El hallazgo de un pequeño carnívoro de 95 millones de años desafía lo que sabíamos de los dinosaurios

Un equipo de investigadores del CONICET y Estados Unidos halló en la Patagonia los restos casi completos del Alnashetri, un depredador de 95 millones de años. El descubrimiento, demuestra que estos enigmáticos animales no se encogieron por su dieta, sino que siempre fueron diminutos.

viernes 27/02/2026 - 8:24
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En el paisaje rocoso del norte de la Patagonia, la historia de los dinosaurios acaba de dar un giro inesperado. Un equipo de paleontólogos del CONICET, en conjunto con colegas de Estados Unidos, descubrió en el área fosilífera de La Buitrera los restos excepcionalmente preservados de un dinosaurio carnívoro de 95 millones de años. El hallazgo es tan revelador que logró un lugar en las páginas de la prestigiosa revista científica Nature.

El espécimen pertenece a la especie Alnashetri cerropoliciensis, un representante primitivo del enigmático grupo de los alvarezsaurios. Estos animales, que surgieron hace unos 150 millones de años, se caracterizaban por tener cuerpos livianos y brazos muy pequeños. Hasta hoy, la comunidad científica creía que estos dinosaurios se habían vuelto progresivamente diminutos tras especializarse en comer hormigas y termitas, desarrollando para ello un único dedo robusto con el cual excavar. Sin embargo, el fósil hallado vino a desmitificar esa teoría.

“En el Alnashetri vemos que su mano sigue siendo todavía la de un dinosaurio carnívoro relativamente típico y que sus dientes son los de un predador normal que no se alimenta de hormigas. Sin embargo, era también un dinosaurio diminuto, del tamaño de una gallina aproximadamente”, explicó Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET y responsable directo del hallazgo. Esto demuestra que los alvarezsaurios siempre fueron de escaso tamaño y no se achicaron a causa de un cambio de dieta.

«Alna», la pequeña cazadora del desierto

El ejemplar encontrado es el más completo y de menor tamaño descubierto hasta ahora en Sudamérica para este grupo. Del esqueleto casi intacto solo faltan el techo del cráneo y algunas partes del lado derecho y la cola.

Gracias a este nivel de preservación, los científicos determinaron que Alnashetri no superaba los setenta centímetros de largo —la mitad correspondía a su cola— y pesaba apenas un kilogramo. Con estas dimensiones, estiman que se alimentaba de insectos y vertebrados minúsculos que habitaban el desierto en aquel período del Cretácico.

Además, los estudios paleohistológicos a cargo del investigador Ignacio Cerda arrojaron datos fascinantes sobre la vida del espécimen, bautizado cariñosamente como «Alna». Se comprobó que era una hembra casi adulta, de al menos cuatro años de edad al momento de su muerte, y que ya había desovado al menos una vez.

Un impacto a escala global

El valor de este fósil patagónico trasciende las fronteras de Argentina. Según detalló Jorge Meso, otro de los autores del estudio, las características del ejemplar prueban que este grupo de dinosaurios se dispersó por el supercontinente Pangea apenas se originó. De hecho, la anatomía del Alnashetri permitió a los investigadores identificar finalmente a otros especímenes misteriosos guardados en museos de Estados Unidos y el Reino Unido, confirmando que también pertenecían a la familia de los alvarezsaurios.

El exhaustivo trabajo científico, que contó con el apoyo de la National Geographic Society, fue encabezado por Peter J. Makovicky y Jonathan S. Mitchell desde instituciones estadounidenses, junto al talento nacional aportado por Apesteguía, Meso, Cerda y el investigador Federico A. Gianechini.

Hoy, desde las rocas patagónicas, este diminuto carnívoro no solo llena un vacío evolutivo fundamental, sino que obliga a reescribir, a nivel mundial, la asombrosa historia de los dinosaurios.

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