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	<title>Retos virales &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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		<title>Uno de cada cuatro adolescentes participó en retos virales: advierten por los riesgos físicos y mentales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 13:26:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Salud mental]]></category>
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					<description><![CDATA[La dinámica de grabarse, compartir y esperar imitaciones se expande en redes sociales. Un estudio liderado por la Universidad Austral advierte que si bien algunos resultan inofensivos, otros afectan la salud y ponen en peligro a los menores.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Grabarse, publicar y esperar que otros repitan</strong>. Esa es la lógica de un reto viral:&nbsp;<strong>amplificarse en redes sociales</strong><strong><em>.</em></strong>&nbsp;Algunos consisten en empaparse con agua helada para visibilizar una enfermedad, otros invitan a imitar una coreografía y, en el extremo opuesto, algunos desafían a no dormir durante días o a comer hasta el atracón.&nbsp;</p>



<p>Una nueva investigación cuantificó el fenómeno y mostró que&nbsp;<strong>uno de cada cuatro adolescentes argentinos participó en al menos un reto viral durante el último año</strong>. Así lo advierte el estudio publicado en la revista académica Youth &amp; Society, que analizó a 848 menores de entre&nbsp;<strong>11 y 17 años&nbsp;</strong>en cuatro escuelas del país.&nbsp;</p>



<p>Los datos mostraron que el<strong>&nbsp;14% de los encuestados realizó uno o dos retos virales</strong>en los últimos 12 meses, el<strong>&nbsp;5% participó en tres o cuatro y el 6% aseguró haber completado cinco o más</strong>. En conjunto, eso equivale al&nbsp;<strong>25% (uno de cada cuatro) de los adolescentes&nbsp;</strong>que se interesaron en al menos un desafío difundido en redes.</p>



<p>El fenómeno preocupa a los especialistas y, como publicó Infobae,&nbsp;<a href="https://www.infobae.com/salud/2026/04/13/retos-virales-desinformacion-y-peligro-en-la-deep-web-que-practicas-ponen-en-riesgo-la-salud-de-jovenes-y-familias-en-argentina/"><em>I</em></a>va en aumento en los últimos años. Los autores midieron cuántos jóvenes participaron en al menos un<strong>&nbsp;</strong>desafío en las redes sociales, qué los motivó a hacerlo y qué riesgos físicos, psicológicos y sociales identificaron en esas prácticas.</p>



<p><strong>Qué son los retos virales y por qué se expanden tan rápido</strong></p>



<p>La lógica es simple y poderosa:&nbsp;<strong>grabarse mientras se realiza una acción, compartir el video y esperar que otros usuarios la repitan para mantener la circulación del contenido</strong>.</p>



<p>Las plataformas y&nbsp;<strong>redes sociales&nbsp;</strong>donde esto ocurre con mayor velocidad son<strong>&nbsp;TikTok, Instagram, YouTube y WhatsApp</strong>. Según los datos citados por la publicación científica, YouTube tiene una presencia del 95% entre adolescentes y jóvenes argentinos, TikTok del 67% e Instagram del 62%.</p>



<p><strong>No todos los retos son peligrosos.</strong>&nbsp;El estudio identificó cuatro categorías:&nbsp;</p>



<ol>
<li>Retos virales sociales. Interactivos, inofensivos y con componente social, lúdico o familiar&nbsp;</li>



<li>Retos virales solidarios. Buscan concientizar o promover una causa social, ayudar a otros o incentivar conductas positivas</li>



<li>Retos virales impropios o de mal gusto. No peligrosos, pero sí despectivos o irrespetuosos&nbsp;</li>



<li>Retos virales peligrosos o de riesgo. Ponen en peligro la vida, integridad física/psicológica o privacidad</li>
</ol>



<p>El doctor en Psicología&nbsp;<strong>Santiago Resett,&nbsp;</strong>investigador independiente del&nbsp;<strong>CONICET-Universidad Austral</strong>&nbsp;y docente de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), quien lideró la investigación en Argentina, señaló que “no todos los retos virales son negativos o peligrosos. Sin embargo, algunos pueden afectar nocivamente la<strong>&nbsp;salud física y mental</strong>&nbsp;de los chicos. Ejemplo de retos de esta índole son el&nbsp;<strong>tratar de pasar la mayor cantidad de tiempo sin dormir o autosofocarse para quedar inconsciente</strong>. Muchos jóvenes han fallecido por estos desafíos virales”.</p>



<p>Entre los casos más extremos, figuran el reto “<strong>Blue Whale</strong>”, asociado a autolesiones y el “<strong>Black Out Challenge</strong>”, que promueve la asfixia intencional.</p>



<p><strong>Por qué los adolescentes se suman: la presión de no quedar afuera</strong></p>



<p>Resett explicó cuál fue la motivación que los adolescentes reportaron con mayor frecuencia en el estudio: “La forma más frecuente del por qué realizar retos virales, independientemente del tipo de reto, era por el motivo social de&nbsp;<strong>pertenecer al grupo y no quedar afuera</strong>”, señaló.</p>



<p>Ante la pregunta “Me gusta hacer un reto viral o desafío con más personas para sentirme parte de un grupo”, un 8% indicó que lo hacía bastante o muchas veces, mientras que casi un 20% lo hacía algunas veces por ese motivo.</p>



<p>Ese patrón también se refleja en otras respuestas del estudio: el 11% de los adolescentes dijo que le gusta que otras personas los imiten y hagan también el desafío que compartieron.</p>



<p>“Esta razón es muy común en los adolescentes ya que&nbsp;<strong>están muy pendientes de ser aceptados y no quedar afuera del grupo.&nbsp;</strong>Esto los lleva, en ocasiones, a<strong>&nbsp;no reflexionar y hacer conductas riesgosas”</strong>.</p>



<p>Lo que sí cambió respecto a generaciones anteriores es la escala del fenómeno. La presión de grupo existió siempre, tanto en el consumo de sustancias o en las conductas antisociales, pero hoy se amplifica.&nbsp;</p>



<p>Resett lo describió con precisión:<strong>&nbsp;“Hoy en día para los retos virales u otras conductas asociadas con las redes sociales&nbsp;</strong>esto se<strong>magnifica por la viralización de los contenidos</strong>, una audiencia masiva, el aparente anonimato, la<strong>&nbsp;necesidad de obtener likes</strong>&nbsp;y que el&nbsp;<strong>uso compulsivo de redes sociales vuelve a los sujetos más insensibles o desinhibidos”.</strong></p>



<p>La razón, explicó, tiene que ver con&nbsp;<strong>la naturaleza de las interacciones digitales</strong>. En una conversación cara a cara, quien insulta a otra persona recibe una&nbsp;<strong>respuesta inmediata (verbal o no verbal) que actúa como freno. En las redes, esa retroalimentación no existe o llega tarde</strong>.</p>



<p>“La dinámica de las redes sociales, muchas veces, despersonaliza y vuelve a los sujetos más atrevidos debido a la falta de estos elementos. Más aún en los adolescentes que son más impulsivos y se guían más por las emociones”, advirtió el investigador.</p>



<p><strong>Un perfil de riesgo que los padres deberían conocer</strong></p>



<p><strong>“Quienes hacen muchos retos virales también presentan mayores niveles de adicción a internet, Instagram, apuestas online y pornografía digital, entre otras”</strong>, resumió Resett.</p>



<p>Ese conjunto de conductas configura un perfil específico:&nbsp;<strong>adolescentes más impulsivos, con mayor necesidad de buscar sensaciones fuertes</strong>,&nbsp;<strong>con dificultad para regular las emociones o que se sobreexponen en redes sociales.</strong></p>



<p>La sobreexposición, precisó el investigador, tiene consecuencias que los adolescentes no siempre calculan. “Incluso el subir un video a Instagram donde una adolescente baila graciosamente con el uniforme de la escuela ya brinda la información sobre a qué escuela va ese menor de edad”, remarcó.&nbsp;</p>



<p>A eso se suma que esa&nbsp;<strong>sobreexposición&nbsp;</strong>—el&nbsp;<strong>oversharing</strong>— puede caer en manos de terceros y derivar en&nbsp;<strong>cyberbullying, grooming&nbsp;</strong>o extorsión. “Muchas veces las madres o padres también son quienes exponen a sus hijos en redes sociales”, señaló.</p>



<p><strong>Señales de alerta y qué pueden hacer las familias</strong></p>



<p>Las señales concretas que deberían encender la alerta en padres, madres y familiares:</p>



<ul>
<li>Necesitar pasar cada vez más tiempo conectado para sentirse bien o entretenido.</li>



<li>Mostrar irritabilidad, ansiedad o enojocuando no puede usar el celular o acceder a internet.</li>



<li>Perder interés por el estudio, el deporte, las amistades u otras actividades previamente significativas.</li>



<li>Continuar usando redes sociales aunque eso genere dificultades en el sueño, el rendimiento escolar o conflictos familiares, incluso cuando intenta reducir el uso y no lo logra.</li>



<li>Ocultar, minimizar o mentir sobre el tiempo real de conexión.</li>
</ul>



<p>Sobre los límites de edad, el investigador fue específico: “<strong>El celular propio no debería entregarse antes de los 11 años, el acceso a internet no antes de los 13 y las redes sociales recién a los 16″</strong>. Uno de los errores más frecuentes consiste en entregar un celular o una tablet con acceso a internet como regalo sin establecer límites, normas ni supervisión, advirtió.&nbsp;<strong>El objetivo, insistió, no es la prohibición sino la regulación</strong>: acuerdos claros, tiempos definidos y un uso orientado a actividades con valor constructivo.</p>



<p><strong>Reflexionar antes que retar</strong></p>



<p>Frente a la pregunta de cómo abordar el tema con adolescentes, Resett propuso una estrategia que parte de la escucha. “Más que prohibir las nuevas tecnologías o dar sermones moralizantes a los adolescentes, se debe trabajar desde la reflexión y&nbsp;<strong>enseñar a pensar en las consecuencias de las acciones</strong>”, señaló.</p>



<p>Entre las herramientas concretas que sugirió figura&nbsp;<strong>la regla de los 10 segundos antes de publicar:</strong>&nbsp;¿esto es seguro?, ¿me expongo a mí y a mis padres o amigos? También propuso no normalizar el argumento de “porque todos lo hacen” y concientizar sobre el hecho de que las imágenes de los demás no pertenecen a quien las difunde.</p>



<p>“¿Pensaste cómo esa publicación que subiste a las redes sociales puede afectar a los demás y a nosotros como familia?”, planteó como ejemplo de pregunta para invitar a la reflexión. “Se debe educar pero no simplemente desde un discurso o sermones moralizantes sino invitando a la reflexión y escuchando a los adolescentes”.</p>



<p>Ja </p>
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