La crisis golpea sin filtro en las calles de Comodoro Rivadavia. Daniel Maripillán, de 44 años, es uno de los tantos vecinos que día a día pelea contra una realidad cada vez más dura. Vendedor ambulante de bolsas y diarios, suele encontrarse en la esquina de Avenida Canadá y Estados Unidos, donde pasa largas jornadas esperando que alguien le compre algo o le ofrezca una changa.
En las últimas horas, un video suyo se viralizó en redes sociales. En él, Daniel pide trabajo, cualquier changa que le permita subsistir. “La venta está más o menos nomás. Hay muchos vendedores y la gente ya no compra diarios porque lee todo por el teléfono”, contó en diálogo con FM La Petrolera.
Según relató, los días de mayor ingreso ya no existen. “Capaz el domingo se vende algo, pero después no pasa nada. A veces se vende, a veces no”, explicó. Por eso, asegura que hoy se sobrevive más haciendo changas: limpieza de patios, llenado de bateas o ayudante de albañil.
Daniel también convive con una enfermedad que le pone límites. “Tengo diabetes y hay días que no me puedo levantar. El trabajo forzado no lo puedo hacer siempre”, explicó, recordando una changa pesada que le dejó secuelas físicas durante varios días.
El video fue difundido por un amigo de toda la vida, quien suele ayudarlo cuando puede. Gracias a esa publicación, algunas personas se comunicaron con él para ofrecerle trabajo o mercadería para vender. “Un muchacho me quería dar bolsas para vender y pagarlas después. Eso no te lo hace cualquiera”, valoró.
A pesar de la ayuda ocasional, Daniel aclara que no siempre alcanza. Vive con su hermano, quien actualmente se hace cargo de los impuestos de la casa. “Me gustaría ayudarlo, pero sin trabajo no se puede”, sostuvo.
Daniel está dispuesto a trabajar como sereno, cuidador o en cualquier changa liviana. “Mientras se pueda, yo laburo. Hay días que no te dan ganas de levantarte, pero hay que salir adelante”, dijo con crudeza.
Quienes puedan ayudarlo o necesiten a alguien para trabajar, pueden comunicarse con él al 297-424-4695. La solidaridad, una vez más, queda en manos de la comunidad.
