El Gobierno de Macri: Una máquina de fabricar pobres

A veces los medios dominantes hablan del bosque y, cuando lo hacen, sinceran su programa de gobierno. Un editorial del diario La Nación del martes 26, titulado “Un cambio indispensable en las relaciones laborales”, propugna…

domingo 31/07/2016 - 17:42
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A veces los medios dominantes hablan del bosque y, cuando lo hacen, sinceran su programa de gobierno. Un editorial del diario La Nación del martes 26, titulado “Un cambio indispensable en las relaciones laborales”, propugna una amplia Contrarreforma que, de momento, sus aliados del Gobierno Nacional no se animan a poner en la palestra. Es una pieza digna de la tradición de la “Tribuna de doctrina”: reaccionaria siempre, autoritaria o dictatorial cuando las circunstancias le son propicias.

cgt moyano desempleo

El diario “de la gente como uno” despliega un inventario de medidas que abarcan el derecho laboral individual y colectivo. Se resucitan palabras que otros trepidan en mencionar, porque los ecos del pasado resuenan fuerte con ecos dolorosos. Flexibilización, períodos de prueba.

Se mociona terminar con la negociación colectiva tal y como se viene realizando desde 2003, volviendo a los convenios por empresa, que diseminarían la representación. Se pide disminuir la intervención del Ministerio de Trabajo, aún para homologar acuerdos… un modo de fomentar el liberalismo extremo en la puja entre patronales y Sindicatos. Un hallazgo, cuestionado en un documento de la Asociación de Abogados Laboralistas, incorpora el editorial al viejo repertorio neoconservador. Es abolir la indemnización por despido y “suplirla” por un Fondo de desempleo individual.

En los hechos las cesantías se tornarían gratuitas, desbaratando la “protección contra el despido arbitrario” establecido en el artículo 14 bis de la Constitución que La Nación no menta, ni siquiera para deplorar su existencia. Despido sin causa ni límites ni costos para la patronal, una de cuyas secuelas colaterales, no expresada, sería la supresión de facto de las vacaciones pagas. Si hubiera despido express sin contrapartidas, esa institución caería en la volteada.

Se insiste en aliviar a las empresas de cargas sociales y se exhiben como señuelo instituciones que ya existen: capacitación, programas de primer trabajo o empleo joven.

La prolija enunciación de lo que quiere devastar revela algo que las ediciones de los medios dominantes y el relato macrista niegan como mantra: el kirchnerismo existió como proyecto político y dejó un legado de instituciones laborales incompatibles con un programa de Gobierno de derecha. Con su proverbial hipocresía, el órgano habla en nombre de los propios laburantes y de las necesidades de los inversores. Ni siquiera asume que es un engendro patronalista al mango, un alegato de clase, consistente con la CEOcracia que tan flojamente ejerce la gestión democrática.

A primera vista, el sector de la clase trabajadora concernido es el formal pero los segmentos del universo de trabajadores no son compartimentos estancos ni estáticos. La caída del grupo más protegido arrastraría a la baja a compañeros menos favorecidos, ahondando por vía legal lo que ya está ocurriendo en la sociedad.

Números que dan frío: Según el mismo Ministerio puesto en jaque se perdieron en mayo 40.114 puestos de trabajo registrado, con una variación interanual de 59.840 desde mayo de 2015. Es conocido el eficaz ahínco de los gobiernos kirchneristas para sostener los puestos de trabajo existentes, aún en los trances más severos de crisis internacional o local. La merma es mérito de Cambiemos, que va por más. Un punto y medio de crecimiento del índice de desempleo pondera el consultor Miguel Bein y uno quisiera creerle porque malicia que se queda corto. Así y todo serían 270.000 desocupados más, del sector nacional urbano.

Se suele repetir que son los sectores medios bajos los más damnificados por la política económica oficial. Sin negar que el descenso es colectivo, es forzoso destacar que los que más sufren la malaria son quienes viven de changas, ligadas al consumo y al mercado interno. Los informales, privados del colchoncito que proveen el laburo estable, el aguinaldo, las licencias pagas. Los guarismos respectivos son más esquivos, por definición, pero no por ello menos notorios. El politólogo Daniel Arroyo, dirigente del Frente Renovador, observador atento a los sectores populares, así lo subraya en una entrevista concedida a la FM La UNI UNGS, reseñada por la Agencia Paco Urondo. Habla de un escalonamiento dentro del universo popular. “Es el parate de la changa, el conurbano bonaerense es un mundo de changas. El que tiene un plan hace una changa, el remisero hace otra cosita. Cuando se paran esas actividades se dispara la pobreza. Después tenemos los despidos en el sector público y privado”.

Un síntoma alarmante es la mayor asistencia de pibas y pibes a los comedores escolares. Las escuelas les dan poco o nada de verdura y lácteos en la dieta, que se empobrece a su vez. El respectivo presupuesto provincial aumenta pero no en proporción a la suba de costos y de comensales: las calorías ingeridas merman. La leche se ha vuelto cara aunque los productores tamberos coquetean con la bancarrota: milagros del “modelo” y el funcionamiento de las cadenas de valor cuando el estado se desentiende.

Una reunión de funcionarios con supermercadistas VIP discute el tópico, diz que con reproches cruzados. Nicolás Braun participa como propietario de “La Anónima”, una de las cadenas de súper que más facturan a nivel nacional. El secretario de Comercio, Miguel Braun, representa al Estado. Nada más lindo que la familia unida, reflexionará la campanellista Laura Alonso que sigue investigando a paso de caracol el quid de los conflictos de intereses. Esta vez la representación es dual, quizá menos paródica que cuando actúa el ministro de Energía Juan José Aranguren, accionista y abanderado de Shell. Los distintos Braun se sientan en sendas sillas. Aranguren, fabulemos, debe cambiar a cada rato de asiento y de sombrero para ejercitar su doble representación.

La malaria por “abajo” cunde. El Gobierno lo sabe y alterna con las “organizaciones” (sociales) distribuyendo fondos sin proyecto recuperador alguno, solo pensando en prevenir un estallido.

La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) convocó a una movilización para el domingo 7 de agosto, festividad de San Cayetano. Marcharán desde la Iglesia respectiva a la Plaza de Mayo. Por primera vez desde el 10 de diciembre confluyen varias organizaciones, entre ellas el Movimiento Evita, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa. Será una nueva expresión de la creciente revuelta callejera poli clasista, pluripartidista y multisectorial contra un gobierno que saca ventaja de la división política de sus adversarios. En este caso compuesta por distintas vertientes de izquierda: alguna del Frente para la Victoria, otras no. Los promotores dicen haber invitado a sumarse a las dos CTA y a sectores combativos de la CGT. A título de opinión del firmante: todos deberían llevar como consigna el pedido de libertad a Milagro Sala, la referente de la TUPAC. La única presa política del macrismo es una luchadora social, emergente del estamento más castigado de la clase trabajadora.

Los pagos de las facturas de gas están suspendidos, como consecuencia del desafío popular al tarifazo y las sentencias haciendo lugar a los justos reclamos. Las distribuidoras lloran miseria, el Gobierno es sensible al dolor de las grandes corporaciones. El jefe de Gabinete Marcos Peña amenaza: las facturas se pagarán sí o sí. ¿Sabe ya qué decidirá la Corte Suprema, acaso porque hay un pacto entre el Presidente de la Nación y el del Tribunal Ricardo Lorenzetti? ¿O es una expresión de deseos, con formato de apriete? Si se aprobara el nuevo aumento con techo en el 400 por ciento y la sensibilidad social de Aranguren provocara un pago retroactivo desconsiderado, habría traslación a precios y un nuevo respingo de la inflación. “El mejor equipo de los últimos 50 años” cuenta con el último fundamentalista del monetarismo, el banquero central Federico Sturzenegger.

Las marchas de agosto: Agosto será un mes movido. A la movilización del domingo de San Cayetano hay que irle sumando la Marcha Federal promovida por la CTA de los Argentinos. Hasta los tamberos volverán a la ruta para ejercer su derecho al pataleo. No habrá cortes ni desabastecimientos ni se tirarán productos perecederos como en los buenos tiempos de la Resolución 125, sería demasiado contra un Gobierno “del palo”. Pero el sector se expresa, sumando diversidad a las protestas. Tal vez esté cercano el momento en que reparen que “contra Cristina estábamos mejor”.

Macri avizora un crecimiento del 3 por ciento para 2017. Hasta ahora no pegó un pronóstico pero “se tiene fe”. Hasta “firma” ese porcentaje, voluntarista y en el mejor de los casos no tan deslumbrante si este año se bajó el dos o más. La idea del rebote es tentadora y mendaz, como casi todos los simplismos. Las caídas feroces de la actividad industrial, el consumo y el empleo no son equitativas. Se distribuyen de modo desparejo entre distintas regiones, ciudades o ramas de la producción. Macri está dolorido por las medidas que “tiene” que tomar pero muchos de sus aliados se han enriquecido. El promedio, como es habitual, es engañoso.

La Nación apunta al futuro, el presente va castigando a la clase trabajadora, también de modo diferenciado. Las corporaciones empiezan a hablar de “productividad” que en su jerga sectaria es sinónimo raso de reducción de salarios. Los ayudaría que se engrosara el ejército de reserva, objetivo inconfeso que el macrismo viene cumpliendo a la perfección.

Los damnificados se organizan, ganan el espacio público, sin una fuerza política que los vertebre, encauce o conduzca. Eso sí, conscientes de sus derechos y de que está en sus manos defenderse, publica Página 12.

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