El desmoronamiento del Cerro Hermitte no solo generó desplazamientos de suelo, sino también un abismo de incertidumbre para los vecinos que resisten en el barrio Médanos. Elena, una mujer de 60 años que vive en el sector desde sus inicios, graficó con crudeza la tensión psicológica que atraviesan: «Estamos como arriba de una bomba y no sabemos si explota o no explota».
La vecina, quien reside junto a su marido de 63 años, decidió permanecer en su vivienda a pesar de las recomendaciones de evacuación. Su motivo no es solo el arraigo, sino la imposibilidad económica. «Toda nuestra inversión es de esta casa. Para buscar alquiler o flete tengo que invertir una plata y nosotros no tenemos ingresos en este momento. No tengo a nadie acá», explicó, descartando la posibilidad de mudarse porque «no sabemos por cuánto tiempo sería».
Casas intactas, pero sin servicios
Según el testimonio de Elena, tras el derrumbe visible del sábado sobre la cancha de golf, los propios vecinos realizaron una inspección ocular del barrio. «Fuimos a recorrer por todos lados; ninguna casa tiene ninguna fisura, ni en medianeras ni en las estructuras», aseguró.
Sin embargo, la situación se agravó el lunes con el corte del suministro de gas, una medida que los residentes consideran innecesaria en las zonas no afectadas estructuralmente. «Vinieron operarios, se fijaron los caños bajo el asfalto y ninguno estaba movido, pero por las dudas cortaron el gas. Hoy hace calor, pero mañana va a hacer frío y nos vamos a quedar sin calefacción ni agua caliente», reclamó.
La salud mental en juego
El estado de alerta permanente está haciendo estragos en la salud de los que se quedaron. Elena confesó haber sufrido ataques de pánico y cuadros depresivos ante el éxodo de otros vecinos. «Uno se levanta y lo primero que hace es mirar por la ventana. Vemos que el cerro está normal, que no hay movimiento hasta el día de hoy, pero estamos esperando no sabemos qué», relató.
A pesar del miedo, su postura es firme: «Yo no me voy a mover de acá». Al igual que ella, otros vecinos del fondo del barrio se mantienen en sus hogares, atrapados entre la falta de respuestas oficiales y la angustia de perder el esfuerzo de toda una vida.
