Gustavo Santillán, un camionero de 32 años, baja la mirada, se cruza de brazos y amasa una piedrita con la suela de su zapato. «No sé si voy a ir a votar otra vez», suelta, tras unos segundos de silencio, parado en la puerta de su casa, al 3100 de la desolada calle Florencio Sánchez. En esa manzana del Ceferino Namuncurá, un barrio pobre del sur de esta ciudad, son mayoría los que figuran en el padrón de las elecciones complementarias de pasado mañana.
Ese día, 1967 chubutenses, distribuidos en seis mesas, definirán al próximo gobernador de la provincia, luego de que la Justicia anuló los resultados de las urnas en las que habían votado en los comicios del 20 de marzo. «Quizá voy y voto en blanco, porque lo que pasó es una burla, una falta de respeto», agrega Santillán, con gesto contrariado.
No es el único que está enojado. A pocos metros de allí, sobre la calle Capitán Giachino, otro vecino también pone en duda su participación en las elecciones complementarias. «Yo ya voté, no tengo por qué ir de nuevo. La obligación de ellos es decirme qué pasó con mi voto«, afirma Juan Subiabre, un gasista de 54 años que trabaja como empleado provincial. Sentado en la cabecera de la mesa familiar, avisa que son diez los Subiabre que fueron convocados para votar el domingo y cuenta que todos están igualmente «indignados», inconsciente de que elige un término que hoy repica en toda Europa.
La indignación por lo que pasó con la mesa 507, cuyos resultados fueron anulados porque la urna contenía más votos que sobres, es el factor común de los vecinos del barrio, una zona con muchas casas de material y algunos asentamientos ilegales.Las calles, en su mayoría de asfalto, están copadas por perros de todo tipo y tamaño, que con ladridos amenazantes le hacen saber a los extraños que no son bienvenidos.
El fastidio se extiende a otros barrios de esta ciudad petrolera, el sitio en el que se definirán los comicios del domingo: aquí estarán cuatro de las seis urnas en las que volverá a votarse y se concentran 1376 electores, de ellos, 684 hombres y 692 mujeres. Las otras dos mesas se ubican en Puerto Madryn y en Camarones, ciudades en las que también estarán en juego las respectivas intendencias. Por el momento, el intendente de Comodoro, Martín Buzzi, candidato a gobernador por el oficialismo provincial que encabeza el gobernador Mario Das Neves, aventaja por 436 votos al kirchnerista Carlos Eliceche.
También sobre la calle Capitán Giachino, Raúl Saldivia, un camionero jubilado de 73 años que atiende su propio quiosco, comparte el enojo de sus vecinos. Pero asegura que el domingo irá a votar otra vez, en la que será su 23° participación en una elección. «Soy peronista, pero de los de antes«, dice, enfatizando la última parte de la frase con gesto pícaro, y muestra, orgulloso, su carnet de afiliación. Como el resto de los consultados niega haber recibido presiones concretas, pero revela que una puntera del barrio intentó convencerlo. «Le dije que por 100 pesos, yo ni me molestaba, pero que si me daban 500, a las 8.4 minutos estaba en la puerta de la escuela para emitir mi voto», dice, entre risas, y enseguida aclara que habla en broma.
«No hay palabras»
En la calle Ramos Ruiz del barrio General Mosconi, el más antiguo de Comodoro, Susana Alvarez, un ama de casa de 40 años, habla apoyada en la reja oxidada que separa la vereda del pequeño jardín ubicado en el frente de su casa, de paredes y techo de chapa. «No hay palabras para definir lo que pasó», dice, y cuenta que su marido, que sigue el relato desde la puerta entreabierta de la vivienda, fue quien encontró, el 20 de marzo, un manojo de sobres firmados en un tacho de basura de la escuela número 43, ubicada a pocas cuadras del lugar. Las otras dos urnas estarán en los barrios Roca y Quirno Costa. «Voy a votar igual que la vez pasada«, cuenta, pero avisa que no piensa revelar si prefiere a Eliceche o a Buzzi, el vecino más famoso del barrio, un vecindario apacible, de casas bajas y jardín al frente, situado al pie de uno de los cerros que rodean esta ciudad.
La excepción que confirma la regla es la casa de Mirta, una docente de 32 años, donde parece no haber lugar para el enojo. «No me molesta ir de nuevo a votar. Estuve de acuerdo con esa decisión«, dice, sentada en un sillón, donde duerme a sus anchas Lautaro, su bebe de 25 días, testigo involuntario de la segunda votación de su madre en menos de 70 días.
Con la colaboración de Ana Tronfi
El Club de los 1967
«La verdad, todavía no sé si voy a ir a votar el domingo. Quizá voy y voto en blanco, porque lo que pasó es una burla a la gente, una falta de respeto total. El gobierno tendría que poner gente más honrada a controlar las urnas»
Gustavo Santillán
Camionero
«Yo ya voté; no tengo por qué ir de nuevo. La obligación de ellos es decirme qué pasó con mi voto. Acá, en el barrio, estamos indignados con lo que pasó. Es una falta de respeto. Si voy, puede ser que vote igual que el 20 o que al final cambie»
Juan Subiabre
Gasista
«No me molesta tener que ir a votar de nuevo. A nosotros nadie nos presionó. Estuve de acuerdo con la decisión de que se llamara a una nueva elección. En general, no tengo una buena expectativa de Buzzi y de Das Neves»
Mirta Balcon
Docente
«Mi marido fue el que encontró los sobres en el tacho de basura en la escuela 43. No hay palabras para definir lo que pasó. Pero para el domingo lo tengo claro: voy a votar igual que como lo hice el 20 de marzo»
Susana Alvarez
Ama de casa

