El gobernador Mario Das Neves reveló este miércoles que el Gobierno provincia comenzó a estudiar nuevamente el tema de las licencias en la Administración Pública, y en ese marco se detectaron casos curiosos y hasta que causan gracia: «Está el caso de un docente que tenía pedido de licencia por estrés sexual, no sé si por mucho o por poco», ironizó Das Neves durante una entrevista con Radio 3.
Claro que, rápidamente, Das Neves cambió el tono y cuestionó ese tipo de licencias: «Es una vergüenza que firmen esas cosas, le roban la plata al Estado».
Qué dice la ciencia
El Dr. Juan Carlos Kusnetzoff es uno de los sexólogos argentinos más reconocidos. Hace pocos años publicó una columna en el diario Clarín en la que se refiere al «estrés sexual» y otros males surgidos del sexo.
«Un enemigo mortal del ejercicio pleno de la sexualidad es el mal estrés, ya sea por sus manifestaciones propias (tensión, mal humor, cansancio, desinterés, irritabilidad, impaciencia) como por su incidencia negativa en la salud general. La entrega que requiere un acto sexual satisfactorio es difícil, si no imposible, con un malestar físico o un estado de ánimo negativo. Por otra parte, des de un ángulo puramente fisiológico, durante la respuesta adaptativa a otras demandas, se produce una baja de los niveles de andrógenos y estrógenos», escribió Kusnetzoff.
«Las manifestaciones del estrés no se limitan a la tensión nerviosa o a la gastritis. De hecho, una de las más características es, precisamente, la disfunción sexual. Cuando alguien tiene en claro que la situación –económica, afectiva, laboral- lo desborda, incluso es preferible que no intente tener una relación; el riesgo va más allá de una falla accidental porque, como sabemos, ésta misma es desencadenante de otras y capaz de instalar la idea de un problema insuperable».
«Ni pensar en ‘usar’ el sexo como sustituto de otras carencias, porque lo más probable es que conduzca al fracaso. Hacer el amor consuela, anima, relaja y muchas cosas más, pero no si se practica a la fuerza, sin hacer prevalecer el deseo. Ninguno de los elementos que suelen estar presentes en un cuadro distrés (depresión, ansiedad, angustia) es, precisamente, un motor de la libido. Ni hablar de los malestares corporales que suelen acompañar al estrés o la presencia de síntomas de pánico o burnout».
«A su vez, -agrega Kusnetzoff- el sexo es factor de estrés, por ausencia o presencia. Por un lado, la abstinencia, aún la elegida, implica una sobrecarga de impulsos insatisfechos, por más que se procuren canalizar hacia otros objetivos».
«En cuanto a la práctica sexual, también suele ser agente estresante. En realidad –y por suerte- si se considera la acepción extensa de la palabra “estrés”, siempre lo es. En efecto, la aceleración de los latidos del corazón, el cosquilleo en el estómago, el rubor, la emoción, la energía adicional que el deseo y el amor ponen en marcha forman parte del “estrés” más delicioso y ambicionado de la especie».
«Sin embargo, experiencias de cambio sexual (la primera vez con una pareja), la rutina, la presión, el apuro y la ansiedad y el miedo son factores que, desde el sexo, estresan».
