“La estatua de Gallardo no se toca, pero hace menos sombra”

Lo sucedido este año vale explicarlo con una reflexión que gana terreno en el ambiente del fútbol: cada vez hay menos jugadores comprometidos plenamente con un entrenador.

sábado 28/02/2026 - 10:58
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Como tantas veces, pero por última vez, el jueves Marcelo Gallardo se sentó en el banco de suplentes del Monumental, el ambiente que más utilizó dentro de su segunda casa, supo que llegaría el grito y, cuando lo escuchó, se paró para agradecer. En la rutina todavía puede haber sentimiento. “Muñeeeco”. Lo mismo que cantaba el hincha de River cuando veía un pasaje de buen fútbol del equipo de Gallardo. Esa forma de adjetivar la alegría con un sustantivo. De trasladarle el apodo a un equipo.

Sólo un par de minutos después, la misma gente apuntó a otros destinatarios. Fue antes de que empezara el partido cuando entonó el “jugadores…”, el tema que en el hastío popular se ubica dos escalones más arriba que el “movete”, himno de las canchas argentinas. Ya nadie repara en si verdaderamente “no juegan con nadie”. Se canta como protesta y listo. Pero en este caso fue antes de saber si el rival era alguien o nadie. Quedó claro que la despedida para el técnico sería dulce, así como la continuidad para los futbolistas será pesada.

A esta altura, ya se puede reunir una cantidad de elementos que explican la decepcionante segunda era Gallardo.

Las razones van desde los refuerzos muy caros que no rindieron hasta un último libro de pases insuficiente. Desde estrategias que fallaron en partidos coperos hasta la falta de contundencia o de delanteros que vivieran para el gol. En el medio, como hilo conductor de diecinueve meses de gestión, la relación fluctuante con los jugadores.

Antes el vestuario era una fortaleza. No trascendía nada. Todo pasaba por él, pero en aquella primera etapa dejó que con el tiempo fluyeran las responsabilidades. Jonathan Maidana, Leonardo Ponzio, Enzo Pérez y Lucas Pratto fueron pasando la posta a los recién llegados o los promovidos. En esta ocasión, a los líderes trató de importarlos rápidamente, publicó La Nación.

Por eso pidió los regresos de Gonzalo Montiel, Germán Pezzella y Lucas Martínez Quarta. El problema fue que debió prescindir de otros experimentados por bajos niveles: Matías Kranevitter, Manuel Lanzini y Rodrigo Aliendro después del Mundial de Clubes; Enzo Pérez, Nacho Fernández, Milton Casco y Pity Martínez, recientemente. En River se dio lo menos frecuente: el hilo cortado fue el grueso, no el delgado. Gallardo siguió.

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