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	<title>historia &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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	<title>historia &#8211; El Comodorense</title>
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		<title>Una vecinal impulsa un taller para preservar los recuerdos del barrio</title>
		<link>https://www.elcomodorense.net/una-vecinal-impulsa-un-taller-para-preservar-los-recuerdos-del-barrio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fiorella Villegas]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Nov 2025 19:51:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Comodoro]]></category>
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					<description><![CDATA[El taller, coordinado por un profesor de historia, busca recopilar anécdotas que quedarán registradas para futuras generaciones.

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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La <a href="https://www.facebook.com/vecinal.del.barrio.la.floresta/posts/pfbid0usBGEKwq3RNY1jPF1nFmsN4zfprk1K8V42GK2fJnQTPmsPs4G89xvEQHfFNKDYdl?locale=es_LA"><strong>vecinal de La Floresta </strong></a>invita a los vecinos a participar del taller<em> “Contar la Historia de nuestro barrio</em>”, que se realizará el sábado 15 de noviembre a las 15 horas. <strong>El objetivo del taller es recopilar y preservar los recuerdos y anécdotas sobre la formación y evolución del barrio, valorando su historia y cultura.</strong></p>



<p>Para presentar la iniciativa, la vecinal compartió un video en redes sociales donde algunos vecinos muestran fotos antiguas y relatan parte de la historia del barrio.<em> Todos los relatos y materiales recopilados quedarán registrados tanto en la asociación como a disposición del público en general.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><a href="https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2025/11/publicacion-2.png"><img decoding="async" src="https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2025/11/publicacion-2.png" alt="" class="wp-image-693449" width="842" height="695"/></a></figure>



<p>El taller será coordinado por el profesor de historia Cristhian Low y está abierto a la participación de todos los vecinos interesados en conocer y aportar a la historia comunitaria.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Nueva Generación afectado por la inseguridad: «Se llevaron toda la historia del club, fotos, recortes, datos»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fiorella Villegas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Aug 2025 13:35:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Comodoro]]></category>
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					<description><![CDATA[Delincuentes robaron una computadora con la historia completa del club. Armando Tula, fundador, ofrece recompensa para recuperarla.


]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La inseguridad en Comodoro sumó en las últimas horas un capítulo preocupante, esta vez afectando al fútbol local. La familia de Armando Tula, histórico formador y fundador del club Nueva Generación, fue víctima de un robo en su vivienda el domingo pasado.<strong> Al regresar a su casa, encontraron las aberturas violentadas y el interior revuelto.</strong></p>



<p>En diálogo con <em>Pasta de Campeón</em>, Tula expresó:<em> “No me interesa recuperar la computadora, solo la información. Se llevaron toda la historia del club, desde el anteproyecto que le presenté a los padres antes de la fundación, hasta ahora. Fotos, recortes, datos”.</em></p>



<p>El formador agregó: «<strong>La verdad estoy muy triste con todo lo que pasó; el resto de las cosas que se llevaron las vamos a recuperar, trabajando vamos a volver a tener una tele o el resto de las cosas, pero esta información es muy valiosa. </strong>De última que me digan:<em> ‘acá hay un pen drive con todo lo que tenía la compu, sale tanto</em>’, y lo pagamos”.</p>



<p>Armando Tula detalló que la computadora en cuestión es una PC blanca y vieja donde reposaba toda la documentación histórica del club. Por eso lanzó un pedido de ayuda a la comunidad:<strong> “Solo quiero recuperar eso, por eso pido que si alguien sabe, que me escriba o me ubique, vamos a recompensar eso tan valioso para nosotros; el resto no importa”.</strong></p>
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		<title>“No a la maternidad, sí al placer”: La historia de una foto que hizo historia</title>
		<link>https://www.elcomodorense.net/no-a-la-maternidad-si-al-placer-la-historia-de-una-foto-que-hizo-historia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[dnucera]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Mar 2024 17:18:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional de la Mujer]]></category>
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					<description><![CDATA[Escribía la teórica feminista Mabel Bellucci, en Historia de una desobediencia: “María Elena Oddone, esa señora y ama de casa paqueta de Barrio Norte, con trajecito entallado blanco y con una cartera de marca colgada del brazo, hizo lo que ninguna otra pudo hacer por más que apareciese vestida de guerrillera o de punk. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Subió las escaleras del Monumento de los Dos Congresos, cual estrella de Hollywood, a recibir su Oscar y, con orgullo, alzó con sus dos manos la pancarta que decía: . Aún hoy ese lema provocaría el escándalo al que incitó en aquella época”.</strong></p>



<p>Ocurrió el 8 de marzo de 1984. Hace exactamente cuatro décadas, con una democracia que había retornado recientemente y exponía sus deudas pendientes hacia las mujeres. Fue en el marco de la primera actividad masiva de la Multisectorial de la Mujer, creada en 1983, un colectivo que congregaba a amas de casa, agrupaciones políticas de izquierda, organizaciones de derechos humanos y sindicatos de distintas filiaciones.</p>



<p>La escena quedó inmortalizada en una foto que se hizo presente inmediatamente en la prensa, acompañada de epígrafes indignados. De fondo, se veían carteles con otras consignas como: “Despenalizar el aborto”, “Machismo es fascismo”, “Lo personal es político. Maternidad libre y consciente”, “Si los platos limpios son de ambos, que los sucios también lo sean”.</p>



<p>La interrupción voluntaria del embarazo no era una demanda central de la época para los partidos mayoritarios. Citando a Bellucci, durante el alfonsinismo parecía quedar claro que con la democracia se comía, se curaba, se educaba… pero no se abortaba. Claro que la voluntad de activistas y autoconvocadas era otra.</p>



<p>En aquel 8M icónico, Oddone representaba, aunque no sin conflictos internos dentro del grupo y del movimiento de mujeres en general, a la Organización Feminista Argentina (OFA), que había fundado durante la transición democrática. Su trayectoria, sin embargo, se remontaba a los convulsionados setenta.</p>



<p>María Elena Oddone llegó a la Argentina tras haber vivido en Canadá, donde había entrado en contacto con los movimientos de derechos civiles, los hippies, las feministas de la Segunda Ola, y la oposición a la guerra de Vietnam. Con ese espíritu, ya en Argentina, inauguró los primeros grupos feministas de “autoconciencia” (que habían cobrado fuerza en el norte del continente) y comenzó a establecerse como una referente local.&nbsp;</p>



<p>Su marido la obligó a elegir: el feminismo o él. Indomable, decidió separarse y redoblar la apuesta. En 1972, creó el Movimiento de Liberación Femenina (MLF), uno de los grupos pioneros de la época, que buscó llevar al centro de la vida pública las problemáticas antes consideradas como “domésticas” o “personales”.</p>



<p>Las tensiones (y cruces experimentales) entre el feminismo y la izquierda revolucionaria marcaban el panorama. Oddone se oponía a la “politización” del movimiento y a la entrada de debates que estaban ocurriendo a nivel continental (desde los fusilamientos de Rawson al golpe de Estado en Chile). Su objetivo era que la batalla contra la opresión específica contra las mujeres no quedara subsumida por determinaciones de clase. La preocupación tenía fundamentos concretos, aunque podría argumentarse que limitó el campo de acción y discusión de las feministas del MLF.</p>



<p>De todas formas, no era ajena a otros movimientos de liberación. Se vinculó al Grupo Política Sexual, de militancia por la diversidad, que bregaba en su manifiesto contra “la moral sexual en la Argentina”. Enfrentándose a la posible represión, les prestó la oficina donde publicaba la famosa revista Persona como espacio de reunión. Así, se hizo amiga de Néstor Perlongher, quien entonces militaba en el Frente de Liberación Homosexual.</p>



<p>La dictadura implicó un fuerte golpe a todos los militantes por el cambio social. La represión física e ideológica marcó el paso durante los oscuros años de régimen militar. El feminismo entró en un marcado retroceso, del cual salió durante la década del ochenta, con nuevas demandas y protagonistas.</p>



<p>El MLF regresó, renombrado como OFA, con Oddone todavía a la cabeza. Ella decidió hacer de la visibilización una herramienta: aparecía en radio, en televisión, en medios gráficos. No todas sus compañeras compartían sus formas, ni su estrategia. De hecho, el 8 de marzo de 1984, muchas no querían que cobrara protagonismo y ya circulaban rumores acerca de su “mala fama”. Pero complacer nunca fue su característica. Sola, espléndida, taconeó las escalinatas de uno de los escenarios de tantas batallas políticas argentinas.</p>



<p>La activista no estuvo exenta de controversias y actuaciones cuestionables. En 1985, mientras las valientes mujeres de la Plaza buscaban aliados y aliadas en su lucha por memoria, verdad y justicia, Oddone redactó una carta en la que expresaba: “Las presiones que reciben algunas de las integrantes del M.F. (Movimiento Feminista) para que este grupo adhiera a las Madres públicamente y se tenga un contacto frecuente con esas señoras, es resistido por unas pocas feministas, entre las que me encuentro, porque no vemos entre ambos grupos otra coincidencia que no sea la de ser mujeres, punto en común que no es suficiente para desarrollar una línea ideológica que conduzca a otras coincidencias que no existen. La popularidad en el país y en el extranjero adquirida por las Madres de Plaza de Mayo, ha llevado a algunas feministas a rendirles una adhesión fanatizada que les hace desdibujar los objetivos del M.F.”.</p>



<p>Incluso llegó a sugerir que existía una igualdad de responsabilidad entre las fuerzas armadas y las víctimas del terrorismo de Estado. El repudio dentro del movimiento no tardó en llegar. Oddone, destacada iniciadora de discusiones y formas de organización, se apartó –y fue apartada– del movimiento.&nbsp;</p>



<p>Su proclama de 1984 permanece hasta hoy como testimonio de que no hay movimiento vivo sin hitos, controversias, combates internos, evoluciones no lineales, contradicciones. Como una prueba más del lema que implícitamente motivó su recorrido (“lo personal es político”), cuando el divorcio se legalizó y se separó formalmente de su expareja, los jueces remarcaron durante el proceso que ella “denostaba la maternidad” en nombre del placer.&nbsp;</p>



<p>En el 2001, tras una ausencia del ojo público, lanzó su autobiografía, La pasión por la libertad. Memorias de una feminista. En cada línea, se observa una disputa con el feminismo de inclinación política, las feministas setentistas que realizaron experiencias con las izquierdas y los grupos surgidos durante los ochenta.</p>



<p>Oddone no se oponía –contra cualquier exceso de literalidad propio de los tiempos que corren– a la reproducción; ni juzgaba a las madres o a las amas de casa, con las que compartió aquella plaza colmada en los albores de la democracia recuperada. En cambio, ponía énfasis en la libertad. Para elegir, para criar en un ámbito propicio y disfrutar de la decisión de maternar o no.</p>



<p>Contra la hipocresía misógina, que atiza mandatos centrados en la familia tradicional y busca relegar a las mujeres al hogar, mientras atenta contra su libertad, fueron las- feministas quienes primero cruzaron los horizontes entre gestación y goce en un sentido amplio. En distintas latitudes y tiempos históricos, reclamaron maternidades deseantes, deseadas y deseosas.&nbsp;</p>



<p>Este fue –entre otros– uno de los temas del Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, celebrado en mayo de 1910. Ya entonces, militantes socialistas y activistas feministas señalaban la contradicción entre las exigencias sociales y la realidad económica de gran parte de la mujeres. Planteaban, por ejemplo, la cruel realidad en las fábricas y lugares de trabajo, donde las obreras embarazadas eran despedidas, sometidas a jornadas extenuantes y tareas riesgosas que ponían en riesgo su salud y la de sus hijos. En este sentido, exigían al Estado guarderías, licencias, derechos. Reclamos que siguen vigentes, sobre todo para el gran universo de mujeres con empleos no registrados.</p>



<p>“No a la maternidad, sí al placer“ es una frase disparadora, que condensa debates históricos dentro del movimiento de mujeres. Incomoda, porque aún hoy da en el blanco de la estructura patriarcal, de los estereotipos desteñidos y de un capitalismo voraz que vuelve cada vez más irreconciliables ambos términos.</p>
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		<title>Da Vinci, Isaac Newton o Cervantes: El libro que saca del armario a los homosexuales “borrados” de la Historia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[dnucera]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Nov 2022 18:23:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Género]]></category>
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					<description><![CDATA[Todo empezó con un papelito con el nombre de Chaikovski guardado en un cajón. A sus nueve años, Álvaro J. Sanjuán leyó en un libro que el compositor ruso era homosexual, buscó la palabra en el diccionario y ahí se encontró también a él mismo. Con el tiempo, fue apuntando en papelitos otros nombres. Aquello...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Todo empezó con un papelito con el nombre de Chaikovski guardado en un cajón. A sus nueve años, Álvaro J. Sanjuán leyó en un libro que el compositor ruso era homosexual, buscó la palabra en el diccionario y ahí se encontró también a él mismo.</strong></p>



<p>Con el tiempo, fue apuntando en papelitos otros nombres. Aquello se convirtió en 2008 en un blog, después en un podcast y hoy en el libro Grandes maricas de la Historia, recién publicado por Plan B, con el que el autor saca del armario a varios personajes relevantes del pasado.</p>



<p>«Heterosexuales, viriles&#8230;¿Solo este tipo de hombres han hecho historia? ¿Alguien puede creérselo?», se pregunta Sanjuán, que ha estudiado Literatura Inglesa, Historia y Lingüística en las universidades de Burgos, Oviedo y la Dublín City University. Con un lenguaje desenfadado y accesible, Grandes Maricas de la Historia recupera a figuras como Alejandro Magno, Ricardo Corazón de León o Leonardo da Vinci, de los que asegura que su homosexualidad «ha sido borrada» por «la historiografía tradicional». «Maricones siempre ha habido, otra cosa es que se vieran», afirma.</p>



<p><strong>En el libro habla de personajes muy relevantes partiendo de la Grecia Clásica y la Antigua Roma, pasando por la Edad Media, el Renacimiento&#8230; Emperadores, reyes, escritores, intelectuales o artistas. Habrá quién diga que por qué es importante ahora hablar de su homosexualidad.</strong></p>



<p>Es que nunca ha dado igual. Nos precede una historia de siglos y siglos de persecución. Desde el siglo IV al XVIII tenemos leyes específicas que persiguen lo que entonces llamaban la sodomía. No daba igual. La consecuencia era directamente la hoguera y se ha borrado todo rastro de homosexualidad de la Historia porque se consideraba que iba contra la moral, las costumbres y la propia naturaleza. Si no es importante hablar de la homosexualidad de Leonardo Da Vinci, ¿por qué si lo es de la heterosexualidad de Enrique VIII? Se repite una y otra vez la cantidad de mujeres con las que estuvo y nadie dice &#8216;qué más dará con quién se acostara&#8217;. Además, ser homosexual es más que acostarse con alguien. Yo con nueve años ya lo sabía y no sabía lo que era el sexo. A ellos les tuvo que afectar como personas porque se les perseguía.</p>



<p><strong>Es consciente, como dice en el libro, de que puedan acusarle de «homosexualizar» a estos personajes. Aunque de muchos de ellos es algo que siempre se ha sospechado, ¿podemos asegurarlo?</strong></p>



<p>Yo diría que se puede asegurar casi al 100%. Las pruebas son evidentes y obvias. Tenemos en muchos casos cartas o testimonios de la época. En otros, son pruebas circunstanciales, pero tenemos que tener en cuenta que ninguno podría haber escrito que lo era porque básicamente se enfrentaba a la pena de muerte. De todas formas, la heterosexualidad no la ponemos en duda, pero ojo si dices que alguien es homosexual&#8230;</p>



<p><strong>¿Hasta qué punto la historiografía tradicional ha enterrado la homosexualidad de muchos personajes históricos? </strong></p>



<p>Siempre se ha borrado en el momento en el que el personaje puede convertirse en una figura importante o un hito para la Historia. Para que estas figuras fueran impolutas porque la homosexualidad tenía esa carga negativa de vicio y perversión. En el caso de emperadores romanos, que eran paganos, sí se habla de que eran homosexuales porque no nos ha importado vincularlos con esa carga. Pero no se puede decir que Shakespeare, Miguel Ángel o Cervantes eran homosexuales, cuando serlo no te hace ni peor ni mejor persona, artista, escritor o científico.&nbsp;</p>



<p><strong>¿De qué formas se ha llevado a cabo esa invisibilización? De Leonardo Da Vinci, por ejemplo, se ha interpretado que la acusación de homosexualidad que sufrió era para desprestigiarle.</strong></p>



<p>Se les ha hecho pasar por célibes o porque tenían grandes amigos. En el caso de Da Vinci, sabemos que estuvo acusado de sodomía en un juicio, no solo él, sino otros habitantes de Florencia. En el caso de Miguel Ángel todo el mundo sabía que lo era; hay cartas que hablan de sus asuntos con hombres, pero era intocable al trabajar directamente para el Vaticano y el Papa. Cuando su sobrino nieto decide imprimir su obra poética se da cuenta de que todos los poemas estaban dirigidos a hombres. En las notas dejó esto plasmado, pero decidió cambiar las &#8216;o&#8217; por &#8216;a&#8217; para convertir el objeto masculino en femenino. Así permanece hasta el siglo XIX, cuando hay historiadores que van a la fuente original.</p>



<p>Otro capítulo lo dedica a Isaac Newton. Cuenta que la ruptura con un hombre le provocó un estado de nervios que hay investigadores que achacaron a una intoxicación en su laboratorio.</p>



<p>Sí, al final la cuestión es que todo se intenta achacar a otros motivos menos al de la homosexualidad. Newton convivió durante 15 años con un hombre, otro profesor de la Universidad. Después conoce a Nicolas Fatio, también científico, y sabemos por sus cartas que Newton mostraba una intención muy clara de convivir con él, le insistía mucho. Fatio dejó de responder a eso y después la relación se interrumpe abruptamente para no volver a retomarse jamás. Si este tipo de cosas ocurrieran entre un hombre y una mujer, no dudaríamos del subtexto amoroso.</p>



<p>«Por ti languidezco como si fueras una muchacha calabresa», le llega a decir el escritor Hans Christian Andersen a otro hombre con el que mantenía una relación epistolar.&nbsp;</p>



<p>De Andersen tenemos cartas muy muy directas. Y eso que Edvard Collin, que era de quien estaba enamorado, quemó muchas de las cartas que se intercambiaron.</p>



<p><strong>Otro caso que rescata es el del presidente de Estados Unidos George Washington. Dice que fue un «blanqueamiento heterosexual perfecto, casi de manual». ¿Por qué?</strong></p>



<p>Sí, es un ejemplo paradigmático porque fue el primer presidente y tenía que mostrarse como un personaje sin ningún tipo de mancha, que el primer presidente de un país que era la tierra prometida fuera homosexual y ateo no encaja con el concepto que se quería difundir. Pero él salía con su grupo de amigos homosexuales, mandó hacer nueve bustos de generales que eran todos homosexuales y se casó con una mujer, pero muy tarde para el mandato de la época. En el siglo XX se queman varias de sus cartas, algo que no tiene ningún sentido hacer de alguien del que se ha guardado absolutamente todo, hasta la dentadura.</p>



<p><strong>Algunos de los personajes llegaron a estar con mujeres. ¿Quizá pudo haber quienes fueran bisexuales?</strong></p>



<p>Exactamente. Puede que algunos lo fueran.</p>



<p><strong>Dedica un capítulo del libro a personajes españoles. Entre ellos, el más destacado es Miguel de Cervantes.</strong></p>



<p>Sus circunstancias han sido muy invisibles durante mucho tiempo. De hecho, hasta el siglo XX se ocultó también su ascendencia judía. Hoy sabemos cosas que nos hacen pensar que fue homosexual. De hecho, se movía en ambientes homosexuales, como eran los ambientes del juego de las chapas (la palabra chapero, de hecho, viene de ahí). Ser homosexual implicaba que acabarías siendo ejecutado, es raro pensar que un heterosexual vaya a estar en este tipo de ambientes sabiendo que puede poner en peligro su vida.</p>



<p><strong>El libro está dedicado a hombres. ¿Se ha planteado investigar sobre mujeres lesbianas?</strong></p>



<p>El libro es consecuencia del podcast, que empecé con una visión bastante masculina y cis. Al final me di cuenta de que estaba cayendo en el mismo error y reproduciendo el machismo que mamamos de la sociedad. Las mujeres han estado ocultas y mucho más las mujeres lesbianas. En la segunda temporada del podcast ya he empezado a introducirlas a ellas.</p>



<p><strong>¿Cómo ha sido el proceso de documentación?</strong></p>



<p>La realidad es que hay mucha investigación académica en universidades de Estados Unidos, Inglaterra y Francia hecha desde los años 60 y 70. Son estudios queer que tienen que ver con Historia, pero que permanecen al margen de la divulgación popular porque son muy académicos. Mi idea ha sido siempre hacerlo accesible, que no fuera aburrido y que intentara descubrir una realidad que ha estado oculta.</p>
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		<item>
		<title>Engañó a su mujer con la vecina y terminó en una obsesión fatal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Mar 2022 14:36:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Relación peligrosa]]></category>
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					<description><![CDATA[Alejandro sentía que su matrimonio se había vuelvo aburrido. En una reunión de consorcio conoció a una mujer de su mismo edificio y tuvieron varios encuentros lleno de pasión. Él creyó enamorarse y ella quería un compromiso. Los celos aparecieron pronto y la situación se tornó riesgosa Alejandro estaba sorteando los cuarenta y tantos años...]]></description>
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<p> <strong>Alejandro sentía que su matrimonio se había vuelvo aburrido. En una reunión de consorcio conoció a una mujer de su mismo edificio y tuvieron varios encuentros lleno de pasión. Él creyó enamorarse y ella quería un compromiso. Los celos aparecieron pronto y la situación se tornó riesgosa </strong></p>



<p></p>



<p> Alejandro estaba sorteando los cuarenta y tantos años con un aburrimiento mortal. Dos décadas de casado, dos hijos adolescentes y el mismo laburo de toda la vida en el estresante mundo de las finanzas. <strong>Sentía que la vida pasaba delante de sus ojos como una película en blanco y negro,</strong> con él desvencijado en un tristón cine de época, sin haber vivido nada demasiado especial. </p>



<p> “Quería a mi mujer, era medianamente feliz a pesar de trabajar como un burro, pero necesitaba algo más. No sé. De pronto me dio por querer saltar en parapente en las vacaciones familiares, tenía ganas de correr un maratón, de comprarme un auto deportivo… qué sé yo, de vivir a mi aire. Quería gastar la plata que ganaba también en mí, no solo en colegios, profesores particulares y vacaciones en las que ejercía de remisero familiar. Deseaba cosas que nunca había querido antes. Se me estaba acabando la mejor parte de la vida sin sacar los pies del plato. Esa era la pura verdad. Es algo que le pasa a muchos, aunque no lo digan abiertamente. A varios amigos míos les ocurría algo similar. Estaba claro que los años buenos por delante ya no eran tantos. Quizá suene muy egoísta, pero es lo que sentía”, dice al rememorar ese año en que vivió en peligro. </p>



<p><strong>El despertar del deseo</strong></p>



<p>La vida comenzó a desbaratarse para Alejandro en una sosa y eterna reunión de consorcio del edificio donde vivía con su mujer e hijos en la capital porteña.</p>



<p>“La vecina del tercero C era un minón (sic). Esa tarde tenía puestos unos pantalones de cuero negro infernales. Los tipos que estábamos ahí no podíamos dejar de mirarla…”, confiesa sin sonrisas.</p>



<p>Cuando terminó la reunión,&nbsp;<strong>Alejandro hizo una pirueta para lograr subir con Fernanda, así llamaremos a su vecina, al ascensor</strong>. Los dos vivían en el mismo cuerpo trasero del edificio donde los palieres eran privados. En ese cuadrilátero de la vida en vertiginoso ascenso, estuvieron solos por unos cuantos segundos.</p>



<p>Fueron suficientes para dinamitar los cimientos construidos en veinte años.</p>



<p>Antes de bajar en el tercer piso,&nbsp;<strong>Fernanda le dijo con picardía: “Estas aburridas reuniones por lo menos sirven para conocernos mejor”.</strong></p>



<p>Alejandro percibió en su tono de voz una indirecta. Fernanda le dio la espalda y justo se le cayeron las llaves al suelo del palier.&nbsp;<strong>Se agachó, “provocadora” creyó él, a recogerlas</strong>. Alejandro enmudeció y se preguntó si esta mujer soltera y sin ataduras se le estaba insinuando. Sintió lo mismo que había experimentado el verano anterior cuando saltó en ala delta y en parapente desde el morro de San Conrado, en Río de Janeiro.<strong>&nbsp;Eran aleteos de mariposas en el estómago.</strong>&nbsp;Una manifestación de la adrenalina que creía agotada.</p>



<p>La monotonía en la que estaba metido estaba sufriendo un sacudón sísmico.</p>



<p>Sus aletargadas hormonas despertaron de la hibernación.</p>



<p>Fernanda se despidió con un gesto trivial de su mano y, mientras la puerta del ascensor se cerraba, le tiró esta frase:&nbsp;“Venite a casa cuando quieras, tomamos un café y revisamos las cuentas para que la administración no nos siga cagando”.</p>



<p>La nave espacial despegó y alunizó en el séptimo. Alejandro sentía que estaba como en una caminata lunar, sin gravedad, en un maravilloso viaje intergaláctico: <strong>“De pronto, ¡estaba vivo! Ya sé, hoy todo lo veo de una obviedad escandalosa, pero te soy sincero, eso era lo que me pasaba. </strong>Desde esa misma tarde estuve una semana entera elucubrando diferentes excusas para tocarle el timbre. Gastos desorbitados en productos de limpieza, tanques de agua sucios, la reparación de la caldera que se venía demorando… Había miles de motivos para conversar”.</p>



<p><strong>Ring… sin raje</strong></p>



<p>La transgresión con la que fantaseaba Alejandro, le quitó el sueño por completo. Cada vez que apoyaba su cabeza en la cama antes de dormir se le abría el mundo.&nbsp;<strong>La fascinante posibilidad de una aventura con Fernanda había cancelado el aburrimiento.</strong></p>



<p><strong>Jamás había sido infiel&nbsp;</strong>y ni siquiera se lo había planteado. “Tenía una buena vida y estaba aburridamente contento… ¿por qué iba a buscar una aventura?”, reconoce. Pero la mujer de cuatro pisos debajo suyo le había generado emociones que ya no creía poder transitar.&nbsp;“Eran sensaciones adolescentes”, admite.</p>



<p>No meditó nada ni reflexionó nada. Solo dejó que la fantasía continuara carcomiendo los bordes de su almohada.</p>



<p>Un día, al volver de la sociedad de bolsa donde trabajaba, se puso el traje de valiente. Decidió que iba a tocarle el timbre.&nbsp;<strong>La elección del día no fue en absoluto casual: su mujer, estaba visitando a unos familiares en San Luis.&nbsp;</strong>Mercedes, originaria de esa provincia, era contadora, pero había postergado el ejercicio de su profesión por la maternidad. Sus hijos no serían un problema para el desliz amoroso, estaban cada uno inmerso en sus mil actividades adolescentes. Alejandro tenía el horizonte libre. Se bañó y perfumó antes de bajar.</p>



<p>Cuando se deslizó la puerta metálica del ascensor, en el palier del tercero, se sintió un ganador.&nbsp;<strong>Fernanda hacía días que esperaba ese timbrazo</strong>. Eran las 19.40 de la tarde cuando ella abrió la puerta.</p>



<p>“Estaba descalza, con un short negro mínimo y una musculosa verde.&nbsp;Le dije que quería ver con ella varios temas del consorcio a ver si llamábamos a una asamblea extraordinaria. Me respondió que la había sorprendido haciendo abdominales en el balcón, pero que se daba una ducha rápida y charlábamos del tema.&nbsp;Me hizo pasar al living. Me senté en su sillón gris, mirando hacia el balcón abierto donde estaba la colchoneta azul donde había estado ella haciendo ejercicio”.</p>



<p>El departamento era enorme para una persona sola y estaba en total silencio. Quizá por eso Alejandro escuchó correr el agua de la ducha. Su imaginación de señor casado, de padre de familia, de serio hombre de la bolsa,<strong>&nbsp;se desbordó y ahogó cualquier principio que alguna vez había creído tener</strong></p>



<p>Cuando Fernanda volvió con olor a flores envuelta en un kimono de seda colorido, él no se sorprendió. En la mano ella traía la excusa: los papeles del consorcio. Los desparramó sobre la mesa ratona y le ofreció: “¿café o té?” Alejandro apostó por más: “¿No tenés para hacer un gin and tonic?… Estoy agotado del día de hoy, me vendría bien”.</p>



<p>Fernanda no tenía, pero&nbsp;<strong>volvió de la cocina con una cerveza helada y una bandeja con cosas para picar.</strong></p>



<p>Al apoyarla en la mesa el cinturón del kimono de seda se resbaló dejando ver de más. A Alejandro los ojos se le desorbitaron igual que a los dibujitos animados. Tartamudeó un “gracias”. Ella, despreocupada, se acomodó la bata y volvió a la cocina. Regresó enseguida, chupando una barra de chocolate que sostenía con dos dedos y con un café en la otra mano.</p>



<p>Alejandro se sintió mareado:&nbsp;“No sabía qué hacer, pero quería avanzar.&nbsp;Era como una película donde yo era el protagonista, el que tenía que actuar pero no tenía guión”.&nbsp;<strong>Optó, en forma deliberada, no plantearse dilemas morales ni pensar en cómo estaba engañando a su mujer.</strong></p>



<p><strong>No pasó ni media hora que estaban enredados sobre el sillón.</strong>&nbsp;Los almohadones volaron por los aires y los dos terminaron manchados con el dichoso chocolate.</p>



<p>“Era raro porque, por momentos, era como si yo estuviese desdoblado. Como si estuviera mirando desde fuera lo que pasaba y, cada tanto, no sé por qué, mi mirada se clavaba en esa colchoneta azul del balcón, como si fuese la única prueba de que lo que estaba viviendo era tan real. La fantástica sensación de ese día fue algo muy loco”, analiza a la distancia.</p>



<p><strong>Inicio de hostilidades</strong></p>



<p>Alejandro estaba encantado con el viraje de su vida y su autoestima aterrizó en las nubes.&nbsp;<strong>Había conquistado el planeta y ahora iba por el universo.</strong></p>



<p>Una vez construido su frágil castillo de naipes sobre los pilotes de la mentira y la traición, solo siguió adelante.&nbsp;“No sé bien qué resorte se me soltó, pero me la creí. Si bien nunca fui un moralista de ir diciendo lo que se debe o no hacer, siempre había sido un tipo tranquilo y más bien serio. Jamás hasta ahí me había cuestionado qué iba a hacer si una mujer me gustaba estando casado… hasta creí estar enamorándome”, reconoce. A tal punto le mejoró el humor que Mercedes, su mujer, se lo hizo notar.</p>



<p><strong>La vecina dejó de ser la vecina para ser su amante cotidiana.&nbsp;</strong>Alejandro hacía malabarismos para que las mujeres de su vida no cruzaran sus destinos en los espacios comunes. Tenía temor a las cámaras de seguridad del edificio, pero los momentos de pasión valían el riesgo. Se estaba permitiendo vivir al límite y no tenía ganas de cuestionamientos. Así que no se lo contó a nadie. Ni a su amigo más cercano.</p>



<p>“No dimensioné el lío en el que me estaba metiendo.&nbsp;Ni que esa cercanía tan cómoda pudiera ser un arma de doble filo”, asevera desde su presente.</p>



<p>El romance extramatrimonial se extendió por meses.<strong>&nbsp;Pero Fernanda, empezó a querer más y más.</strong>&nbsp;Y adoptaba actitudes osadas en las pocas ocasiones que estaban en público. Aunque era obvio que eso pasaría, él no lo previó.</p>



<p><strong>Ingenuamente un día, luego de una pasión desenfrenada, se le ocurrió revelarle que había sacado un paquete para unas vacaciones de invierno con su familia en Bariloche.&nbsp;</strong>Se irían a esquiar. Como estratega de la deslealtad, Alejandro demostró no tener condiciones. Desató la crisis de los misiles.</p>



<p>El escenario de los celos era un terreno desconocido para él: “Mi mujer nunca me había hecho una escena de celos. Casi te diría que no creía que pudieran existir cosas como las que llegué a vivir. Eso pasaba en la televisión o en el cine. Después de que le dije a Fernanda que me iba con ellos de vacaciones se transformó en otra persona. Se puso demandante, exigente y malhumorada. Estaba todo el día con el mismo tema, repetitiva y agresiva. Decía que no podía ser que no tuviera más tiempo para ella. Le molestaba que fuera el cumpleaños de mi hijo, que fuera al supermercado o que llevara a Mercedes a hacerse la mamografía. Yo me comportaba como un estúpido y demoré en percatarme del resentimiento que le generaba mi vida en familia”, se autoinculpa Alejandro.</p>



<p>El amor para Fernanda devino en obsesión y desató su persecución. La primera declaración de hostilidades fue&nbsp;<strong>un pedazo de papel escrito que Fernanda dejó en el bolsillo del saco azul de Alejandro.</strong>&nbsp;Él lo encontró por casualidad buscando su DNI.&nbsp;<strong>La notita decía: “Ale, lo mejor en la vida fue encontrarte. ¡Por muchas noches más como la de ayer! Te amo por siempre. Ferny”.&nbsp;</strong>Terminaba con un beso estampado en labial rojo. La maniobra adolescente casi le provoca un infarto: “Ese papelito me resultó infame y me quitó el aire… ¿Qué hubiera pasado si lo encontraba mi mujer?”. Pero como no quería discusiones subidas de tono, se calló la boca.&nbsp;<strong>Se había consumado como un gran mentiroso carente de empatía y un cobarde.</strong></p>



<p>La táctica del amor guerrero continuó una semana más tarde.&nbsp;<strong>Esta vez fue un llamado al callado teléfono de línea que sonó estridente en medio de la madrugada.</strong>&nbsp;Por suerte, atendió él. Esta vez fue un misil cargado de jadeos que le robó toda intención de descansar. Mercedes no prestó mucha atención al asunto del teléfono y siguió durmiendo lo más tranquila.</p>



<p>“Cuando al día siguiente le sugerí a Fernanda que me confesara si no había sido ella la que había llamado en medio de la noche, me gritó enloquecía. El conflicto escaló.&nbsp;Me llamó hijo de puta, insensible, cobarde. Todo eso mientras revoleaba sus cosas.&nbsp;Para rematarla agarró el florero con unas margaritas que yo le había llevado hacía unos días y lo estrelló en mil pedazos en el piso de su cuarto. Quedé anonadado con su violenta reacción. No sabía cómo salirme de ese campo de batalla en el que se había transformado mi vida”.</p>



<p><strong>Todos los pronósticos anunciaban un mal final para esta historia de una “calentura” real y de un amor fingido que no llegó a existir. </strong>Y no sabía dónde podía haber una trinchera para encontrar refugio.</p>



<p><strong>Declaración de guerra</strong></p>



<p>Alejandro, ahora, esquivaba temeroso el ascensor y&nbsp;<strong>sus visitas a Fernanda empezaron a escasear.&nbsp;</strong>Ella presionaba y él remoloneaba con cualquier excusa.</p>



<p>Peor. Mucho peor. Fernanda se iba enfureciendo cada vez más al calor de su tímida distancia.<strong>&nbsp;Le empezó a decir que se sentía usada, que a él solo le interesaba la doble vida, el sexo sin compromisos…&nbsp;</strong>Apretaba el acelerador con verdades que no lograban hacerlo reaccionar. Lo cierto es que no estaba muy equivocada. Alejandro jamás había pensado realmente en dejar su casa ni en romper su matrimonio. “Solo quería vivir el momento”, admite.</p>



<p>Pero un día el conflicto alcanzó un grado nuclear:&nbsp;<strong>se encontraron los tres en el ascensor que subía desde la cochera del edificio.</strong>&nbsp;Alejandro creyó que su corazón podía escucharse. Mercedes estaba distraída buscando las llaves de casa en su cartera cuando Fernanda, con cara de desaforada, estiró la mano y le tocó la entrepierna.</p>



<p>“Ufff. Creí que me moría ahí mismo”, recuerda Alejandro. Pegó un salto y Fernanda sonrió.</p>



<p>“Ahí me di cuenta de que ella estaba sacada, mal. Su mueca sonriente me dio miedo de verdad. Pensé: está loca, no va a tolerar jamás que la deje. Va armar un escándalo o quizá algo peor… ¿Y si intentaba matarme o suicidarse? Yo no sabía si estaba exagerando o viendo visiones. Tampoco tenía a quién pedirle consejo.&nbsp;Pensé en confesarle todo a Mercedes a riesgo de que se fuera de casa. Estaba sumamente angustiado y no quería más ver a Fernanda ni en figurita, pero cuanto más quería abrirme más neurótica se ponía. Hacía el amor con ella con miedo.&nbsp;¡Mi vida se había transformado en un absurdo trampolín que daba a un precipicio!”.</p>



<p><strong>Fernanda quería más sexo, más fines de semana juntos, más mensajitos ardientes por Whatasapp,</strong>&nbsp;más promesas. Le reprochaba lo injusto que era que ella siguiera durmiendo sola sin poder construir proyectos. “Era cierto. Ella quería más y yo no se lo estaba dando. Ni quería. Sobre todo al ver cómo se fueron desenvolviendo las cosas.&nbsp;En vez de tener empatía, ¡yo solo quería rajarme cuanto antes!”,&nbsp;manifiesta con sinceridad.</p>



<p>Una noche, al volver con Mercedes del casamiento del hijo de un amigo, se encendieron todas las alarmas de incendio. Al abrirse la puerta automática del ascensor en el séptimo Alejandro entró en pánico.&nbsp;<strong>En la puerta de madera clara de la entrada de su casa había un corazón pintado de rojo brillante. Era del tamaño de una pelota de fútbol.</strong></p>



<p>El terror le trepó por la nuca y le dio escalofríos.&nbsp;<strong>Mercedes montó en cólera, le habían manchado la puerta.&nbsp;</strong>Quién habría sido la desatinada, dijo, porque “un corazón es obra de una mujer. ¿Será la despechada novia de Fran?”, le preguntó a Alejandro pasando el dedo por la pintura ya seca. Parecía haber sido hecho con un aerosol.</p>



<p>Mercedes se fue a dormir mascullando y preocupada porque su hijo pudiera estar en problemas por esa joven desquiciada. Por las dudas, a la mañana siguiente, le avisaron al encargado que esa chica que había sido novia de su hijo no podía entrar al edificio sin que les avisaran. Después, Mercedes llamó a su pintor de confianza y le pidió que lijara bien la puerta y volviera a barnizarla. Jamás sospechó que la francotiradora de aerosoles pudiera vivir en su misma exclusiva torre.</p>



<p><strong>Alejandro estaba casi paralizado por el miedo.&nbsp;</strong>Pero las cosas estaban fuera de control así que logró vencer el temor y enfrentar a su vecina. Le tocó el timbre y la encaró. Antes había colocado una cámara en su propio palier.</p>



<p>“No sabía cómo desactivar la bomba.&nbsp;No llegué a decir demasiado que ella estalló en insultos y amenazas horribles”, dice el protagonista de nuestro amor o desamor real.</p>



<p><strong>Ella le gritó que iría ya mismo a decirle a Mercedes quién era él: un gran mentiroso que la había engañado durante meses a pocos metros.</strong> Un hombre detestable y miserable que les mentía a las dos. Un egoísta que solo se miraba el ombligo. Todo eso dijo. Alejandro dio marcha atrás acobardado. Por supuesto, <strong>esta vez ya no hubo sexo. La pasión se había extinguido. </strong>La guerra recién comenzaba.</p>



<p><strong>Obsesión fatal</strong></p>



<p><strong>Alejandro se obsesionó con mirar las grabaciones de su palier.</strong>&nbsp;“Empecé a revisar, cuando Mercedes no me veía, todas las cintas. Minuto a minuto. No pasó mucho tiempo hasta que una noche pasó lo peor. Estaba desvelado mirando la pantallita en blanco y negro cuando, de golpe, se abrió el ascensor y&nbsp;apareció Fernanda. No podía creer lo que estaba viendo. Estaba con su bata de siempre y en la mano tenía algo pequeño. Sacó el cuerpo del ascensor mientras sostenía con el pie la puerta para que no se le cerrara. Con lo que tenía entre los dedos parecía escribir algo en la pared. En segundos volvió a meterse en el ascensor. Esperé varios minutos hasta que salí al palier sin hacer ruido. Quería ver qué había hecho. En la pared decía en rojo y en imprenta: CERDO.&nbsp;Me temblaban las rodillas. No podía entender qué me había gustado de esa mujer, cómo podía haber sido tan boludo”, rememora con escozor.</p>



<p>Intentó limpiar con distintos productos las letras cremosas. Nada, era un pastiche imposible de disimular.</p>



<p>Esta vez, se dijo, que no podía esperar más. Podía pasar algo grave. Tenían que mudarse cuanto antes de ese edificio.&nbsp;<strong>Sin pegar los ojos esperó a que Mercedes se despertara y le contó… casi todo.</strong></p>



<p>O, mejor dicho,&nbsp;<strong>casi nada.</strong></p>



<p>Le dijo que la vecina lo perseguía obsesionada desde hacía meses, que no había querido preocuparla. La del corazón, le anunció, también había sido ella. Le aseguró que no sabía cómo sacársela de encima.&nbsp;<strong>Obvió hablar del aburrimiento, del pasional romance y del sexo.</strong>&nbsp;Mercedes tenía tal susto que no preguntó mucho más, le creyó que la cosa era unilateral.&nbsp;<strong>No desconfió de él. Eso fue lo que más conmovió a Alejandro y lo hizo sentirse la peor persona del mundo.&nbsp;</strong>Mercedes asustada dijo: “Qué chiflada esta tipa. ¿Y si hacemos la denuncia?”. Alejandro respondió que mejor era no hacerla. Razonaron juntos: “los locos son locos y no hay cómo frenarlos”.</p>



<p>Alejandro sugirió otro plan de acción y&nbsp;<strong>convenció a Mercedes de pedirle prestado el departamento vacío a unos amigos&nbsp;</strong>que estaban viviendo en Lisboa por trabajo durante un año. Así fue que, con discreción, comenzaron a desmantelar el departamento del séptimo.</p>



<p>Procurando no llamar mucho la atención<strong>&nbsp;se mudaron una mañana, unos veinte días después.</strong>&nbsp;Todo discurrió sin grandes inconvenientes. Y, unas semanas después, pusieron su casa a la venta.</p>



<p>Los chicos no entendían bien lo qué pasaba, pero creyeron en el cuento repentino de que habían tenido una excelente oferta por su departamento y que sus padres querían mudarse a una casa con jardín.</p>



<p>Antes de dejar el depto, <strong>Alejandro le aclaró al encargado, que sabía a dónde se iban: “Por favor, no le pase a nadie nuestra nueva dirección”.</strong></p>



<p><strong>El psiquiatra y el dilema de la verdad</strong></p>



<p>El departamento no se vendió rápido. Así que un día de esos en los que fue a su viejo hogar para ver cómo estaba todo, el encargado le comentó que la mujer del 3, “esa que estaba medio rayada”, había empezado a atenderse con un psiquiatra del edificio. Alejandro, con cola de paja, supuso que el encargado le estaba contando esto porque sabía del romance que habían tenido por las dichosas cámaras.<strong>&nbsp;El encargado siguió con el chusmerío y le contó que la mujer había rayado con una llave el auto alemán que el profesional tenía estacionado en el garaje.&nbsp;</strong>Había sido un ataque de celos que quedó filmado en la cámara de seguridad, por eso sabía todo. Y siguió: “No sabe usted el lío que se armó en el edificio. ¡Fue un escándalo!”.</p>



<p>Cuando el departamento de Alejandro y Mercedes se vendió, ellos&nbsp;<strong>optaron por comprar una casa con jardín en un barrio cerrado a 40 kilómetros de la ciudad.</strong></p>



<p>No supo más de ella por bastante tiempo. Hasta que un día en un supermercado de Escobar, se encontró con un hombre que había vivido en el mismo edificio. “¿Te acordás de aquella mina del tercero que era tan sexy?”, le preguntó. Cómo no acordarse, pensó incómodo Alejandro y asintió con la cabeza. “Bueno,&nbsp;se enredó con el psiquiatra viudo del quinto frente, que tenía el consultorio en su casa. Cuando él quiso dejarla, me contó el encargado, ella lo denunció. Dijo que había sido su paciente, que él se había aprovechado de su vulnerabilidad y que la había seducido y engañado… ¡logró que le quitaran la matrícula profesional!”.</p>



<p><strong>Alejandro salió aliviado por las penurias de otro</strong>. Menos mal que estaba tan lejos de aquella historia.</p>



<p><strong>La vida a Alejandro ya no le resultaba aburrida</strong>, sino felizmente tranquila: “Aprendí la lección.&nbsp;La saqué baratísima. Es cierto que mentí mucho, pero logré que Mercedes y los chicos no sufrieran. Ella me bancó siempre y, si bien estuve tentado de hablar y confesar, no cometí nunca el sincericidio. Un amigo psicólogo al que terminé contándole todo me aconsejó callarme, bancarme el silencio y dejarme de boludeces. Aliviar mi conciencia sería egoísta, me dijo.&nbsp;¡Lo cierto es que se me fueron los deseos de andar haciendo locuras y de tirarme en parapente! Quizá fue el susto o quizá solo maduré. Después de que pasó todo, empecé a valorar la vida maravillosa que tenía.<strong>&nbsp;Mercedes es una mujer de fierro. No creo que nunca le cuente nada porque le rompería el corazón, destruiría su imagen de nuestro pasado y sería una fuente de conflictos inútiles. Hoy tenemos una vida feliz.&nbsp;</strong>Por eso, no sé si siempre decir la verdad sea lo mejor, depende del caso. Yo no quería separarme y a Mercedes nunca dejé de quererla. Me enganché con esa historia por tarado, por el tedio en el que a veces te envuelve la vida cotidiana. El capítulo de Fernanda en mi vida es el más oscuro y, cuando lo pienso, me parece una película de terror. ¿¿Te acordás de la película de Glenn Close y Michael Douglas, Atracción Fatal, en los años 80?? ¡Fue tal cual! ¿Sabés algo? No podría verla de nuevo, me haría mucho mal. Lo que hice no se lo recomendaría a nadie”.</p>



<p><em>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas.&nbsp;</em></p>
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