La economía argentina atraviesa un periodo delicado, marcado por la convivencia de una inflación que se resiste a ceder y un estancamiento en la actividad productiva. Para el Gobierno -y algunas consultoras privadas- este fenómeno, lejos de configurarse como estructural, responde a un conjunto de ajustes macroeconómicos y decisiones de política que apuntarían a una reversión en los próximos meses.
Detrás del escándalo por la medición de la inflación y la canasta indicada para medirla, el dato duro dice que la inflación de enero alcanzó el 2,9% mensual contra diciembre, el valor más alto desde marzo de 2025 y la acumulando ocho meses sin desaceleración mensual. Según las consultoras que suelen seguir la tendencia, fueron varios factores puntuales incidieron en este resultado, entre ellos el fuerte aumento de verduras, con el tomate subiendo 92% en el mes. Como punto positivo -entienden-, la inflación núcleo -que mide el proceso inflacionario subyacente y elimina factores estacionales y regulados- descendió levemente a 2,6% mensual, rompiendo por primera vez en meses la tendencia alcista.
Tras conocerse el dato, no hubo reacción significativa en el mercado, ya que el consenso lo esperaba en niveles similares. La curva CER se había erigido en la semana previa, con los plazos de 2026 rindiendo entre 1,5% y 7%, mientras la curva a tasa fija mostró ajustes en su tramo largo. En esencia, el mercado ya priceaba una inflación más alta que la descontada días antes. Hacia adelante, la clave estará en si la estabilidad cambiaria logra anclar el nivel general de precios.
En perspectiva, desde las elecciones de octubre pasado la inflación mensual ronda el 2,8%–2,9%, tras un piso de 1,5% en mayo de 2025. El Producto Bruto Interno muestra contracciones en octubre y noviembre, con lecturas mixtas en diciembre y enero. El sector primario sostiene un desempeño positivo gracias a la cosecha y las exportaciones energéticas, pero el resto de la economía registra una pérdida de más de 71.000 empleos privados formales en el segundo semestre de 2025 y una caída del 2,1% en el salario real en diciembre.

Los vectores que influyen en el piso de la inflación
Un elemento central en las dificultades para perforar el piso inflacionario ha sido la postergación de la actualización de la canasta del IPC, lo que derivó en controversias y la renuncia del titular del INDEC, Marco Lavagna. La canasta vigente subestima el peso de los servicios (44,8% del gasto familiar) y sobrevalora los bienes. Esta inercia se agravó por aumentos en alimentos clave -como la carne, con promedios mensuales del 8% en los últimos cuatro meses- y componentes estacionales.
La política monetaria restrictiva, con tasas elevadas para estabilizar el tipo de cambio previo a las elecciones, impactó en la contracción del crédito en pesos y en un aumento de los créditos en mora, que alcanzaron niveles comparables a los de la pandemia.
En el Palacio de Hacienda consideran que estos efectos son transitorios. Una vez absorbidos los impactos de febrero y marzo -incluyendo ajustes tarifarios, educación y vestimenta-, las proyecciones privadas apuntan a una inflación por debajo del 2% desde abril, lo que habilitaría una gradual relajación monetaria.
Consultoras como EcoGo proyectan 2,7% para febrero; Equilibra, 2,3%; Analytica, entre 2,8% y 2,9%; y Orlando Ferreres & Asociados, 2,5%.
Entre los factores que respaldan esa expectativa figuran la acumulación de reservas del Banco Central, la posibilidad de colocaciones de deuda en mercados internacionales, la baja de tasas de interés, el avance de la cosecha gruesa y el crecimiento de exportaciones de energía. También destacan el cumplimiento de metas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) -salvo la de reservas- y avances en reformas estructurales, como la media sanción de la reforma laboral.
En el plano local, los cambios en subsidios al gas sumarían 0,3 puntos a la inflación de febrero, mientras que la licitación de la Hidrovía avanza con el riesgo de elevar costos logísticos hasta 5 dólares por tonelada.
En síntesis, para la Casa Rosada, la actual estanflación representa el costo de una reestructuración profunda, no un escenario permanente. De cumplirse las estimaciones privadas -incluido el equipo de research de Puente, que destaca la estabilidad cambiaria como ancla-, la Argentina podría encadenar dos años consecutivos de crecimiento, algo que no ocurre desde 2011.
