El exdiputado nacional José Glinski analizó el escenario político actual frente a la presidencia de Javier Milei, a quien definió como un dirigente con una visión diametralmente opuesta. Durante una reciente entrevista, el referente político enfatizó que el principal desafío de su espacio no radica en presentar un programa técnico de políticas públicas, sino en reconectar emocionalmente con la ciudadanía.
Al reflexionar sobre el rumbo del país y la gestión actual, Glinski fue categórico respecto a la figura del presidente de la Nación. «Nosotros tenemos un problema bien estructural porque enfrente tenemos un tipo que va hacia otro lado, va hacia otra idea de sociedad», explicó el exdiputado, y sentenció: «Lo que para ellos es un sueño, para nosotros es una pesadilla«.
Consultado sobre la necesidad de lograr una síntesis programática clara dentro del peronismo, Glinski consideró que la búsqueda de unidad a veces atenta contra la creatividad política. En este sentido, sostuvo que no cree que detallar cómo sería un nuevo ANSES, un nuevo PAMI o la salud pública ayude a convencer al electorado en este momento.
Para ejemplificar su postura, propuso rememorar la impronta de Néstor Kirchner. «Hay que volver al Kirchner del 2003, fue un proyecto que arrancó diciendo ‘vengo a proponerles un sueño de una Argentina más justa, un país más serio’. No había un decálogo de políticas públicas», recordó. Además, señaló que decisiones como el pago al Fondo Monetario Internacional en aquella época representaron una política que iba en contra de su propia base de sustentación electoral.
Finalmente, el dirigente advirtió que el peronismo se encuentra en una etapa de estancamiento enfocada en los logros pasados. «Nosotros estamos en una línea muy nostálgica. No estamos proponiendo futuro, estamos conectados con nuestro pasado, con lo que hicimos, que estuvo buenísimo y estuvo rebién, pero estamos en otra etapa», analizó.
Como propuesta hacia adelante, instó a dar espacio para que surjan nuevas alternativas. «Hay que volver a construir desde la afinidad, el quererse con el otro. Tiene que volver el amor a la política. Menos nostalgia y más amor», concluyó Glinski, apostando por la construcción de liderazgos genuinos.
