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	<title>pareja &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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	<title>pareja &#8211; El Comodorense</title>
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		<title>Yuyito González anunció que se separó de Javier Milei: “No voy a hacer una novela de esto”</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Apr 2025 14:09:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Nacionales]]></category>
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					<description><![CDATA[La conductora reveló que su relación con el Presidente llegó a su fin.]]></description>
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<p><strong>Yuyito González</strong>&nbsp;anunció su separación de&nbsp;<strong>Javier Milei</strong>. Tras casi un año de relación, la conductora reveló que su romance con el Presidente llegó a su fin.</p>



<p>En el arranque de su programa<em>&nbsp;Empezar el Día</em>&nbsp;(Ciudad Magazine), Amalia «Yuyito» González reveló que ya no está en pareja con Javier Milei.&nbsp;</p>



<p>«No voy a hacer una novela de esto, estamos todos bien», se sinceró la ex vedette frente a las cámaras.</p>
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		<title>WhatsApp: ¿qué es el “modo infiel” y por qué todos quieren usarlo?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Jan 2023 16:22:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[Aunque la función no fue creada para engañar a nadie, hay usuarios que han comenzado a llamarlo así porque permite tener dos cuentas con el mismo número. Cada cierto tiempo la aplicación de mensajería instantánea,&#160;WhatsApp, sorprende con actualizaciones constantes con funciones que llevábamos bastante tiempo esperando. Aunque la opción que revisaremos a continuación no es...]]></description>
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<p><strong>Aunque la función no fue creada para engañar a nadie, hay usuarios que han comenzado a llamarlo así porque permite tener dos cuentas con el mismo número.</strong></p>



<p>Cada cierto tiempo la aplicación de mensajería instantánea,&nbsp;WhatsApp, sorprende con actualizaciones constantes con funciones que llevábamos bastante tiempo esperando.</p>



<p>Aunque la opción que revisaremos a continuación no es una novedad, sino un truco que aquellos que quieren mantener conversaciones privadas utilizan.</p>



<p>La utilidad consiste en crear una copia de la aplicación de WhatsApp en nuestro teléfono, de manera de utilizar el mismo número.</p>



<p>Es muy útil si es que compartes tu teléfono con tu pareja y estás manteniendo en reserva una fiesta sorpresa, por ejemplo, o para ocultar conversaciones confidenciales.</p>



<h2>¿Cómo se activa?</h2>



<p>Primero, entra a “Funciones avanzadas” en los ajustes generales de tu smartphone. Se encuentra tanto en el sistema operativo de iOS como en Android.</p>



<p>Una vez ahí, ingresa a la opción “Aplicaciones duales” o “Dual Messenger”.</p>



<p>Busca la aplicación de WhatsApp en el listado de compatibles y marca la opción.</p>



<p>Apenas esté marcado, tendrás dos cuentas de WhatsApp en tu teléfono.</p>



<p>En la nueva deberás registrarte como nuevo usuario. Podrás hacerlo con el mismo número de teléfono.</p>
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		<title>Se enfermó a los tres meses de conocerlo y le dejó el regalo más grande</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Oct 2022 12:01:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Amores reales]]></category>
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					<description><![CDATA[Ernesto y Betina se enamoraron a primera vista y al poco tiempo a ella le detectaron cáncer de mama. Él le pidió que se fuera a vivir a su casa para poder acompañarla: fue el principio de una historia en donde los dos fueron para el otro amor, apoyo y enseñanza El mes que viene...]]></description>
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<p> <strong>Ernesto y Betina se enamoraron a primera vista y al poco tiempo a ella le detectaron cáncer de mama. Él le pidió que se fuera a vivir a su casa para poder acompañarla: fue el principio de una historia en donde los dos fueron para el otro amor, apoyo y enseñanza </strong></p>



<p>El mes que viene se cumplirán diez años. Fue el 25 de noviembre de 2012.<strong>&nbsp;Ernesto dice que fue amor a primera vista.</strong>&nbsp;Que la vio bajar las escaleras de su casa y supo que era ella. En realidad era la segunda vez que la veía: una noche, volviendo de jugar al fútbol con su cuñado, él le señaló desde el auto a una morocha que caminaba por Álvarez Thomas. “Esa chica es compañera mía de la facultad, si querés te la puedo presentar. Creo que está soltera”, le dijo.</p>



<p><strong>Con 29 años, Ernesto era bastante tímido. Nunca había tenido una relación importante,</strong> ni se sentía demasiado cómodo cuando salía con chicas. Había sido el gordito de la clase y hasta el año anterior había vivido con sus padres, un chico bueno y retraído para el que el tema del cuerpo siempre había sido limitante; se había convencido de que no iba a poder estar con nadie, ¿para qué poner a prueba su autoestima en citas que terminaban en desilusiones?</p>



<p>Pero hacía unos meses había bajado mucho de peso, se había mudado solo y tenía un trabajo de oficina que, aunque no le gustaba mucho, le permitía pagar las cuentas. Tenía ganas de conocer a alguien y le dijo que sí a su cuñado. Era 2012 y el celestino los conectó por Facebook. El ida y vuelta fue corto, enseguida le pidió a Betina su teléfono. “Cuando le escuché la voz, sentí en el momento algo especial, una conexión distinta”, cuenta ahora a Infobae. Después dirá también que fue algo mágico, y su historia lo justifica.</p>



<p>Tocó el timbre de la casa y dice que quedó maravillado: “Los ojos, la mirada, la sonrisa”, le parecía que con ella todo podía ser más fácil, la naturalidad de tener ganas de lo mismo.&nbsp;<strong>Esa noche fueron a tomar algo y terminaron en su departamento</strong>. A la mañana se despertó feliz de encontrarla en su cama. Ya no se separaron.</p>



<p>Fue todo tan intenso, que un mes después, para Año Nuevo, los dos se presentaron a sus familias. Fue un verano de enamorarse más con cada gesto: “Los dos éramos ansiosos y queríamos estar juntos todo el tiempo”, dice Ernesto. Hasta que,<strong> a fines de febrero, Betina lo llamó llorando. “Tengo cáncer”, </strong>la escuchó decir mientras paraba el auto para tratar de entender lo que estaba pasando.</p>



<p><strong>El padre de Ernesto fue Camilo Raffo, un reconocido gastroenterólogo</strong>&nbsp;que por casi treinta años fue el médico clínico –y en muchos casos, el confidente y apoyo 24&#215;7– del personal del diario La Nación. Ernesto cortó con Betina y lo llamó. “Papi, los estudios dieron esto”, dijo, y le repitió lo que le acababa de decir su novia esperando que no fuera cierto. “Sí, es cáncer de mama”, le respondió sin vueltas el padre.</p>



<p>Hacía sólo tres meses que estaban juntos, pero Ernesto no dudó un segundo: <strong>“Te venís a casa, quiero cuidarte”</strong>, le dijo a Betina esa misma tarde. El pronóstico era bueno; <strong>el nódulo estaba en un ducto y pudieron sacarlo completo</strong> cuando la operaron. Pero eso no hacía menos angustioso el hecho de que esa pareja tan fuerte como nueva tuviera que pasar en un segundo del juego de descubrirse en la atracción mutua al compañerismo en la convalecencia. Ernesto, que la ayudaba a bañarse y a vestirse mientras tenía los drenajes, un día la encontró desconsolada en la ducha, justo a ella que era puro optimismo. Más que las molestias postquirúrgicas, le dolía no verse linda frente al hombre con el que –estaba segura– quería compartir la vida y los proyectos.</p>



<p> Y sin embargo, en muy poco tiempo, la vida y los proyectos se impusieron de nuevo. Rayos, controles periódicos, pero la certeza, sobre todo en ella, de que le habían ganado al miedo.<strong> Ese año la madre de Ernesto también se enfermó y murió a los pocos meses, en noviembre de 2013. Fue Betina entonces la que estuvo para acompañarlo y también para apuntalar a su padre, que terminó muriendo también un año más tarde.</strong> “A veces creo que nos cruzamos para que ella me bancara en ese duelo que solo se me hubiera hecho imposible –dice el menor de tres hermanos de una familia que siempre fue muy unida–. Y, de alguna manera, también para enseñarme a duelar las personas que más amaba; porque, sin saberlo entonces, me hizo fuerte para poder enfrentar después la tristeza de perderla a ella”. </p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="563" height="420" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2022/10/amores3.jpg" alt="" class="wp-image-464312"/><figcaption> <br>La pareja viajó mucho. Betina deseaba ser madre pero el médico le había dicho que debía esperar cinco años después de un cáncer hormonal </figcaption></figure>



<p>Durante los años que siguieron, Ernesto y Betina se entregaron a disfrutar de la aventura de haberse encontrado.&nbsp;<strong>Viajaron por el mundo, fueron felices y soñaron con formar una familia.&nbsp;</strong>“Betina tenía un enorme deseo de ser madre, y una vocación maternal que volcaba en nuestros sobrinos, en los hijos de nuestros amigos y hasta conmigo”, dice él, y se emociona cuando cuenta que por ella descubrió incluso su oficio y se especializó, de a poco, en la venta de productos de coctelería, algo que siempre le había gustado.</p>



<p><strong>El ginecólogo le repetía que tenía que esperar por lo menos cinco años para intentar quedar embarazada después de un cáncer hormonal, pero Betina insistía. Tenía 37 años y el amor y el reloj biológico latiendo a toda velocidad:</strong> transó con el médico en tres años y medio. Entonces interrumpió el tratamiento y eso también fue mágico, dice Ernesto: era octubre de 2016 y al mes, el test de embarazo dio positivo. Hacía exactamente cuatro años que estaban juntos cuando supieron que iban a ser padres.</p>



<p>El embarazo transcurrió sin problemas.<strong>&nbsp;Guille nació amada, perfecta y rosadita el 12 de julio de 2017.&nbsp;</strong>Betina podía darle la teta sólo con la mama que no había sido operada y se esforzó por hacerlo de todos modos. Había que complementar con fórmula, así que la beba dejó de prenderse, y el ginecólogo aprovechó para que retomara los estudios postergados durante el embarazo. Ella se había encontrado un bulto muy grande del lado con el que amamantaba y en un principio le dieron antibióticos pensando que podía ser mastitis –una típica inflamación asociada a la lactancia–. Pero la punción no dejó lugar a dudas: el cáncer había vuelto y esta vez era más agresivo.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" loading="lazy" width="570" height="423" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2022/10/amores2.jpg" alt="" class="wp-image-464313"/><figcaption> <br>Un momento de felicidad absoluta. Betina tenía a Guillermina entre sus brazos </figcaption></figure>



<p>Betina empezó la quimioterapia cuando Guille –o Willy, como también la llaman su papá y sus tíos– tenía siete meses. “Nunca se había sentido tan mal como cuando volvió de la primera sesión, esa noche fue terrible. Pero reaccionó bien, <strong>el tumor se redujo y pudieron operarla”</strong>, dice Ernesto. Para él fue un momento tanto o más angustiante que la primera vez que la oyó decirle “tengo cáncer”; ahora ya no eran sólo ellos dos contra el mundo: ¿Y si le pasaba algo? ¿Si se quedaba solo con Willy?</p>



<p>La energía de Betina no dejaba lugar para esas preguntas: “Era una mina que iba siempre para adelante, nunca se permitió pensar en la muerte. Decía ‘estoy bien’, y aunque teníamos ayuda, estaba pendiente de la beba y jamás dejó de hacer nada. Me repetía ‘<strong>No te preocupes, porque yo no me voy a morir, yo me voy a curar, me voy a salvar’, y vivió así”.</strong></p>



<p>Cuando parecía que todo estaba bien de nuevo y el tumor estaba bajo control, <strong>Ernesto le propuso casamiento.</strong> “En realidad se lo había pedido mil veces, pero nunca encontrábamos el momento. Entonces pusimos fecha y nos casamos el 21 de diciembre de 2018. Betina todavía estaba haciendo rayos, pero había terminado la quimio y le había vuelto a crecer el pelo. De hecho, su mayor preocupación en ese momento era ésa: tener lindo el pelo para el civil. Y sí, estaba hermosa y fue todo espectacular”, cuenta.</p>



<p><strong>Se fueron de luna de miel a Miami y a Punta Cana en un plan muy familiar:</strong>&nbsp;primero visitaron a la hermana de Betina que vive en Estados Unidos y viajaron con la madre de ella que había quedado viuda de manera repentina sólo diez días antes del casamiento. También llevaron a Willy, por supuesto. Y aprovecharon para pasar por Disney y que madre e hija disfrutaran de un plan que no habría tiempo de hacer más adelante, aunque estuvieran seguros de que lo peor había quedado atrás.</p>



<p>Fue al regresar del viaje cuando ella volvió a palpar los signos de que las cosas habían vuelto a complicarse. Otra vez, los médicos probaron primero con antibióticos. Pero pronto tuvieron el diagnóstico: era <strong>otro cáncer de mama, pero agudo y con metástasis</strong>. Pese a la convicción de Betina, para Ernesto ahí sí empezó la sensación de cuenta regresiva: “Mis pensamientos mágicos y su fuerza tremenda me hacían negarlo, pero no podía evitar la angustia. En un momento le dije a mi hermano ‘Tengo miedo’ y me ayudó mucho su respuesta. ‘Si pasa, vas a poder’, me dijo”. Él no quería ni siquiera imaginarlo: era el amor de su vida, su sostén, la mujer que lo había transformado, y también la madre de la hijita que ahora lo aterraba tener que criar solo.</p>



<p> Entre las sesiones de quimio, seguían viajando y tratando de hacer una vida lo más feliz posible, la de dos enamorados con la beba que habían deseado tanto. Pero cada vez se hacía más duro. <strong>En febrero de 2020 Betina empezó a tener mareos y dolores de cabeza fuertes.</strong> Ernesto tenía programada una operación de vesícula y ese mismo día Betina fue con su madre a una guardia. Cuando despertó de la anestesia, su hermano le dijo –también como con anestesia–, que Betina tenía metástasis en el cerebro y en el hígado. “Fue el peor día de mi vida –dice Ernesto ahora–. Boleado como estaba pedí que me dieran el alta. Lo único que quería era verla”. </p>



<p>Ella salió de la clínica un 14 de febrero y Ernesto también ve la magia en eso.&nbsp;<strong>“Pudimos festejar los tres juntos el Día de los Enamorados</strong>”, se emociona. Con su pañuelo en la cabeza y como podía, Betina hizo la adaptación del jardín de Guille hasta que las clases se interrumpieron por la pandemia. “Estaba feliz en ese ámbito, era muy sociable y siempre había esperado ese momento, así que estaba en su salsa entre las mamás del colegio que todavía la recuerdan con cariño”, cuenta Ernesto.</p>



<p>No le dejó instrucciones sobre cómo educar a su hija, tal vez desde la confianza plena que había puesto en él desde el primer momento. Tal vez porque hasta el último segundo se aferró a la vida y pensó que no iba a ser necesario: “¿Por qué me están llevando?”, fue lo último que le preguntó a Ernesto antes de que la internaran y perdiera la conciencia.</p>



<p>Terminal y con morfina, seguía aferrada a la vida con uñas y dientes, dice Ernesto. “No se iba, y entonces mi hermana me dice: ‘Quiere despedirse de Guille’. Yo no podía llevarla, no quería que viera así a su mamá, no podía hacerle eso. Nosotros hacíamos relevos para acompañarla y yo justo estaba con Betina, dándole la mano, cuando mi hermana me pasó un video de Guille que le hice escuchar aunque ella estaba completamente desconectada. Y entonces sí, empezó a respirar distinto, cada vez menos hasta que se apagó. Se apagó al lado mío”, recuerda.</p>



<p>A su hija se lo explicó con palabras simples: “Mamá va a estar siempre en tu corazón y ahora es una estrellita en el cielo”. Con dos años, Guille lo naturalizó. Dijo apenas: “Bueno”, y siguió con sus juegos. “Es una nena feliz”, dice él ahora.</p>



<p>Betina sabía, como el hermano de Ernesto, que cuando llegara el momento él iba a poder. Y aunque al principio la tristeza hizo que se descuidara y engordara mucho, <strong>cuando todos los análisis le dieron mal, entendió que su hija no podía perderlo a él también. “Me había comido la angustia y toqué fondo. Hice un clic, bajé de peso, volví a hacer deportes, y me apoyé mucho en mi familia y en la de Betina que ahora también es la mía.</strong> ¡Todavía viajamos juntos con mi suegra!”, cuenta.</p>



<p> Hace un tiempo, casi como una terapia, <strong>Ernesto comenzó a subir videos con Guille a Instagram y TikTok </strong>(@ernestraffo)–donde tiene casi cien mil seguidores–. <strong>En uno, que se volvió viral, su hija que hoy tiene cinco años, le pide conocer la casa en la que vivió su mamá, algo que pudieron hacer con ayuda de la nueva dueña.</strong> Con toda su inocencia, llega y la recorre esperando encontrar un rastro de Betina entre los muebles y objetos, o cuando se abra la puerta. La misma puerta que al abrirse hace una década le cambió para siempre la vida a Ernesto. </p>



<p>Amores reales de Infobae. </p>
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		<title>Ella era la hija de dueño de la estancia, él era el hijo del puestero y por amor desafiaron a todos</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Sep 2022 13:35:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Amores reales]]></category>
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					<description><![CDATA[Kate y Fidel se conocieron cuando eran niños en el campo de La Pampa de los padres de ella. Allí trabajaban los padres de él. Cuando fueron jóvenes se enamoraron. Enfrentados con sus familias, los dos tomaron una drástica decisión Esta historia resulta incómoda de contar. Y fue incómoda de vivir, sobre todo al comienzo....]]></description>
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<p><strong> Kate y Fidel se conocieron cuando eran niños en el campo de La Pampa de los padres de ella. Allí trabajaban los padres de él. Cuando fueron jóvenes se enamoraron. Enfrentados con sus familias, los dos tomaron una drástica decisión </strong></p>



<p>Esta historia resulta incómoda de contar. Y fue incómoda de vivir, sobre todo al comienzo. Habla de la capacidad del amor para traspasar barreras sociales y, también, de la tenacidad de sus protagonistas para enfrentar esas fronteras no dibujadas en ningún mapa.</p>



<p>El nacimiento del amor ocurrió hace más de tres décadas en la provincia de La Pampa en <strong>una estancia, cuyos dueños de orígenes ingleses, Nancy y Peter</strong>, vivían gran parte del año, con sus tres hijas: <strong>Mary, Dolores y Kate.</strong></p>



<p><strong>Veranos de infancia</strong></p>



<p>Kate, la menor, había nacido casi al mismo tiempo que&nbsp;<strong>Fidel, el hijo de los puesteros del campo.&nbsp;</strong>Cada temporada de vacaciones, verano e invierno, terminaban corriendo por los potreros, jugando a la escondidas en el galpón entre las bolsas de cereales, en el corral de los caballos, sentados sobre los pinchudos fardos de alfalfa con cartas de truco o patinando sobre el barro del camino de entrada para matar el tiempo.</p>



<p>“Tomábamos leche recién ordeñada. Andábamos siempre en patas, trepados a los árboles, y a la hora del almuerzo, cuando tocaban la campana de bronce que colgaba en la galería de la casa principal volvíamos corriendo, cada uno a su comedor.<strong>&nbsp;Él con sus padres y su hermanita; yo a la mesa impecable con mantel de lino blanco y servilletas de género&nbsp;</strong>que mamá insistía en usar. Me sentaba sucia por mis andanadas, con las uñas llenas de barro, hasta que algún mayor reparaba en mí y me mandaban al baño a limpiarlas con un cepillito. Fueron años de libertad absoluta, nadie nos controlaba y teníamos cero comprensión de las diferencias sociales que podían haber entre nosotros. A mí nada me importaba y a él tampoco”, cuenta hoy Kate desde sus 36 años.</p>



<p>Pero llegada la adolescencia las cosas cambiaron.</p>



<p><strong>El dolor de crecer</strong></p>



<p>Pasaron los años y a Kate, que vivía en la gran ciudad, le crecieron las lolas. Se indispuso, empezó a jugar al tenis en el club y comenzó a salir a fiestas de 15. Fidel era larguirucho, se había vuelto un chico más retraído, y en sus patas de alambre todavía no asomaban los pelos.</p>



<p>“Pero Fidel era Fidel. Era como mi hermano del campo. <strong>El único varón con el que me relacionaba libremente sin pensar si le gustaba lo que yo tenía puesto.</strong> Todas mis amigas del colegio sabían quién era Fidel y algunas hasta lo conocían porque habían venido a veranear conmigo. A los 15 a mí ya se me había despertado el deseo con algunos chicos, pero con él podía ser la misma de siempre, sin pintura ni ropa especial. Pero al mismo tiempo que yo sentía todo con esa naturalidad, <strong>los grandes en mi casa comenzaron a preguntar a dónde íbamos, qué hacía todo el día con Fidel</strong>, que pin que pan… El control que apareció fue paulatino y me sorprendió un poco, pero lo terminé aceptando. Por otro lado, era cierto que yo sentía que con mi vida actual tenía menos para compartir con él. No podía contarle lo que me pasaba en Buenos Aires, él no conocía la ciudad, ni hacía deportes. Yo avanzaba en el colegio y él estaba atrasado dos años en la escuela rural… ¡Qué sé yo! Era como que estábamos creciendo distinto y eso me generaba algo que no sé describir. Podría decirte que era pena o tristeza. Pero apenas volvía a Buenos Aires mi vida volvía a explotar y me olvidaba de ese sentimiento”.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" loading="lazy" width="637" height="519" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2022/09/pareja-1.jpg" alt="" class="wp-image-453443"/></figure>



<p><strong>La sorpresa de la transformación</strong></p>



<p>“Fue el verano en que yo había cumplido 18, donde la cosa pasó a mayores. Yo ya había tenido un novio durante unos cuatro o cinco meses. Había sido un desastre la relación y me había quedado un pésimo recuerdo. El tipo resultó ser un mujeriego, medio chanta. Me había sentido estafada por él. Mis amigas tenían novios mejores, más compañeros. Bueno, lo cierto es que ese verano andaba con el corazón vulnerable. Una noche, de aburridos no más, con Fidel salimos a caminar por el campo como cuando éramos más chicos. Todos andaban por ahí, pero nadie nos vio irnos. Fue una caminata, por el larguísimo camino de entrada de la estancia, entre los enormes eucaliptos y las huellas de los autos. Si bien llevábamos linternas, íbamos en la oscuridad aprovechando la luz de la noche estrellada y de la gran luna que era como un farol. ¡Creo que fue ese especial clima nocturno lo que nos hizo ir a caminar! Esta vez a Fidel lo había encontrado alto, grandote, con las piernas peludas y la voz super gruesa. Me atrajo. Me acuerdo que bromeé y le dije que parecía un viejo… Él, callado como siempre, solo&nbsp;<strong>me agarró de la mano en la mitad del camino.&nbsp;</strong>Cantamos zambas, me contó de unos robos de hacienda que habían ocurrido en el invierno y yo de las materias que tendría en el primer año de la carrera de veterinaria en la facultad. En un momento de bromas quise enseñarle un trabalenguas y nos empezamos a reír como locos porque no le salía… En un momento él me alumbró la cara con la linterna. Yo lo empujé para que me sacara la luz de la cara y mientras estaba encandilada todavía,&nbsp;<strong>me dió un beso. Lo abracé y nos tiramos en el pasto.</strong>&nbsp;¡Para qué seguir contando!”, se ríe Kate de sus propios recuerdos.</p>



<p>No hubo cuidados de ningún tipo. Los dos eran vírgenes. Fue el verano del amor total, pero no sin conflictos.</p>



<p>Porque si bien esa noche no se enteró nadie de la caminata amorosa, las siguientes veces que quisieron hacer lo mismo no fue tan fácil.</p>



<p>Nancy, preocupada porque los notó peligrosamente cercanos, intentó hablar con Kate para hacerla entrar en razón.<strong>&nbsp;Le dijo que tenían vidas distintas con un diferente nivel cultural,</strong>&nbsp;que sus padres eran empleados de ellos desde siempre y que cualquier tontería podía enturbiar la relación. Además, ¿qué futuro le podría dar Fidel que todavía no había terminado ni quinto año? Siguió enumerando: a ella le gustaba leer, ir al teatro, hacer deporte y viajar.&nbsp;<strong>Fidel no podría pagar nada de eso&nbsp;</strong>y jamás leía nada de nada. “Lo que me decía tenía sentido. Eran frases disuasorias típicas de cualquier madre que pretende para su hija un marido brillante, exitoso, triunfador, que trabaje en una súper empresa o que sea un gran profesional”, reconoce Kate. Lo cierto es que&nbsp;<strong>Fidel y su familia no tenían ni casa propia</strong>&nbsp;y el joven seguía pedaleando el secundario sin demasiada energía.</p>



<p>Kate supo que no podía llorar en público. Después de todo, los ingleses tienen eso de que se la bancan, pensaba. Pero en su cuarto, escondida debajo de las sábanas, suspiraba entre lágrimas porque no veía la salida a sus pasiones y deseos. Ni a sus hermanas, que andaban en historias mucho más convencionales, se animó a contarles nada. ¿¡Cómo les iba a decir que tenía relaciones sexuales y que <strong>se había enamorado de Fidel </strong>el hijo de los puesteros!?</p>



<p><strong>Intento de olvidar</strong></p>



<p>La primera batalla la ganó la familia.<strong>&nbsp;Kate volvió a Buenos Aires</strong>, y comenzó primer año de veterinaria. Soñaba con vivir en el campo. Y, por supuesto, se volvió a enamorar. Esta vez fue de un amigo de una compañera de la universidad.</p>



<p>Pero no elegía bien. Tampoco este resultó un gran candidato. No era un futuro empresario ni un gran intelectual ni tampoco un buen compañero.</p>



<p>“Leandro había dado la vuelta al mundo como mochilero, lo que le daba una pátina de cultura para que todos los aceptaran más… pero la verdad es que<strong>&nbsp;se pasaba la vida fumando porro.</strong>&nbsp;A mí me había gustado su aparente tranquilidad y su pasión por la naturaleza. Pero no anclaba en nada, era como que flotaba por su existencia. Parecía un pacífico gurú, pero resultó que esa calma artificial camuflaba su gran vagancia. Tampoco se hacía cargo de mantener una relación. Enseguida mostró la hilacha:<strong>&nbsp;lo pesqué in fraganti en varias mentiras.&nbsp;</strong>Lo que más me shockeó fue que me había estado engañando con que estudiaba sociología… ¡Pero el tipo no hacía nada! Unas amigas me dijeron que habían escuchado que lo de la carrera de él era un cuento chino. Lo enfrenté ese mismo día. El caradura me dijo que había dejado de ir a cursar porque no le gustaba la carrera y que quería estudiar otra cosa. ¡Yo era la novia y no me lo había contado! Además, empecé a sospechar de una amiga de él, sentía que coqueteaba con ella. Me dolió el alma la desilusión, pero no tuve piedad. Si a los seis meses ya me engañaba con todo ¿¡qué sería después!? Siempre tuve carácter, decidí cortar la relación. Lo increíble fue que&nbsp;<strong>por él no lloré ni una sola vez.&nbsp;</strong>Ese mismo fin de semana pedí el auto prestado en mi casa, lo compartía con mi hermana, la que todavía vivía con la familia, y me fui a La Pampa”.</p>



<p>Lo único que Kate quería realmente era&nbsp;<strong>refugiarse en los brazos de Fidel.</strong>&nbsp;Ya tenían 21 años y se habían seguido viendo ocasionalmente cada varios meses, pero con más distancia física y emocional.</p>



<p>Cuando llegó a la estancia lo encontró ahí, como siempre, con su mirada mansa y orgullosa. La recibió con una sonrisa y estuvo dispuesto a conversar de ellos. “Él también había andado con una chica del pueblo que trabajaba como maestra, pero hacía poco habían dejado de verse.&nbsp;<strong>Me dijo que no se había enamorado como le había pasado conmigo”</strong>, relata Kate.</p>



<p><strong>Animarse a dar el paso</strong></p>



<p>El reencuentro fue apasionante y movilizador. Por primera vez se sentaron mate de por medio, solos, para hablar a fondo del problema que tenían: la diferencia social que los mantenía alejados. Por suerte,&nbsp;<strong>Fidel ya había aprobado quinto año&nbsp;</strong>y se había puesto a trabajar en el campo para ayudar a su padre y, también, colaboraba con unos consignatarios de hacienda. Hablaron de la resistencia que habría en la familia de Kate y de las discusiones por el mismo tema que ya habían surgido en la de Fidel.<strong>&nbsp;Los padres de Fidel también hablaban de diferencias sociales</strong>, de la forma de vida que él no podría darle a ella, que Kate estaba acostumbrada a otra forma de manejarse, que todo esto podría arruinar la relación de las familias y que ellos vivían de su sueldo en la estancia. En definitiva,&nbsp;<strong>opinaban, sin decirlo, que él era demasiado poco para ella.</strong></p>



<p>Las olas que levantaría una decisión de pareja serían altas para ambas orillas.</p>



<p>Esa noche, y las que siguieron, fantasearon con que ella podría vivir en el campo, él ocuparse de lo mismo que hacía su padre y seguir con la compra y venta de hacienda. Kate le aseguró que ella amaba la tranquilidad de la vida rural, que no quería vivir en la ciudad y que no tenía grandes ambiciones económicas. Pero estuvieron de acuerdo que de algo tenían que vivir y si tenían hijos habría que mantenerlos y educarlos. Para eso <strong>necesitaban conseguir una economía estable.</strong></p>



<p>“No me preocupaba tanto la diferencia cultural. Era evidente y notoria, pero yo me la bancaba. A Fidel, en cambio, le generaba inseguridad. Lo más difícil, pensé, sería integrar a los grupos de amigos. Cualquier comentario podía ser hiriente o molesto para él o hacerlo sentir fuera de todo. Entre mis amigos había algunos muy leídos y viajados… Fidel no iba a poder meter ni un bocadillo en una charla. No se lo dije porque eso lo iba a tirar para atrás.<strong>&nbsp;Fidel era simple, alegre, cero complicado.&nbsp;</strong>Eso era lo que más me enamoraba de él. Pero también por su propia naturaleza y autopreservación, evitaba meterse en líos. Y yo era un gran lío para su familia. Tuve que convencerlo de que sería yo la que iba a hablar con mis viejos y con los suyos, que teníamos el derecho a probar estar juntos y a formar una familia distinta a la que todos esperaban”.</p>



<p>Quedó decidido. Darían el paso.<strong>&nbsp;Se pondrían de novios.</strong>&nbsp;Para las dos familias, la revelación de que habían reanudado la historia formalmente, fue como una bomba.</p>



<p><strong>Nancy y Peter se pusieron en guardia.</strong>&nbsp;Le recriminaron que fuera ella la que siempre daba que hablar y traía problemas en su casa. Ella les respondió que enamorarse no era un problema. Ellos le dijeron que depende de quién, podía serlo y que su accionar era inmaduro y que podía lastimar no solo a Fidel sino a toda la familia de él.<strong>&nbsp;Su madre habló de ruptura de códigos</strong>&nbsp;y que de eso no solían salir cosas buenas.</p>



<p>Varias semanas después, cuando los ánimos se habían calmado un poco, Kate les anunció que se mudaba al campo y que abandonaba la facultad. Otra marejada de reproches que la dejó paralizada. Fue su padre quien, esta vez, tomó la palabra.&nbsp;<strong>Dijo que era una inconsciente por abandonar una carrera como veterinaria.</strong>&nbsp;No estudiar era una completa irresponsabilidad cuando se tenía la posibilidad. ¡No todos podían hacerlo! Le dejó claro: ella era una privilegiada, era de ignorante no aprovechar la oportunidad.</p>



<p>Por su parte,&nbsp;<strong>la familia de Fidel estaba azorada.</strong>&nbsp;Los padres y su hermana menor, Rosita, contemplaban a la distancia el incendio, enmudecidos. No se animaban ni a abrir la boca.</p>



<p>Kate estaba resuelta, solo pedía que la dejaran instalarse en el campo. Ellos no se negaron, pero se mostraron en total desacuerdo.<br></p>



<p>“No los escuché más. No me iban a convencer. Me fui y me instalé en la casa. Sabía perfectamente que&nbsp;<strong>mis viejos me consideraban la oveja negra de la familia.</strong>&nbsp;Capaz que lo era. Era distinta al resto, siempre lo había sido. Tenía miedo de que mis padres se arrepintieran y me dijeran que tenía que irme de ahí. Pero no ocurrió. Fueron prudentes y solo esperaron a que se me pasara el arrebato. Pero eso no pasó. Mi noviazgo siguió, se consolidó y empecé a colaborar con los animales en el campo y con lo que había aprendido en mis estudios. No me acuerdo cuánto tiempo después empecé a insinuarle a mis viejos que&nbsp;<strong>quería construir una casita para vivir con Fidel detrás de la de ellos.&nbsp;</strong>Mientras tanto, yo seguía en la casa principal y Fidel dormía con sus padres. Jamás atravesamos ese límite implícito que era que Fidel se viniera a vivir a la casa de mis padres”, recuerda Kate.</p>



<p><strong>Nancy y Peter la vieron tan decidida que consintieron</strong>, siempre y cuando fuera la pareja la que pagara la nueva construcción. Demoraron como dos años.</p>



<p>“La casita la hicimos con dos pesos, un poco nosotros y otro poco con ayuda de los primos de Fidel. Quedó amorosa. Dos cuartos y un living cocina integrado.&nbsp;<strong>Nos mudamos juntos cuando teníamos 24 años y yo ya estaba embarazada de 3 meses.&nbsp;</strong>No se lo habíamos, todavía, comunicado a nadie. Te soy franca: no extrañaba nada de mi vida anterior. Viviendo en el campo el miedo de integrar a los amigos quedó en la nada. Los veía poco y cuando venían era a mi casita con Fidel y todo era bastante normal”, cuenta.</p>



<p>Fidel trabajaba con ganas y entre los dos lograron crecer.&nbsp;<strong>Nació Isabel y en los años que siguieron se sumaron a la familia Marcos y Matías.&nbsp;</strong>La casita les quedó chica y sus padres los ayudaron a ampliarla.</p>



<p>Ya adoraban a sus nietos.</p>



<p><strong>¿Adiós prejuicios?</strong></p>



<p><strong>“Papá finalmente aceptó a Fidel más que mamá&nbsp;</strong>que siempre se mostraba un poco más de prejuiciosa. Cuando venía gente que ella consideraba importante a comer me pedía que le enseñara cómo se agarran los cubiertos y modales. El día que nos casamos por civil estaba muy preocupada por lo que se iba a poner. O cuando vinieron de visita los suegros de mi hermana al campo por unos días, preguntaba cómo presentarles a mis suegros… ¿era conveniente juntarlos a todos? Era raro porque<strong>&nbsp;eran mis suegros, pero también eran sus empleados</strong>. Esos eran sus problemas. Definitivamente, a mamá le costó muchísimo más, estaba más encorsetada en sus reglas y costumbres. Pero&nbsp;<strong>con los nietos las cosas se aflojaron un montón.</strong>&nbsp;Terminaron aceptando a Fidel y fue como que se fueron olvidando de sus primeros miedos. Empezaron a tomarse las cosas con más risa y menos seriedad. ¡Maduraron! Todavía a mi vieja se le escapa alguna inconveniencia, pero yo me hago la distraída. No me gusta confrontar. Elegí esta vida porque me da paz y no voy a dejar que una boludez de ella sin mala intención me la arruine. Cada uno que se haga cargo de lo propio. De lo único que me arrepiento, si tengo que reconocerte algo, es de haber dejado veterinaria. ¡Me encantaba mi carrera y me hubiese venido muy bien tener el título! Pero quedarme en Buenos Aires hubiese sido dejar a Fidel un par de años más. No estaba dispuesta a pagar ese precio. Él no va a hablar, no le gusta. Sabe que estoy contando nuestra historia, aunque antes&nbsp;<strong>tuve que asegurarle que nadie lo va a reconocer.</strong>&nbsp;Es una lindísima historia de amor ¡cómo no voy a contarla! Hasta hoy seguimos juntos y contentos. Con lo bueno y lo malo que tienen todas las parejas, pero nos queremos. Mis tres hijos ya están en la primaria. Lo que sí tenemos claro con Fidel es que intentaremos que ellos sí estudien una carrera. Nos damos cuenta de la importancia de hacerlo, queremos que ellos puedan progresar. Además, no sabemos si este campo seguirá dando para que vivamos todos porque mis hermanas tienen maridos e hijos también y la familia es muy grande. En algún momento ya mis padres no estarán y esta tierra tendremos que dividirla y venderla. Falta, pero soy consciente que algún día eso llegará y quiero que nuestros hijos sean económicamente independientes”.</p>



<p>Hace unos meses murió de cáncer la madre de Fidel.&nbsp;<strong>Kate confiesa que con su suegra la relación no fue tan fluida.&nbsp;</strong>Hubo varios encontronazos relacionados con la crianza de los nietos, pero no quiere contar nada más al respecto.</p>



<p>Kate y Fidel, como muchas otras parejas,&nbsp;<strong>se animaron a desafiar prejuicios</strong>&nbsp;para, parafraseando al escritor inglés Julian Barnes, vivir la “única historia”.</p>



<p>La de amor, la de ellos, la que lleva su sello.</p>



<p>Y, hasta ahora, no se han arrepentido.</p>



<p><em> Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas, para Infobae.</em><br></p>
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		<title>No tenían dinero, abren una cuenta en OnlyFans y juntan 21.000 dólares en un mes para una casa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Sep 2022 23:28:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[virales]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>
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					<description><![CDATA[Jasmine Grogan conoció a Macauley Murchie cuando era indigente. Formaron una familia y suben contenido para adultos. Jasmine Grogan conoció a Macauley Murchier en la puerta del supermercado cuando era un indigente. Fue el inicio de una historia de amor entre los jóvenes, que ya tuvieron hijos y ahora abrieron una cuenta en OnlyFans. La...]]></description>
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<h5><strong>Jasmine Grogan conoció a Macauley Murchie cuando era indigente. Formaron una familia y suben contenido para adultos.</strong></h5>



<p>Jasmine Grogan conoció a Macauley Murchier en la puerta del supermercado cuando era un indigente. Fue el inicio de una historia de amor entre los jóvenes, que ya tuvieron hijos y ahora abrieron una cuenta en OnlyFans. La pareja ya juntó 21 dólares en un mes para la hipoteca de la casa. </p>



<p>Tal como cuentan la historia los propios protagonistas de Reino Unido oriundos de Canadá, reflejó el <em>Daily Star</em> y se <strong>hizo viral</strong> en su momento, hoy suman un nuevo capítulo con <strong>contenido erótico para adultos. </strong></p>



<p>Jasmine, de 19 años, y Macauley, de 22,<strong> luchaban por pagar sus cuentas</strong> antes de tomar la decisión de llevar su amor a Internet.</p>



<p>Recaudaron US$ 21.000 en su primer mes en el sitio web para compartir contenido picante y ya se están acercando a cumplir el sueño de la casa propia.</p>



<p>La pareja de Blackburn, Lancashire, ahora espera ganar &#8216;al menos&#8217; seis cifras al año»,  y afirman estar desesperados por mudarse de su ciudad natal.</p>



<p><strong>Renuncia como albañil y más dinero</strong><br> Macauley decidió renunciar a su trabajo como albañil para que la pareja pueda concentrarse en el nuevo objetivo a tiempo completo.</p>



<p>Jasmine confía que estaba sumamente preocupada por el elevado costo de vida asociado a las facturas de servicios y la vida cotidiana, por lo que ahora ansía seguir progresando económicamente». </p>



<p>“Realmente nos ha cambiado la vida a ambos, somos financieramente libres a edades tan tempranas y solo va a mejorar. Tenemos granes planes para nuestra familia», agrega ella entusiasmada. </p>



<p>“Solíamos ganar 2.200 dólares entre los dos y ahora nuestros ingresos mensuales podrían oscilar los 10.000 dólares o más», explican la atrevida modelo que cuenta que ya tiene acceso a artículos de lujos que antes era imposible. </p>



<p>“Siempre queríamos más dinero, nos decidimos a abrir la cuenta y fue la mejor decisión que tomamos», expresan quienes desean mudarse de Blackburn a otra zona agradable y tranquila.</p>



<p>Dijo que estaba «un poco ansiosa» por promocionar fotos atrevidas en sus páginas de redes sociales, pero ciertamente valió la pena.</p>



<p>La joven se refirió a los prejuicios que aparecen a la hora de promocionar fotos sexuales: “A cualquiera que esté pensando en hacerlo, no debe dejar que nadie ni nada lo detenga», dijo Jasmine, quien <strong>compartió pruebas de sus ganancias de OnlyFans en TikTok</strong>, donde tiene 154.000 seguidores.</p>



<p><strong>Se enamoró cuando él era indigente</strong><br> Jasmine y Macauley están casados ​​y tienen dos hijos. Y ella compartió el año pasado detalles de su inusual historia de amor en TikTok, que actualiza a diario. </p>



<p>“Conocí a un vagabundo haciendo mis compras. Le ofrecí dinero pero no se negó a aceptarlo», recordó la mujer. Y sigue: «Entré y continué haciendo mi cosas, per no podía dejar de pensar en él»</p>



<p> Cuando terminó en el supermercado, lo buscó nuevamente e insistió con ayudarlo de todos modos, pero el hombre se negó. «Fue cuando me preguntó si necesitaba ayuda para poner mis cosas en un taxi, y le dije que sí», confió. </p>



<p>Lejos de terminar la charla, y tras la negativa del hombre sintecho, Jasmine le preguntó si quería que le llevara algo de comer. Estaba avergonzado, pero aceptó y terminaron yendo a cenar.</p>



<p><strong>Cena, teléfono de regalo, hotel y amor</strong><br> Durante la cena mantuvieron una larga conversación sobre su vida. Después, asegura ella, decidió comprarle un pequeño teléfono celular para que pudieran mantenerse en contacto.</p>



<p>«Había algo diferente en él. Le conseguí un hotel y me fui a casa. Nos mantuvimos en contacto. No podía dejar de pensar en él”, admite a la distancia.</p>



<p>Los canadienses habían intercambiado mensajes antes de su nuevo encuentro. Agradecido por tanta generosidad, Macauley le escribió: “Me alegraste el día, muchas gracias por todo, eres increíble. No puedo dejar de pensar en ti”.</p>



<p>Ella no se quedó atrás y le respondió: “No tienes que agradecerme, tampoco puedo sacarte de mi mente”. Pero no quería que sonara a una despedida después de una única salida, por lo que ahora lo consultó sobre si podía llevarlo a almorzar. </p>



<p>Después de la comida, que incluyó carne, hubo más: Jasmine le preguntó si quería volver a su casa y «pedirle» algo de ropa para ponerse.</p>



<p>«Le compré ropa nueva y le dije que podía quedarse a pasar la noche, pero terminó quedándose mucho más de una noche», cuenta ahora entre risas.</p>



<p><strong>El hombre indicado</strong><br> «Nos enamoramos instantáneamente. Sabía que era el indicado para mí. Fue muy amable», afirma con la certeza de quien disfruta de haber hallado al amor de su vida.</p>



<p>No solo siguió un cambio de look sino también de hábitos y de forma de vida. “Tuvimos varias citas, finalmente se afeitó la barba, se puso dientes nuevos y consiguió un muy buen trabajo», enumera y jura que jamás se separaron desde entonces.</p>



<p>Gracias al acto de bondad de Jasmine y la voluntad de Macauley de ayudarla con sus compras, la pareja sigue junta y «muy feliz», informaba Mirror. Y para completar la fabulosa historia de amor, Macauley le propuso matrimonio a Jasmine… y ya tienen hijos juntos.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" loading="lazy" width="604" height="516" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2022/09/pareja2.jpg" alt="" class="wp-image-451458"/></figure>



<p>“Estamos muy contentos de que nuestros caminos se hayan cruzado y creemos que todo sucede por una razón. Él hizo mi vida mucho mejor y ahora no puedo imaginarme sin él”, agregó. </p>



<p>

Sin dudas, se trata de una historia de amor especial como&nbsp;inusual, que se volvió viral y todavía asombra a quien se entera de ella.

</p>
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		<title>El peor final para una historia de amor tras idas y venidas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Aug 2022 19:34:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Nada para evitarlo]]></category>
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					<description><![CDATA[El argentino Andrés Pescuno y la francesa Cécile Staub se conocieron de casualidad cuando tenían veintipocos años. Este es el homenaje a una historia de un amor verdadero que no pudo durar lo que ambos protagonistas hubiesen deseado El engranaje de esta maravillosa historia de amor funcionó a los tumbos y con intervalos desde el...]]></description>
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<p> <strong>El argentino Andrés Pescuno y la francesa Cécile Staub se conocieron de casualidad cuando tenían veintipocos años.  Este es el homenaje a una historia de un amor verdadero que no pudo durar lo que ambos protagonistas hubiesen deseado </strong></p>



<p> El engranaje de esta maravillosa historia de amor funcionó a los tumbos y con intervalos desde el comienzo. Cuando, al fin, todo parecía rodar amablemente, se averió y terminó por evaporarse en pocos meses. Boda, hijos, vacaciones y proyectos, deseos construidos con el volátil material de los sueños, se diluyeron sin que ellos nada pudiesen hacer para evitarlo. </p>



<p><strong>Andrés Pescuno</strong>&nbsp;(39) es el único entrevistado posible para homenajear a esta pareja donde el amor se relata conjugando los verbos en tiempo pasado. Él todavía está duelando su relación, pero se permite disfrutar de los recuerdos. Están tibios aún y la imagen de&nbsp;<strong>Cécile Staub&nbsp;</strong>permanece en los objetos que lo rodean. Sobre todo, en la cafetera francesa que lo mira cada mañana desde la mesada de la cocina de su departamento en el barrio de Palermo.</p>



<p>Es la historia de un amor inconcluso, no por la falta de cariño o de pasión, sino por las circunstancias impiadosas que les tocó atravesar.</p>



<p>El engranaje amoroso entró en boxes, pero no logró salir de nuevo a la pista.</p>



<p>Quién era Andrés, quién era Cécile</p>



<p>Antes de intentar rearmar esta triste crónica de amor, conozcamos un poco más a cada uno de los protagonistas. Andrés Pescuno nació el Día del Trabajador en 1983 en el barrio de La Paternal, en Buenos Aires. Su madre María Dolores, hoy jubilada, era maestra; su padre Guillermo, corredor de libros y su hermana mayor, Priscila, hoy tiene 41 años y es psicóloga.</p>



<p>Andrés terminó el secundario en el colegio Pellegrini y, luego, estudió Administración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires. A los 23 años, con su amigo del jardín de infantes, Guido, y con otro chico llamado Federico, decidieron independizarse. En septiembre del año 2006 los tres alquilaron juntos una casa en Boedo. Como era enorme y tenían libres dos cuartos decidieron que sería un buen negocio subalquilarlos a otros estudiantes. Dos chicas francesas, Antine y Cécile, que no se conocían entre ellas, fueron quienes terminaron viviendo ahí.</p>



<p>Cécile Staub, también tenía 23 años como Andrés, y había nacido el 19 de julio de 1983. Hacía seis meses que vivía en Buenos Aires debido a un intercambio universitario: cursaba derecho en la Universidad de Belgrano. Cécile, que siempre había residido en París, pertenecía a una tradicional familia francesa. Su padre Vincent había trabajado en Renault toda la vida y tenía tres hermanos mayores: una mujer y dos varones.</p>



<p><strong>El primer encuentro entre ellos fue en la puerta de esa casa de Boedo</strong>, sobre la calle Castro Barros. Andrés lo relata de la siguiente manera: “Yo era el encargado de mostrar las habitaciones. La primera vez que nos encontramos fue cuando vino a ver el lugar. Llegué tarde y la encontré esperando en la puerta.<strong>&nbsp;La primera impresión fue que era una chica muy linda. La segunda, que era rápida y tenía sentido del humor</strong>. Había captado muy bien la onda del país. Era graciosa, irónica, tenía chispa. Sabía lo que era un bodegón, tomaba mate y había comprendido al toque los códigos argentinos. El primer cuatrimestre ella había vivido en una casa en el barrio de Palermo con otros extranjeros, pero quería tener una experiencia más local, convivir con argentinos. Ahí es donde aparecemos nosotros y la casa de Boedo.&nbsp;<strong>Estábamos los dos solteros y pegamos onda enseguida</strong>. Vivíamos en la misma casa, yo era discreto y no le decía nada a mis amigos, pero nos gustábamos”.</p>



<p><strong>El primer beso</strong></p>



<p>Cuando Cécile empezó a vivir en esa casa de cinco, venía de terminar una relación con un chico español.</p>



<p>Con Andrés se gustaron desde el día uno, pero hasta que llegó el primer beso pasó un mes.</p>



<p>Fue una tarde, a comienzos de febrero del año 2007, mientras estaban comiendo helado sentados en el sillón del living que Andrés tomó la iniciativa y le estampó un beso. Ese día nació una relación intensa y, poco tiempo después, se pusieron formalmente de novios.</p>



<p>“Era una muy linda historia, pero tenía fecha de caducidad porque en julio de 2007 Cécile tenía que volver a París para seguir estudiando en su universidad”, aclara Andrés. Disfrutaron de lo que sentían sabiendo que en las vacaciones de invierno sobrevendría la separación.</p>



<p>“Ese año nevó el 9 de julio en Buenos Aires. Fuimos a un barcito y vimos la nieve… Ella cumplió 24 años el 19 de julio y una semana después volvió a París. Yo la acompañé hasta el aeropuerto de Ezeiza”, relata con nostalgia Andrés.</p>



<p>La despedida no fue dramática porque era temporal: Andrés ya se había armado un viaje a Italia para agosto. No había estado nunca en Europa y sería una buena excusa para volverse a ver. Aunque reconoce que “igual siempre estaba el fantasma de que vivíamos en dos países distantes. Cada vez que hablamos del tema no le veíamos la solución porque cada uno quería seguir con sus estudios en su propio país”, admite.</p>



<p>Capítulo italo-fránces</p>



<p>En agosto Andrés viajó y se reencontraron en Florencia, Italia. La fue a esperar a la estación de tren, ella venía desde Milán a dónde había llegado por avión.</p>



<p>Viajaron juntos a Pisa y por la región de la Toscana.</p>



<p>Sin embargo, “el vínculo estaba medio flojo porque no le encontrábamos la vuelta a nuestra historia. No podíamos alinear los caminos. Había amor, pero no sabíamos qué hacer con los sentimientos. Ella no iba a dejar su facultad para ir a Buenos Aires, ni yo pensaba cambiar mi vida en mi ciudad. Éramos muy chicos para decisiones tan importantes. Unos días después, Cécile tuvo que volver a París y yo me quedé viajando un poco más por Italia. Al final del viaje decidí ir a París. Sentía que tenía que hacer un esfuerzo más y verla. Le avisé recién cuando llegué. Cécile vivía con sus padres. La cité en la Tour Eiffel y a ella le pareció muy rara la invitación. No sé, es como que acá alguien te cite en el Obelisco. Pero bueno, fue… La vi solo esa vez y nos pasamos hablando y caminando toda la noche. El paseo era como un paralelismo con nuestra historia, nos dábamos cuenta de que estábamos caminando y caminando sin camino… A las tres de la mañana nos despedimos sin llantos en la Place de la Concorde. Era el 4 de octubre de 2007. Nadie dejaba a nadie, no había corazones rotos. Veníamos masticándolo hacía tiempo y no le hallábamos una solución”.</p>



<p>Dos días después Andrés volvió a Buenos Aires. Las dos primeras etapas de este amor habían culminado.</p>



<p>Separados por doce mil kilómetros</p>



<p>Andrés volvió a su ciudad, a su casa de Boedo y a su vida. Eran tiempos donde las redes sociales no eran las de hoy. El WhatsApp, tampoco. El contacto entre ellos, después de un par de mails insípidos para Navidad, se perdió definitivamente.</p>



<p>Hubo silencio total durante una década.</p>



<p>Andrés terminó su carrera. Tuvo dos novias. Se mudó a vivir solo a un departamento en el mismo barrio.</p>



<p>Así fue hasta que llegó el año 2017. Andrés andaba soltero y su memoria lo asaltó el 4 de octubre: esa fecha diez, años antes, había estado caminando y cavilando por las calles de París con Cécile. ¿Qué habría sido de ella? ¿Se habría recibido? ¿Viviría en esa ciudad todavía? ¿Estaría casada y con hijos? Quería saber.</p>



<p>“No sabía su estado civil, nada… era muy probable que ya tuviera hijos. ¡Teníamos 34 años! Le escribí un mail y le puse algo así: Hola! Hoy me desperté y me acordé de que en esta fecha se cumplen diez años de nuestra despedida en París. Este mail no tiene la intención de cambiar los diez años de silencio simplemente me acordé de vos, te mando saludos. Eran frases tranqui, sin intenciones obvias”.</p>



<p>Cécile le respondió noventa días después.</p>



<p>“¡Se tomó tres meses! Me puso que, a veces, se acordaba de mí con cariño y que había sido lindo recibir el mail. Algo tibio, a la distancia. Le respondí un mes después. Ella me contestó. Me enteré que seguía soltera. La conversación comenzó a fluir. Yo ya estaba trabajando en turismo con estudiantes extranjeros. Un día le conté que estaba estudiando francés en la Alianza Francesa y había averiguado para hacer un curso intensivo de un par de semanas en Francia. La Alianza Francesa me propuso un curso en Toulouse, alojándome en una casa de familia. Le conté a Cécile y me dijo que ella no conocía Toulouse y que le gustaría ir a visitarme un fin de semana”.</p>



<p><strong>Habría reencuentro.</strong></p>



<p>Capítulo Toulouse</p>



<p>El 1 de junio de 2018 Andrés viajó a Toulouse, Francia. Empezó a cursar francés y el primer fin de semana, más precisamente el viernes 8 de junio, se reencontró con Cécile en la estación de trenes de la ciudad.</p>



<p>Como Andrés se estaba quedando en la casa de una familia, optaron por alquilar un departamento por Airbnb en Albi, el pueblito donde nació el pintor Henri Toulouse-Lautrec.</p>



<p><strong>Volvieron los besos, los abrazos, la pasión. Aquello que habían experimentado diez años </strong>atrás había regresado con la misma fuerza.</p>



<p>“Cécile me reconoció que ella había tenido miedo de que en todos esos años yo me hubiese convertido en otra persona, que fuera un boludo… pero no. Éramos los mismos. Para mí fue muy fuerte: no era algo nuevo, era un verdadero reencuentro. Pero seguíamos estancados en el tema de siempre: vivíamos en dos países y sin querer cambiar de lugar. Al siguiente fin de semana me fui con ella a pasar tres días a París antes de volver a Buenos Aires. Me instalé en su departamento. El día que me iba, la despedida fue en la estación de subte. Cécile se iba a trabajar y yo al aeropuerto. Tampoco hubo dramatismo esta vez. Sentíamos que había sido lindo vernos, pero seguíamos sin tener respuestas”.</p>



<p>Aeropuertos, terminales y estaciones de subte o tren eran lo suyo. Pero una vez que aterrizó en Buenos Aires, Andrés se dio cuenta de que tendrían que hacer algo con eso tan especial que sentían. No debían estancarse en la indecisión.</p>



<p>“Seguimos chateando, teníamos que hacer algo. Justo Cécile estaba queriendo un cambio en su vida. Había tenido una convivencia con un novio que no había funcionado y estaba buscando un giro laboral. Llevaba nueve años trabajando como abogada en un estudio jurídico. Estaba cansada. Ya éramos más grandes, estábamos maduros y lo que sentíamos valía la pena. Nos dijimos: probemos haciendo algunos viajes y después podemos tomar una decisión. Vimos que una opción podía ser que ella se mudara a Buenos Aires. En agosto de 2018 Cécile vino de visita por una semana. Se quedó en casa y conoció a mi familia. Estábamos comprometidos en un vínculo serio. Volvió a París con esa idea: si funcionaba se vendría. En noviembre de 2018 volé a Madrid y nos encontramos en el aeropuerto de Barajas. Hicimos un viaje por Andalucía de veinte días y terminamos en París donde me presentó a sus padres. Nos pusimos formalmente de novios otra vez. Cécile empezó a organizar su partida de Francia. En enero de 2019 vino de vacaciones a Buenos Aires y nos fuimos unos días a la playa, a Mar de las Pampas. Quedó decidido: ella volvía a Francia, renunciaba a su estudio legal y desarmaba el departamento de París para trasladarse para acá”.</p>



<p>Decisión tomada. ¡Por fin!</p>



<p>Capítulo argentino</p>



<p><strong>El 29 de abril de 2019 Cécile llegó para instalarse definitivamente en la Argentina.</strong></p>



<p>“Fue una etapa genial. Yo nunca había convivido con una pareja. Fue descubrir un mundo nuevo, lindo. En septiembre viajamos a Francia para el casamiento de un amigo de ella. Al tiempo empezamos a hablar de casarnos y de tener hijos”.</p>



<p>A fines de 2019 tuvieron una pésima noticia: al papá de Cécile le habían detectado cáncer de hígado. Cécile estaba preocupada, pero de todas formas se tomaron las vacaciones que tenían previstas en Brasil en enero de 2020. Apenas comenzado el mes de marzo los hermanos de Cécile la llamaron: su padre estaba en terapia intensiva. Estaba grave y podía no salir de esta.</p>



<p><strong>Cécile no dudó y sacó un pasaje. El 6 de marzo se subió a un avión para ir a despedir a su padre.</strong></p>



<p>Las cosas sucedieron vertiginosamente por esos días. Vincent sorprendió a todos y mejoró lo suficiente como para volver a su casa. Esto ocurrió justo cuando el mundo entró en pausa: se había decretado la pandemia por Coronavirus. <strong>Se cerraron las fronteras y los aviones quedaron estacionados en tierra. Cuarentena</strong>. La palabra que alguna vez habíamos leído en los libros de historia y escuchado mencionar a nuestros abuelos, tomaba cuerpo y se hacía realidad en el mundo moderno.</p>



<p>“La verdad es que en ese momento le restamos dramatismo. <strong>Nos dijimos, esto ya se va a resolver en unas semanas</strong>, en el peor de los casos, en un mes. Estaba en la casa de sus padres y hablábamos todos los días”.</p>



<p>Pandemia y un diagnóstico aterrador</p>



<p>Cécile le había dicho a Andrés, antes de irse, que no quería seguir viviendo en Boedo, que tenía ganas de mudarse a la zona de Palermo. Por eso, cuando por esos días surgió la oportunidad de alquilar un departamento en la calle Julián Álvarez, Andrés se lo mostró a Cécile en una videollamada. A ella le gustó. Era una oportunidad, no iban a esperar a que Cécile volviera. Así que Andrés tuvo que llenar cajas con sus cosas y realizar solo la mudanza a fines de marzo.</p>



<p>“La cuestión fue que la cosa empezó a extenderse. La cuarentena y el desconcierto siguieron. A todo esto Cécile empezó con un dolor en un costado de su espalda. Fue al médico y le mandaron a hacer una resonancia”, cuenta Andrés. Ella se lo dijo por teléfono, <strong>fue un baldazo de agua fría: tenía un tumor en un riñón y se lo tenían que sacar inmediatamente.</strong> La operaron tres días después: el 26 de abril de 2020. Todo salió bien dijeron los médicos, solo tendría que ocuparse de recuperarse. <strong>Le dijeron que, generalmente, estas cosas sacadas a tiempo tienen buen pronóstico. O eso entendieron. No había nada que temer.</strong></p>



<p><strong>“Yo estaba acá, ella allá, con un postoperatorio que sería de unos dos meses. Además, le tenían que hacer controles cada tres meses para controlar que el cáncer no volviera.</strong> Como tengo pasaporte italiano empecé a buscar vuelos que tuvieran cupo para pasajeros… Había muchas restricciones en ese momento. Se me ocurrió que KLM era una línea que tendría cupo disponible porque no habría tantos holandeses que repatriar desde Argentina. Acerté y después de mucho buscar conseguí un ticket a Amsterdam para fines de mayo.<strong> Pero era complicadísimo entrar a Francia y tuvimos que hacer mil piruetas. </strong>Los padres de Céline escribieron una nota diciendo que yo vivía con ellos en Francia. Todo era muy enredado, pero encontré la manera de llegar. <strong>Me ayudó mucho trabajar en turismo”</strong>, dice.</p>



<p><strong>“Llegué a Tours, donde la familia tiene una casa de veraneo con jardín. Cécile estaba allí pasando su post operatorio</strong>. Nos quedamos un buen tiempo juntos en esa casa y, después, fuimos con su familia a Carnac, en la bretaña, una región donde los padres habían alquilado una casa para pasar los meses de calor europeos. Fue un verano idílico, en una casa de piedra de película. La pasamos muy bien. Los aperitivos eran con quesos espectaculares, un hermano de Cécile traía buenos vinos para probar, todo era un sueño y ella se recuperaba día a día.<strong> Si bien su papá seguía enfermo y estaba en la casa, la estaba luchando. </strong>Cécile empezó con actividad física y hacia el final del verano comenzó a jugar al tenis. Las cosas volvían a la normalidad. Como en Argentina seguía todo cerrado, no teníamos ningún apuro para volver. Pasado el verano, unos tíos de Cécile nos prestaron un departamento que estaba vacío en París. Tenía mis ahorros, teníamos techo y cocinábamos mucho. De esta manera esperábamos el momento justo para volver a Buenos Aires. Pero en octubre a Cécile le volvieron las molestias. <strong>Me dijo que había vuelto a sentir el mismo dolor de antes, en el costado operado. Era preocupante”.</strong></p>



<p>Fue al médico que le mandó un nuevo escaneo.<strong> El resultado fue otro golpazo: tenía otro tumor en la misma zona</strong>. Era metástasis. Le dijeron que tenía que empezar un tratamiento. Era el mes de noviembre de 2020. <strong>Cécile tranquilizaba a todos, les prometía que ya se pondría bien.</strong></p>



<p><strong>La despedida final</strong></p>



<p>En enero del año 2021 la salud de Cécile empeoró notablemente. <strong>Los médicos les anunciaron que el tratamiento no estaba funcionando y le empezaron a suministrar pastillas</strong>. Esta es la parte de la historia en la que Andrés se retrae. Se vuelve breve y conciso.</p>



<p>“Fueron tres meses de declive total. Era ver que no funcionaba… La caída fue horrible. <strong>Cada vez estaba peor</strong>. Un mes antes de que ocurriera yo había empezado a darme cuenta de que Cécile se moría. Que no zafaba. La familia estaba muy presente. Murió el 14 de abril en el Hospital Pompidou. Tenía 38 años. Lo increíble es que su padre, al que ella había ido a despedir en marzo de 2020, murió un mes después que ella, en mayo del 2021. La madre de Cécile, Brigitte, falleció también de cáncer en mayo de este año”.</p>



<p>De la muerte, Andrés y Cécile, no hablaron nunca. Una vez, como al pasar, ella le dijo que <strong>si le ocurría algo quería ser enterrada en la zona de Bretaña.</strong></p>



<p>“No hubo una conversación seria.<strong> Siempre las charlas eran tirar para adelante y ella era muy positiva. </strong>Me decía siempre: ‘Vas a ver que voy a estar mejor’. De hecho, <strong>dos días antes de morir, quería llevar al sanatorio una heladerita para poner sus yogures. Yo estaba ahí cuando ella murió</strong>…”, expresa sin detalles.</p>



<p><strong>La familia se encargó de la ceremonia. </strong>Una misa frente al féretro, la gente en la Iglesia hablando de ella con un micrófono, canciones y un Padre Nuestro. Fue enterrada en el cementerio de Bretaña.</p>



<p>Andrés se encontró solo frente a su pena. Quería evitar volver a la Argentina. Todavía estaba todo demasiado cerrado por la pandemia y se venía el invierno. <strong>No quería estar triste y atrapado en un departamento. Se fue a hacer el duelo a Italia</strong>. Una amiga argentina que vive en Torino lo bancó y se fue a transitar el duelo a Italia. <strong>“Estuve tres meses ahí. Era mejor plan que estar encerrado en Buenos Aires con frío”,</strong> asegura.</p>



<p><strong>Regresar solo, con la tristeza de lo imposible</strong></p>



<p>Andrés volvió a su país el 3 de agosto de 2021. <strong>Le tocaba enfrentar la soledad en el día a día.</strong></p>



<p>“Tuve que desarmar las cajas con la ropa de Cécile y sus objetos. Vivo rodeado de sus cosas. Muchas son de cocina y las utilizo cotidianamente. La cafetera, por ejemplo. No sé cómo estoy, pero no estoy menos triste. La sobrellevo. Puedo reírme y estar con amigos, pero la tristeza está. No sé como funciona esto del duelo. Yo había tenido novias, pero nunca había tenido la sensación de un amor pleno, de querer casarme y de tener hijos. En la segunda etapa con Cecile quería todo eso. No me enoja la situación, pero digo ¡¡que mala suerte!! ¿No? Más cuando escucho tantos casos de gente que tuvo un tumor en el riñón y se recuperó”.</p>



<p>A la pregunta sobre<strong> qué hace con su dolor responde hurgando en sus sentimientos:</strong></p>



<p>“Y… ¿qué se hace con el dolor? ¿Qué se hace? No se puede hacer nada más que tocarlo, palparlo, vivirlo. <strong>No hay nada que alivie. Pero estoy bien, qué sé yo, el dolor y la alegría conviven”.</strong></p>



<p>Imposible no pensar en el libro La soledad era esto, de Juan José Millás, donde el personaje desgrana sensaciones únicas frente a la muerte y la soledad.</p>



<p>Para Andrés el mejor homenaje que puede hacerle a Cécile es hablar de ella, mantener vivo los lindos momentos:<strong> “Conocernos, la enfermedad… Nuestra historia fue como buena y mala suerte al mismo tiempo. La recuerdo cada día. </strong>Todas las mañanas me pregunto por esa vida que planificamos. Todos los días lamento que no esté. Todo el tiempo me acuerdo de la vida que íbamos a tener y no tuvimos. De hecho, este depto tiene una habitación que iba a ser para nuestros hijos. Lo más difícil de este tipo de finales es que todo queda en una hipótesis: que hubiese pasado si…, qué hubiera cambiado si… Es un ejercicio que sé que no debo hacer, pero como un niño que vuelve al enchufe, recaigo en ese juego que tiene un resultado imposible. Ni bueno, ni malo, propiamente imposible. Que es seguramente el peor de los finales y el más difícil de aceptar”.</p>
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		<title>Su esposo la abandonó y dejó de creer en el amor, pero gracias a su pequeña hija encontró al hombre de su vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Aug 2022 22:01:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[Después de fracasar en su matrimonio con quien había sido su primer novio y quedar en la calle, Viviana se propuso nunca volver a enamorarse y dedicó la vida sólo a ser madre. Marco, por su parte, se había prometido jamás estar con una mujer que fuera madre “Me casé con mi primer novio, el...]]></description>
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<p><strong>Después de fracasar en su matrimonio con quien había sido su primer novio y quedar en la calle, Viviana se propuso nunca volver a enamorarse y dedicó la vida sólo a ser madre. Marco, por su parte, se había prometido jamás estar con una mujer que fuera madre</strong></p>



<p></p>



<p>“Me casé con mi primer novio, el que tenía de toda la vida, pero la pasé tan mal que no quería saber nada con nadie más”, se sincera Viviana. Por fortuna, todos tenemos la libertad de cambiar en cualquier momento, y así lo quiso su destino.</p>



<p>Viviana Herrera Siles nació el 15 de noviembre de 1987 en Dulce Nombre de Tres Ríos, un pequeño pueblo de Costa Rica, donde vivió casi toda su vida. Ahí, entre cafetales y mucha naturaleza, conoció a Verónica, su mejor amiga, con quien primero compartieron juegos de niñas y, más adelante, travesuras de adolescentes. Tenían 15 años y Verónica le confesó que estaba loca por Jerry, un chico del barrio. Vivi no dudó ni un segundo y prometió a su amiga que la ayudaría a acercarse al candidato: “Era el crush de mi amiga y ella me insistió que lo conociera para que le haga los puntos”, dice con el sinónimo tico de la expresión argentina ‘hacerle gancho’. La Cupida hizo tan bien su trabajo que, como resultado, terminó ella de novia con el aclamado Jerry: “Duramos 9 años de novios, aunque teníamos ese tipo de relación tóxica que terminábamos y volvíamos. Mi entorno me decía que él no era bueno para mí, pero yo seguía ahí, súper enamorada”, recuerda Viviana.</p>



<p>Así, entre idas y vueltas, el 10 de mayo de 2012 Viviana y Jerry se casaron con una gran boda, por iglesia, vestido de princesa incluido, y vivieron en la tranquila Dulce Nombre. Menos mal que el cura que los desposó no sabía lo que había sucedido hacía sólo una semana: “Nos habíamos ido con mis amigas a una playa de Guanacaste y en ese viaje todas bromeamos que nos iba a venir la menstruación a todas el mismo día, y nos iba a echar a perder el paseo. Resulta que a mí no me pasó, entonces mis amigas empezaron a decir ‘¡usted está embarazada!’”, y tanto fue la broma que la flamante novia las desafió: “Okey, me voy a hacer la prueba para que vean que no estoy embarazada”, pero el reto le salió mal, o mejor dicho dio positivo: la pequeña Amanda ya estaba en camino hacía tres meses.</p>



<p>Los novios dieron “el sí” con su secreto bien guardado y, a los seis meses, justo el 21 de noviembre de ese mismo año, nació Amanda, una bebita bien recibida. El primer año de matrimonio fue todo normal. Luego empezaron a tener algunos problemas económicos, deudas e inestabilidad laboral, lo que provocó peleas en la pareja, “pensaba que era lo normal de un matrimonio, una crisis que íbamos a superar juntos, de hecho, empecé a buscar trabajo en mi profesión -es decoradora- y ayudar a la economía”. Hasta que un día el codiciado Jerry no la trató tan dulcemente como prometía su lugar de morada: “Un lunes 16 de marzo del 2015, lo recuerdo como hoy, salí a trabajar y cuando volví él se había llevado absolutamente todo. Me dejó”, revive ella la noche en que Jerry la abandonó con su beba de 2 años. “Lo llamé y, por teléfono me dijo: ‘yo a usted ya no la amo más, y no quiero vivir con usted’. No me dio explicaciones de nada, ni tampoco quiso conversar conmigo para arreglar algo de la nena. Desde ahí hasta la fecha nosotros no hablamos nunca más. Fue todo súper dramático, lloré mucho porque él se comportó muy moncho, grosero, frío y distante. Fue mi primer novio, mi primer todo”.</p>



<p>Viviana se sintió abatida y triste. Lloró lagos pero así abandonada se enfocó en mantenerse ocupada y trabajar: tenía una hija que mantener, “me puse a trabajar como una hormiguita loca”. Empezar de cero fue muy difícil, por eso lo primero que hizo fue vender sus cosas y volver a vivir a la casa de sus padres que compartían con sus tres hermanos, más una chica de intercambio que alojaban. “Amanda perdió sus cosas, su cuarto, su casa y fue muy duro ese momento. Tuve que dormir en un colchón en el piso con mi beba varios meses mientras nos acomodamos. Por dicha conté con el apoyo de mis papás que me dieron donde vivir y en esos años lo único que hice fue trabajar y pagar deudas”.</p>



<p>Con el paso de los meses, a mediados del 2016, Viviana fue recuperando su autoestima. “Empecé el gimnasio, me puse más guapa y pensé ‘ya es hora de empezar a salir, conocer muchachos’ y me metí a Tinder”.</p>



<p>Marco Gonzalez Barboza nació el 27 de diciembre de 1985 en San Antonio de Coronado -uno de los 20 cantones en que se divide San José de Costa Rica-, donde vivió casi toda su vida con Etelvina, su madre. “Mi vida no fue tan trágica”, se disculpa él. En el 2009 estudió Ingeniería Telemática en la universidad pública, le ofrecieron un trabajo y, en cuanto a relaciones, tuvo dos o tres novias con vínculos muy estables, “nunca nada dramático, sin rencores, ni enojos, mucho menos pleitos”. Por el 2015, luego de que una novia lo dejara, soltero y con ganas de divertirse se instaló Tinder en su teléfono móvil y comenzó a surfear el mar de las apps de citas.</p>



<p>Luego de un año de frustraciones en la aplicación, en septiembre de 2016 encontró una morocha que lo atrajo y apuntó directo: “Marco me dio un súper like, y cuando vi a este muchacho tatuado, musculoso, ingeniero, dije ‘sí, interesante, vamos a hablar’”, cuenta Viviana expresiva. Se pusieron a chatear, se cayeron bien desde el inicio y enseguida pasaron al Whatsapp, “y el domingo yo lo invité a salir”, se ríen y ella remarca que dio la iniciativa. Se encontraron el 4 de septiembre en el Terra Mall a tomar un café con queque -como le llaman a la torta en Costa Rica- de chocolate. Cuenta Marco que “desde que nos vimos empezamos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida, con mucha confianza y sin esconder nada. Me habló de la hija y, para ser honesto, en ese momento yo no tenía pensado tener ninguna relación seria pero curiosamente el ver cómo ella hablaba de la hija y, más adelante, cómo se comportaba con Amanda; conocer el tipo de mamá que Vivi es, fueron puntos a favor y me enamoraron. Siempre había dicho que jamás iba a salir con una mamá, y más bien fue una sorpresa bonita. Sentí que me gustaría que la madre de mis hijos sea exactamente como ella”.</p>



<p>A pesar de su apariencia de “macho conquistador”, según las propias palabras de Viviana, Marco es tímido y tranquilo, así que en la puerta del Mall se saludaron con la mano y nada más. Pero él había quedado obnubilado por esta mujer tan fuerte. Entonces se metió a participar en el negocio que estaba trabajando Viviana, una empresa de nutrición y comercialización de múltiples niveles. Así, con la excusa de asistir a las cenas de negocios y otras actividades que organizaba la compañía, Marco podría verla seguido. Un día para probar los productos, otro para registrarse, otro para conocer el funcionamiento y, como resultado, se frecuentaron toda esa semana. “Pero no me daba ni un beso ni nada. Por fin llegó la invitación formal, no de negocios, salimos a cenar a un restaurante oriental, me puse un vestido guapísima, toda seductora y dije ‘este es el día que me da un beso’, ¡y nada! Lo más gracioso es que nos habíamos conocido en Tinder, así como para divertirnos, y él todo tímido y correcto. Apenas lo vi había pensado que era todo galán, ‘chico-malo’”, se queja ella bromeando. “Me gusta la fiesta pero no soy fiestero. Soy hogareño, un chico bueno y si no pasaba nada era por nervios, no porque no quería”, agrega Marco.</p>



<p>A los dos días él la invitó al cine. Así, luego de que Bridget Jones besara apasionadamente a Mark Darcy bajo la nieve, Viviana y Marco reprodujeron la misma escena a la salida, en la puerta del mall: “Es que pasó toda la película, comimos los pochoclos, ¡y nada! Nos estábamos por despedir y yo le di el beso. Quería saber cómo besaba porque si no me gustaba para qué esperar”, cuenta ella. Parece que el beso le gustó porque todo fluyó y se siguieron viendo cada día hasta el 22 de octubre que Marco, como si estuvieran en el colegio, le preguntó si quería ser su novia.</p>



<p>La pequeña Amanda enseguida se encariñó con el novio de su mamá. “Tuvieron muy buena química. A mi hija le cayó súper, Marco interactuaba muy bien con ella y se llevaron excelente desde el inicio. Lo mismo que yo con la familia de él”.</p>



<p>Lo curioso es que Viviana y Marco ya habían vivido casi en la misma casa: “En 2010, en una de mis idas y vueltas con Jerry, dije ‘Nunca más vuelvo con él’, y con mi amiga Verónica nos alquilamos un apartamento de solteras en San Antonio de Coronado, donde pasamos un año. Pero lo chistoso es que sin saberlo, quedaba a tres casas de donde vivió Marco toda su vida. Fuimos vecinos y nunca nos cruzamos”, cuenta Viviana, aclarando la particularidad de que en Costa Rica las calles no tienen nombre sino que la gente vive ‘al lado del Mall Multiplaza, frente a la casa naranja’, por decir algo.</p>



<p>Todo marchaba en armonía y el amor de la pareja durante un año se fue consolidando. Pero de repente los miedos de Viviana volvieron a habitar en su cabeza. “La veía a Amanda muy encariñada; un amiguito le dijo que tenía un padrastro que era el novio de la mamá. Entonces mi hija con cuatro años dijo, ‘Marco es mi padrastro’. Y así lo empezó a llamar, hasta que le dijo ‘pá’. A mí me empezó a entrar el pánico y sentía que todo estaba demasiado bien, que algo iba a salir mal”. El problema no era lo que le decían sus fantasmas del pasado; el problema era que ella les creía.</p>



<p>Viviana venía de algo tan doloroso que le era difícil entender que también existen hombres sanos, buenos y sin ninguna otra intención que la de permanecer cerca de la persona que aman. No lo creía. Sólo podía pensar en el sufrimiento de Amanda cuando Marco las dejara, “me iba a volver a pasar lo mismo; nos iba a romper el corazón a las dos”. Así que, sin muchas vueltas, un día de enero de 2018 le dijo que ya no quería seguir siendo su novia, ni que se sigan viendo, ni nada más.</p>



<p>Marco quedó desconcertado. Respetó su decisión pero también le dijo que él la quería, que dejaba la puerta abierta, que lo que sentía por ella no iba a desaparecer, que era decisión de ella y que iba a estar esperándola, “pero tampoco iba a estar como un tóxico insistiéndole”. Y se separaron.</p>



<p>Durante los meses que siguieron Amanda sólo hablaba de Marco. Su madre le proponía diferentes planes y la chiquita siempre sugería invitarlo a él y preguntaba por qué no venía. “Le dije que ya no éramos amigos y ella me contestaba ‘pero sí es mi amigo’”. También la madre de Viviana insistía en que volviera a llamar a ese chico tan amoroso, la veía triste a su hija. Y la realidad es que ella lo extrañaba; Viviana sentía que Marco le hacía falta.</p>



<p>Podía quedarse a vivir en la prisión del pasado o dejar que el pasado sea el trampolín que la ayude a alcanzar la vida que deseaba. Entonces un domingo, luego de seis meses de haberlo dejado, Viviana apagó las voces de su mente y le escribió a Marco para verse. “Me hice el difícil… como por cinco segundos”, se ríe él. Y al rato, ahí estaban los dos caminando por Bajos del Toro, uno de los paseos más románticos de la zona, junto a una cascada y rodeados de naturaleza. Hablaron largo y tendido, ella expuso todos sus temores y, por fin, Marco le dio un abrazo que le partió los miedos y le besó el alma: “él me prometió que no iba a ser igual a lo que me había pasado”.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" loading="lazy" width="674" height="443" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2022/08/casamiento.jpg" alt="" class="wp-image-443577"/></figure>



<p>“Lo de nosotros siempre fue algo muy natural”, dice Marco, en referencia a que poco tiempo después de la reconciliación se mudaron los tres juntos, y Amanda no podía estar más feliz junto a su mamá y su papi -como lo llama- Marco.</p>



<p>El 5 de marzo de 2021 agrandaron la familia: nació la pequeña Abigail. Lo que sigue es la boda: será el próximo 22 de octubre. Luego de exactamente 6 años de ponerse formalmente de novios, Viviana y Marco darán ‘el sí’.</p>



<p><strong>Amores reales de Infobae</strong></p>
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		<title>Una pareja tenía un encuentro íntimo cuando vieron un grupo de OVNIS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Jan 2022 21:50:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[virales]]></category>
		<category><![CDATA[Sorpresa]]></category>
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					<description><![CDATA[La imagen de Objetos Voladores No Identificados arruinaron el momento romántico que vivía la pareja, quienes afirmaron que «eso no es de este mundo». En pleno festejo luego de la Nochebuena, una pareja salteña en ánimos románticos se encontró con una visión irreal mientras intentaban refrescarse junto a un río de la zona. El episodio...]]></description>
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<p> <strong>La imagen de Objetos Voladores No Identificados arruinaron el momento romántico que vivía la pareja, quienes afirmaron que «eso no es de este mundo».</strong></p>



<p></p>



<p> En pleno festejo luego de la Nochebuena, una pareja salteña en ánimos románticos se encontró con una visión irreal mientras intentaban refrescarse junto a un río de la zona. </p>



<p>El episodio ocurrió en la costa del río Vaqueros y a La Caldera, uno de los destinos veraniegos más visitados por los habitantes de la provincia norteña. La zona estuvo abarrotada el día de Navidad, con decenas de familias en la costanera disfrutando a pleno del último fin de semana del año.</p>



<p><strong>Lejos de la multitud, una joven pareja había encontrado un lugar perfecto para pasar un momento íntimo.</strong> Sin embargo, <strong>su encuentro casual se vio interrumpido por lo que ellos interpretaron como una visita espacial</strong>: «Tipo 19.30 estábamos alejados del resto y en un momento miramos el cielo, al principio no entendíamos que era pero después nos quedamos helados», relataron los protagonistas al medio local Que Pasa Salta.</p>



<p>A criterio de los afectados, los Objetos Voladores No Identificados no podían ser otra cosa que extraterrestres: «El primero era como el típico platillo volador y el segundo era circular con puntos. Además, el segundo largaba del medio una luz roja que se prendía y se apagaba», agregaron sobre su extraño encuentro.</p>
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		<title>Una pareja se reencontró después de mucho tiempo pero una caída los volvió viral</title>
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		<dc:creator><![CDATA[dnucera]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Oct 2021 18:40:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[virales]]></category>
		<category><![CDATA[Curiosidades]]></category>
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					<description><![CDATA[Fue la hermana de la chica quien publicó el video en la red social TikTok e hizo que el romántico momento se convirtiera en un blooper. Luego de la caída global de las redes y servicios de mensajería digitales, propiedad de la compañía internacional Facebook de Mark Zuckerberg, miles de usuarios volvieron a las plataformas...]]></description>
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<p><strong>Fue la hermana de la chica quien publicó el video en la red social TikTok e hizo que el romántico momento se convirtiera en un blooper. </strong></p>



<p>Luego de la caída global de las redes y servicios de mensajería digitales, propiedad de la compañía internacional <strong>Facebook </strong>de <strong>Mark Zuckerberg</strong>, miles de usuarios volvieron a las plataformas tomando al humor como herramienta central y llovieron los <strong>memes </strong>sobre la situación que paralizó las formas de comunicación moderna.</p>



<p>Pero  sumado a la catarata de imágenes que circularon haciendo alusión a la  caída, los más creativos lo compararon con las más variadas situaciones.  Así fue que las redes replicaron el encuentro de una <strong>pareja de enamorados</strong> que tuvo un acercamiento fallido con una caída épica.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://tn.com.ar/resizer/9Z6xj45NMzTYj0hTf8AcYu7DlOo=/767x0/smart/filters:quality(60)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/artear/WQ3RQGTZTFHLBH5KTFTVRL2UPI.jpg" alt="Una pareja corre emocionada a reencontrarse en el aeropuerto de Ciudad de México, pero el bonito momento queda empañado. (Foto: Captura Video TikTok / loreaaluisaa)."/><figcaption>Una
 pareja corre emocionada a reencontrarse en el aeropuerto de Ciudad de 
México, pero el bonito momento queda empañado. (Foto: Captura Video 
TikTok / loreaaluisaa).</figcaption></figure>



<p>Se 
trata de un video que se convirtió en una verdadera tendencia en las 
redes sociales y que muestra a una pareja de jóvenes que corre 
emocionada a reencontrarse en el <strong>aeropuerto de Ciudad de México</strong>. Pero el emotivo momento quedó empañado por una caída que sufrió la pareja antes de lograr abrazarse.</p>



<p>El
 clip audiovisual fue difundido por la hermana de la protagonista de la 
divertida escena a través de la red social de videos cortos <strong>TikTok</strong>.
 Hasta el momento de la publicación de esta nota ha recibido más de 56 
millones de visitas en pocas horas, más de 8 millones de likes y más de 
200 mil comentarios alusivos al fallido encuentro de los enamorados.</p>



<p>El video comienza con 
una emocionada joven que espera dentro de un auto la llegada de su 
enamorado. En un momento ve a su novio salir de la terminal e 
inmediatamente se baja del vehículo y corre para poder abrazarlo. Él 
hace lo mismo y acelera el paso para poder reencontrarse con su pareja, 
pero lamentablemente esa es la fatal decisión que toma la pareja ya que 
al apresurarse hace que resbalen y caigan hacia atrás. Es que la chica 
había tomado gran impulso para lanzarse a sus brazos, pero pasa por 
encima de él y acaba en el suelo boca abajo.</p>



<p>Ante  el dramatismo de la situación, dos transeúntes acuden rápidamente a  asistirlos y ayudarlos a levantarse. Algo que es rápidamente solucionado  y en cuanto se pone en pie, la joven se lanza a los brazos de su pareja y se funden en un emotivo abrazo.</p>



<p>Vale mencionar que desde el título de la publicación de <strong>TikTok </strong>ya presagiaba lo que podía ocurrir: “Disfruten como mi hermana se parte entera”.</p>
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		<title>Su pareja le pidió que deje de tomar alcohol y la amenazó con apuñalar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jul 2021 21:15:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Policiales]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia de Género]]></category>
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					<description><![CDATA[Ocurrió en una vivienda de Standart Norte. La mujer fue amenazada de muerte y la policía detuvo al joven de 29 años. De acuerdo a la información oficial, la mujer llamó a la policía de Kilómetro 8 a las 9:25 horas de este domingo porque su pareja se negaba a retirarse del domicilio de la...]]></description>
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<p><strong>Ocurrió en una vivienda de Standart Norte. La mujer fue amenazada de muerte y la policía detuvo al joven de 29 años.</strong></p>



<p>De acuerdo a la información oficial, la mujer llamó a la policía de Kilómetro 8 a las 9:25 horas de este domingo porque su pareja se negaba a retirarse del domicilio de la calle Código 2434. La discusión se originó porque la mujer le reprochó su conducta de consumo alcohol en exceso.</p>



<p>Según indicó Con Sello Patagónico, los efectivos llegaron hasta el lugar y trataron de mediar entre las partes, pero la mujer pidió que su pareja se retire del hogar. Aseguró temer que cumpla con las amenazas de apuñalarla.</p>



<p>Para resguardar a la denunciante, el hombre fue detenido en el interior de la vivienda, pese a oponer resistencia. Este fue identificado con las iniciales de A.G.G., de 29 años, quien fue alojado en un calabozo de la Seccional Séptima.</p>



<p>El sujeto quedó a la espera de la audiencia judicial en averiguación de los delitos de amenazas agravadas en el contexto de violencia de género y resistencia a la autoridad.</p>



<p>La víctima, en tanto, efectuó la denuncia ante la Comisaría de la Mujer Zona Norte y pidió una medida cautelar ante el Juzgado de Familia.</p>
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