“Todos nos advirtieron que este negro era de pocas pulgas”, cuentan entre risas quienes hoy lo acompañan. Sin embargo, contra todos los pronósticos, cuando vio a Claudia se dejó colocar el collar y la correa, y salió en busca de una nueva oportunidad.
“El Negro”, como lo llama con cariño su papá humano, es un perro adulto que actualmente se encuentra en tránsito. A pedido de su familia, comenzó la búsqueda de un hogar definitivo donde pueda pasar sus años con tranquilidad, afecto y cuidados.
De mirada noble y hocico canoso que delata el paso del tiempo, el viejito demuestra que, detrás de su fama de cascarrabias, hay un compañero que solo necesita paciencia y amor. Su historia ya conmovió a quienes lo conocen y ahora esperan que alguien más se anime a abrirle la puerta de su casa.
Quienes deseen adoptarlo o conocer más sobre su situación pueden comunicarse con la familia para coordinar un encuentro.

