El número de despidos a nivel global en el sector petrolero es tan dinámico que no existe una estadística consolidada. La consultora Graves, con base en Houston, estimó que desde que empezó a caer el precio del barril se perdieron en el mundo 196.000 puestos en el sector del petróleo y el gas.
La semana pasada, la estadounidense Chevron anunció que recortará en 7.000 los puestos de empleo en todo el mundo. Primero fueron las firmas de servicios, pero ahora son las productoras las que podan su plantilla. Como un goteo incesante, cientos de personas se quedan en la calle cada semana.
Según publica El Diario de Rio Negro, la cuenta empeora cuando se toman los trabajos indirectos. En el estado de Alberta, Canadá, se perdieron 63.000 puestos de empleo en los últimos ocho meses según estadísticas oficiales. La bella provincia de 3,5 millones de habitantes, que alguna vez el gobernador Jorge Sapag tomó como ejemplo para el desarrollo neuquino, sufrió de lleno el impacto del petróleo en oferta: de los nuevos desempleados, sólo la mitad integra una firma petrolera, el resto son constructores, comerciantes y profesionales que indirectamente estaban vinculados a la actividad.
La caída del crudo impactó en la disminución de equipos. En el último año, según las estadísticas de Baker Hughes, se bajaron del campo 1.392 torres en América del Norte, más de la mitad de las que había hace tres años. Las pérdidas en empresas privadas se cuentan de a miles de millones. Eso sí, las utilidades se pagan al día y los accionistas, aunque preocupados, siguen felices.
El complejo panorama internacional que vive el sector petrolero tiene ramificaciones locales. Sin embargo, el nivel de actividad no cayó, en un caso que bien podría llamarse el «milagro argentino».
