Camarones, al rojo vivo

Cómo vive la pequeña localidad costera las horas previas al comicio que definirá intendente. Camarones siente y sufre la revulsión de las complementarias. Sus pobladores, acostumbrados a vivir allende todo, a 70 kilómetros de la…

sábado 28/05/2011 - 11:00
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Cómo vive la pequeña localidad costera las horas previas al comicio que definirá intendente.
Camarones siente y sufre la revulsión de las complementarias. Sus pobladores, acostumbrados a vivir allende todo, a 70 kilómetros de la ruta que le da vida a este pedazo inmenso de país profundo que es la Patagonia, miran con asombro y también cierto recelo, el tropel de periodistas, dirigentes y hasta punteros políticos que los han invadido, y abandonado con la misma velocidad, desde que estas insólitas elecciones, que se plasmarán finalmente el domingo, tienen fecha.

Colgado del océano Atlántico, a la vera del gran camino, el pueblo que alguna vez vio caminar entre sus callecitas sinuosas al mismísimo Perón, se debate hoy en la incertidumbre de una elección en la que dos caras del partido del General definirán a los dueños de sus destinos por los próximos cuatro años. En Camarones todos les cuentan las costillas a todos, hay pocos secretos bien guardados y nadie le escapa a la crítica. Las piedras que se tiran vuelven rápido y las sospechas se instalan más rápido todavía, así de fácil, y no se olvidan porque las caras se cruzan todo el tiempo.

Un pueblo pacífico, con una fuerza laboral mixtura de pescadores, campesinos y administración pública, ve cómo las distancias se agrandan entre vecinos e incluso, en algunos casos, familias enteras están divididas por las banderas políticas que se plantaron antes del 20 de marzo y se profundizaron después.

Las denuncias vuelan pero nadie las agarra de lleno. “A mí no me consta” es la variable que se utiliza cuando las preguntas llegan. Pero, claro, es “vox populi”. Desde “unos mangos” hasta terrenos con escrituras y alguna mejora, todo pasa por la fantasía gigantesca que se ha instalado en esta complementaria para alquilar balcones en la que, claro, la obra tiene más pinta de tragedia que de comedia.

253 mujeres, algo así como la mitad de todas las que tiene el pueblo con capacidad de votar, le dirán sí a la continuidad -que hoy se impone por dos, solamente dos votos- o transformarán la cadencia de los últimos doce años para situarse en la otra vereda. Desde la edad de cada una de las 253 que repetirán su rutina de sufragio hasta las pertenencias partidarias, todo se pesa en la balanza de las cuentas para hacer cálculos, conjeturas y proyectar los ánimos que habrá este domingo después de las seis de la tarde cuando se conozca el veredicto final.

En los dichos hay todo: chapas, becas, terrenos, planes de empleo, trabajos fijos y hasta metálico constante y sonante, pero en la mirada Camarones aparece como siempre, entre sus casas de piedra y adobe, sus techos a dos aguas, los barcos de pesca que merodean el puerto mínimo y el caminar cansino de los lugareños que parecen tomar la vida con un tiempo más para hacer las cosas.

Habrá que esperar hasta mañana, cuando el sol ya esté en la puja por irse definitivamente, para saber qué hará Camarones, o parte de sus habitantes, con su destino. En la víspera, ya se sabe, nunca hay decisiones determinantes.

(Jornada)
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