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	<title>parejas &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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		<title>Ángela Leiva confirmó su separación del Chelo Weigandt: «La estoy pasando muy mal»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Mar 2025 15:16:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[A casi tres meses de blanquear su relación, la cantante se sinceró con Ángel de Brito sobre su vínculo con el futbolista.]]></description>
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<p><strong>A finales del año pasado, Ángela Leiva y Marcelo Chelo Weigandt sorprendieron al anunciar su romance. En este tiempo, la cantante y el futbolista, surgido de Boca Juniors y compañero de Lionel Messi en el Inter Miami, pasaron las fiestas juntos, se declararon su amor en las redes y hasta coquetearon con un posible casamiento. Por eso, también causó sorpresa la separación, que primero tomó estado de rumor y luego fue confirmada por la intérprete de «Amiga traidora».</strong></p>



<p>Todo se originó a partir de que ambos borraran buena parte de sus publicaciones juntos en sus redes sociales. Desde el comienzo, el mundo virtual fue un terreno fértil para enmarcar una relación a distancia, entre las giras de la cantante y el desempeño del futbolista en la liga de los Estados Unidos. Y si bien todavía quedan algunas postales de los días felices, Leiva le puso fin al vínculo, al menos por ahora.</p>



<p>En su programa de streaming, Ángel de Brito abordó el tema, haciendo referencia a los rumores en cuestión. «Están separados. ¿Motivos? La distancia por la profesión de ambos», afirmó el periodista en Bondi Live. A continuación, recordó una entrevista que le habían hecho en LAM, donde la cantante se había referido veladamente a un posible casamiento. «Estaba todo bien, pero para mí, algo pasó en los últimos días y se pudrió todo. Esto no es información, sino simple deducción», analizó.</p>



<p><strong>El misterio se terminó con el testimonio de una de las protagonistas de la historia. Leiva le mandó un mensaje a de Brito en el que hacía referencia a la crisis de la pareja. «Le escribí y me dijo: ‘estoy separada y la estoy pasando muy mal. No quiero responderle a nadie por ahora, no puedo hablar del tema aún porque estoy muy triste'», replicó el periodista, y agregó que la distancia física entre ambos fue el principal motivo de la ruptura. Habrá que esperar para ver si se trata de una crisis pasajera o el romance se terminó con el mismo impacto y la misma sorpresa con el que comenzó, hace poco menos de tres meses.</strong></p>



<p>Ángela y el Chelo iniciaron su relación a fines de 2024, tras coincidir en un evento musical en el Movistar Arena durante el streaming «Un Poco de Ruido». Según relató la cantante en una entrevista, el encuentro fue inmediato y describió el vínculo como «mágico». Desde entonces, comenzaron a mostrarse juntos en diversas ocasiones y a compartir momentos de su vida privada en redes sociales.</p>



<p><strong>Uno de los momentos más románticos ocurrió durante las fiestas, que la cantante pasó junto a la familia del futbolista. «Les deseo una hermosa Noche Buena, una muy feliz Navidad, acompañados por esas personas que elegimos y amamos», señaló acorde al espíritu de estos días. Y cerró con un poco de romanticismo y otro de picardía: «Pidan deseos que se cumplen. Háganle la cartita a Papá Noel, pidan regalos. El mío llegó por adelantado», cerró.</strong></p>



<p>En febrero de 2025, Ángela alimentó los rumores sobre un compromiso formal cuando, en el Festival de Villa María, respondió a la pregunta “¿Sola o casada?” con un contundente “Próximamente casada”, lo que generó una reacción eufórica del público.</p>



<p>Días después, el 14 de febrero, ambos intercambiaron mensajes afectivos en sus redes. Chelo publicó una imagen de Ángela cantando junto al mensaje “Feliz día, mi amor”, mientras que ella replicó la dedicatoria con la frase “Desde que te conozco son todos los días felices, te amo, Marcelo”. También compartieron una imagen tomando mate y ella le agradeció públicamente: “Te amo mi amor, gracias por tanto”. Una postal que parece tan lejana y tan cercana en el tiempo, a la espera de las precisiones de los protagonistas.</p>
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		<title>Fueron novios a los 15 años, se volvieron a ver casados con otras parejas y tomaron una drástica decisión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Nov 2022 11:56:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Amores reales]]></category>
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					<description><![CDATA[Lucrecia conoció a Fernando un verano en Uruguay y por cuatro años viajaron para encontrarse en todas las vacaciones. Hasta que entendieron que, aunque se querían, cada uno tenía que seguir con su vida. Volvieron a verse cuando ya tenían hijos y su historia cambió para siempre Dice que en esa época era una salvaje....]]></description>
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<p> <strong>Lucrecia conoció a Fernando un verano en Uruguay y por cuatro años viajaron para encontrarse en todas las vacaciones. Hasta que entendieron que, aunque se querían, cada uno tenía que seguir con su vida. Volvieron a verse cuando ya tenían hijos y su historia cambió para siempre </strong></p>



<p>Dice que en esa época era una salvaje. Que volvía al campo de Uruguay con su familia todos los veranos y nada le gustaba más que ensillar a su tobiana y salir al galope por el monte. Los padres de Lucrecia habían cambiado la rutina de las vacaciones en Punta del Este por la paz de una estancia en San José donde se instalaban de diciembre a marzo, eran otros tiempos.</p>



<p><strong>“Para mí era la libertad, levantarme a las 6 de la mañana y no bajarme del caballo en todo el día</strong>; me pasaban todo tipo de aventuras y todo el tiempo íbamos en banda con mis hermanos, mis primos y un montón de amigos que nos habíamos hecho en el pueblo. San José era mi lugar en el mundo”, dice ahora y asegura que todo lo que le cuenta a Infobae, salvo las circunstancias y uno o dos nombres propios es absolutamente cierto. Dice que su historia con Fernando es borgeana, circular.</p>



<p> El verano de sus quince años Lucrecia reemplazó los madrugones para montar en el campo por las trasnochadas en el boliche del pueblo. “Era la porteña de las fiestas y además era muy linda, así que tenía a varios alrededor. <strong>Una noche el chico más ganador y canchero, </strong>el que andaba en karting y les gustaba a todas,<strong> me persiguió hasta que le di bolilla. </strong>Nos quedamos hablando hasta cualquier hora”, recuerda. También que no se separaron hasta que terminó el verano. </p>



<p>“En el campo no había más que un teléfono con operadora, así que yo me escapaba para besar a Fernando en cada esquina, y mis padres tenían que buscarme en el auto por todo el pueblo, es que&nbsp;<strong>éramos pura hormona y nos habíamos enamorado los dos por primera vez&nbsp;</strong>y muy en serio”, se ríe ahora.</p>



<p>Cuando en marzo su familia hizo las valijas para volver a Buenos Aires, llegó el desgarro. “La separación fue tremenda, nos dolió a los dos un horror. En ese momento no había mails, ni redes y la mayoría no tenía teléfono, así que nos mandábamos cartas largas, con fotos y regalos, que tardaban semanas en llegar”, dice Lucrecia. Sólo los reconfortaba saber que tenían fecha fija para volver a verse: las dos semanas de las vacaciones de invierno, cuando ella volviera con su familia a San José. “Nos queríamos tanto que&nbsp;<strong>durante los cuatro años que siguieron estuvimos de novios sin engañarnos nunca</strong>; nuestro único trabajo era esperarnos”, dice.</p>



<p>Para el cuarto verano, Lucrecia ya había cumplido 18 y su vida en Buenos Aires se había vuelto mucho más activa y social: “Yo salía mucho más y empezaron a aparecer otros hombres, y otras posibilidades. Todavía lo quería mucho, pero había terminado el colegio y estaba segura de que no quería irme a vivir a San José y casarme; quería estudiar, conocer a otras personas, descubrir el mundo”. Fernando no tenía decidido qué estudiar ni como seguir, pero en esos tres meses de charlas sobre el futuro se convencieron los dos de que no era el momento para ellos. El último abrazo, aquel marzo fue con lágrimas en los ojos. “<strong>La distancia y nuestra juventud le habían ganado a las emociones, pero teníamos el amor bastante intacto</strong>”, cuenta y vuelve a emocionarse.</p>



<p>Después,&nbsp;<strong>cada uno hizo su vida</strong>. Lucrecia se recibió de abogada, entró en un estudio y conoció al que sería su marido. Se casaron con todas las convenciones de su círculo: “el vestido blanco, la iglesia, la fiesta y una luna de miel larga y europea”. A veces iban al campo a San José, pero nunca se cruzaba con Fernando. Evitaba ir al pueblo, sentía como una traición caminar por esas callecitas del brazo de otro.</p>



<p>Ya había sido su primer hijo el día que él la llamó al teléfono de línea. Se había instalado en Buenos Aires y había encontrado su nombre en la guía. Estaba soltero, trabajaba en una empresa y estudiaba marketing. La quería ver. Ella aceptó encontrarlo en un café del centro.</p>



<p>“<strong>En cuanto nos vimos lo que pasó ahí fue un tsunami.</strong> Por una semana me escapé de mi casa con las excusas más ridículas para ir a su casa. Era el amor de la adolescencia y la posibilidad de concretarlo. Ahora vivíamos en la misma ciudad y teníamos una carrera. Él me pedía por favor que me separara y me mudara con mi hijo a su casa –dice–. Yo ni quería pensar, para mí verlo era también un escape de los pañales y las responsabilidades del matrimonio. Pero en el fondo tenía claro que no iba a dejar a mi marido”.</p>



<p>No lo hizo. Cuando se lo dijo a Fernando, el abrazo fue parecido al del último verano en el campo: entender que aunque quisieran, no podían. “<strong>Otra vez no es el momento”, le dijo él resignado</strong>, pero convencido de que no era el final.</p>



<p><strong>Cuando Lucrecia supo que estaba embarazada un mes después y se llenó de dudas.</strong> ¿Estaría esperando un hijo de él? “No podía saberlo, porque con la culpa y la convicción del reencuentro con mi marido, también había estado con él. Tampoco podía cargarle esa duda a ellos, ni a Fer ni al hombre que había elegido como padre de mis chicos, que era un padre amoroso que nos adoraba a mí y a ellos –cuenta–. No se lo dije a nadie. Ni a ellos, ni después a mi hijo. Ni siquiera a una amiga. Me olvidé del tema cuando vi el enganche que había entre Fran y su papá. Yo no era quién para romper eso con algo que ni siquiera sabía si era real”.</p>



<p>Sólo a veces le parecía descubrir a Fernando en un gesto o una mirada de su hijo menor, pero enseguida volvía a olvidarse. “Era raro, porque&nbsp;<strong>ese secreto me torturaba, pero a la vez me daba felicidad</strong>&nbsp;saber que tal vez había algo que nos ataba para siempre”, dice. También cuenta que los dos hicieron un esfuerzo enorme por no verse ni hablar más, y que por eso las comunicaciones entre ellos estaban cortadas más allá del amor que, otra vez, estaba intacto. “Ya habíamos tomado una decisión y eso era muy difícil, porque a veces uno sabe que las decisiones que toma van completamente en contra de las emociones que tiene, pero que son las decisiones más sabias. Uno sabe lo que va a resignar con una relación y lo que va a resignar con otra, y elige qué resigna y qué tipo de problemas quiere tener. Eso no hace menos dolorosa la separación.<strong>&nbsp;Elegir no te quita el dolor de extrañar</strong>&nbsp;al otro siempre, ni las comparaciones; el ruidito permanente de lo que podría haber sido, que, claro, como es una fantasía, es siempre perfecto”, dice Lucrecia.</p>



<p>Pasaron años de silencio y ella se enteró por Facebook de que él se había casado con una chica que tenía su mismo nombre. Tenían tres hijos varones y parecían felices. El matrimonio de Lucrecia duró “lo que tenía que durar”, y cuando finalmente se divorció, lo primero que hizo fue mandarle un mensaje. Para Fernando también fue imposible decir no.</p>



<p>Volvieron a encontrarse para descubrir que ni ellos ni lo que sentían había cambiado: “Era como si volviéramos a tener 18 años, aunque yo ya tenía 30 y él 32. Otra vez a encerrarnos en hoteles y morirnos de ganas de estar juntos”. Otra vez la pregunta recurrente.<strong>&nbsp;El amor estaba, ¿qué hacían con eso?</strong>&nbsp;“Ahora era a la inversa, yo estaba sola y él casado, pero el debate era el mismo y el dolor también. A él le costó mucho resignar, pero en un punto logró tomar la misma decisión que había tomado yo años antes. Y de nuevo nos separamos con amor y respeto, yo no podía devolverle otra cosa si él también me había entendido a mí en su momento”, dice Lucrecia.</p>



<p>Pasaron los años y las parejas para Lucrecia, mientras Fernando siguió siempre con su mujer y su familia. Fueron otra vez años de silencio y de recordarse con cariño a la distancia (“De sentirnos”, dice ella). Con el tiempo <strong>Lucrecia resolvió la duda sobre su hijo por razones médicas: no era de Fernando</strong>. Sintió que había hecho bien en haber callado. En 2021, después de la pandemia, recibió un mensaje por Instagram. “Cambió el mundo, pero nunca lo que yo siento por vos”, le escribió él sin vueltas.</p>



<p> Se encontraron en el departamento de ella para darse otra vez el mismo abrazo resignado. “Lloramos mucho porque sabíamos que ya no había esperanzas para nosotros en esta vida, quizás en otra. Nuestro amor había logrado traspasar muchas barreras y llegar puro y con la misma intensidad de la adolescencia a nuestros 50 años. Elegir ahora estar juntos sólo sería arruinarlo, arruinar la fantasía que teníamos del otro. Ese refugio que nos creamos en la cabeza para seguir adelante todo ese tiempo”. </p>



<p> Como cuando eran dos chicos sin miedo de quererse, él agarró su guitarra para regalarle una canción: “Compraría un palco en tu ventana/ Para verte abrir los ojos con el sol cada mañana/ Pero tu estrella es tan lejana/ Que juro que me lo guardo con dolor, aunque me sangra”. El tema es de Nahuel Pennisi y se llama <em>Universo Paralelo</em>. Lucrecia dice que ningún manual le explicó como esa canción su historia con Fernando. “Es que <strong>los dos somos el universo paralelo del otro y sabemos que lo vamos a ser toda la vida</strong>. Los dos sabemos que si algún día se da la circunstancia, si estamos libres y coincidimos en esa libertad, capaz, que las paralelas se juntan. Y si no será la próxima, porque yo estoy segura de que nos vamos a encontrar en el infinito”. </p>



<p><strong> Amores Reales, por Infobae</strong>, es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. </p>
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		<title>Instagram, un nuevo termómetro del amor</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Aug 2018 13:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[Es sólo una percepción. Pero muy fuerte y extendida entre usuarios de redes sociales. Si hay más de cuatro meses de contenido publicado sin la pareja, es probable que la persona en cuestión se haya separado o esté atravesando una crisis. Así lo percibió Juan Sapia en su relato de la sección Mundos Íntimos, publicado...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Es sólo una percepción. Pero muy fuerte y extendida entre usuarios de redes sociales. Si hay más de cuatro meses de contenido publicado sin la pareja, es probable que la persona en cuestión se haya separado o esté atravesando una crisis. Así lo percibió Juan Sapia en su relato de la sección Mundos Íntimos, publicado la semana pasada en Clarín. «No estaba del todo equivocado», aclara. Por esa única percepción, salió cuatro meses con una mujer que tenía una «pareja abierta» con su novio.</strong></p>
<p>A él lo había visto en el timeline de ella cinco meses atrás, pero en un momento comenzó a notar que estaba invisibilizado: «Se separaron», pensó.</p>
<p>Un estudio de la Sociedad para la Personalidad y la Psicología Social dio la vuelta al mundo por su título tan actual: «¿Podés decir que estoy en una relación? Visibilidad de apego y pareja en Facebook (y otras redes)». Afirma que el estado de «apego»- no habla de amor- subyace en todo lo que publicamos en las redes sociales. Más llano: que mostramos si estamos o no en pareja, o si estamos en crisis, cada vez que posteamos un contenido.</p>
<p>Tras reclutar a 108 parejas universitarias de Estados Unidos para llevar un diario sobre su relación online durante dos semanas, los hallazgos le dieron «me gusta» a esta hipótesis.</p>
<p>«Los individuos con tendencias a compromisos laxos y poco duraderos mostraron un bajo deseo de visibilidad de su relación, mientras que los ansiosos y más posesivos mostraron y demandaron una alta visibilidad». Pero además confirmaron que varias parejas confesaron haber tenido peleas fuertes porque el otro o no subía fotos juntos o se cansaba de «tener» que hacerlo.</p>
<p>El psicólogo Gabriel Cartañá, que participa del programa de parejas «Ojos que no ven» por El Trece, escucha estas historias de Instagram desde el diván. Tanto, que puede delimitar los «pecados» en los que caen las parejas que se excitan más por subir fotos de ellos que por tener sexo –según publica <strong>Diario Clarín</strong>-.</p>
<p>«El conflicto inicial se da porque uno se niega subir fotos y el otro espera que suban. Pero el que quiere que suban no quiere pedirlo. Desea que el otro lo haga espontáneamente. Y&#8230; por no pedirlo&#8230; el otro no lo hace», resume Cartañá. La pelea que puede durar horas, o días, o convertirse en el final de temporada para esa pareja, aclara el experto.</p>
<p>«¿Por qué no subís nunca una historia conmigo?»; «Si veo que alguien no sube fotos de la novia pienso que está soltero». Cuando aparecen frases como esas, si el tironeo por la publicación de novios «no se sostiene con una relación fuerte», llega la separación. Con causa justa, al menos, para uno de los dos. No por la foto -que no es más que eso-, no por el «me gusta» -que en general más que una provocación de celos es un malentendido-, es por la percepción con la que arrancó esta nota.</p>
<p>Un segundo informe, realizado por Emily L. Dix y Lydia F. Emery, sostiene ese «pecado». Afirma que «cuando algunos usuarios se sienten inseguros sobre los sentimientos de su pareja, y no quieren perderla, tienden a hacer más visibles sus relaciones». A mostrarse más.</p>
<p>Todos conocemos a esa pareja que nos bombardea con fotos de sus vacaciones y mensajes de «Feliz cumple mes», o fotos de besos increíbles con el hashtag #couplegoals («goles» en pareja). Sin embargo, un tercer informe sugiere que puede ser todo lo contrario.</p>
<p>Esto es así por la hipótesis inicial de que nuestros hábitos de posteo están directamente relacionados con lo que los científicos sociales denominan «visibilidad de las relaciones»: la medida en que hacemos que nuestras relaciones formen parte de nuestra personalidad online.</p>
<p>Ahí hay otro pecado de los novios que publican todo. Un arquitecto, de 34 años, de Palermo, lo vivió y no quiere dar ni sus iniciales porque su ex «se daba cuenta de todo». Eso es por los «me gusta» que daba a amigas y después se veía obligado a sacar. Pero no es todo. «Yo podía estar disfrutando un trago, con besos, todo. Pero ella tenía que hacer la historia para Instagram. Sí o sí. Insoportable que te lo hagan todo el tiempo», detalla. La relación, claro está, no terminó por eso. «Pero creo que ayudó bastante a querer cortar», narra.</p>
<p>Según las investigadoras, «el impulso de documentar todo puede ser aún más fuerte si el otro es distante». ¿Histeria? No. Instagram. Pero también señalan que detrás de aquel que elige publicarse todo el tiempo en pareja, hay una personalidad que busca la atención positiva de los «me gusta» para suplir la falta de seguridad que le da su relación.</p>
<p>Esto último da de lleno en la última tendencia de los tortolitos online: crear una cuenta de la pareja. O de las familias.</p>
<p>«Lo mejor es la practicidad. Nosotros somos compañeros de vida, de viaje, de trabajo. Casi estamos las 24 horas del día juntos.  Entonces, compartir la cuenta de Instagram se nos hace muy fácil: en general tenemos un estilo similar tanto para la elección de la foto como para la redacción del epígrafe. Claro que cada uno le imprime su particularidad al momento de publicar», detalla Camila Fuster, una licenciada en Comunicadora Social que junto a su novio, que conoció en la facultad, hace tres años decidió comenzar una vida itinerante. Administran la cuenta @trayectoriasenviaje y no usan sus cuentas personales en Instagram.</p>
<p>Para bien o para mal, la verdad que surge de todo esto es que las redes sociales por sí solas no pueden arruinar una relación. Pero sí marcar su pulso interno.</p>
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