actividad económica sin dudas serán factores que gravitarán sensiblemente en el próximo escenario político, menos cómodo para el oficialismo”. (…)».
